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Tom Felton pasó tres veces por rehabilitación en secreto

Tom Felton credit:Bang Showbiz
Tom Felton credit:Bang Showbiz

La gran mayoría de los actores de Harry Potter consiguieron evitar la maldición que persigue a las estrellas infantiles de cine. Daniel Radcliffe, el protagonista, fue el único que acaparó titulares por su supuesto problema con el alcohol hace mucho tiempo, pero en seguida quedó claro que él no se convertiría en otro juguete roto de la industria cuando recondujo su carrera hacia el teatro y las producciones independientes.

Sin embargo, en secreto Tom Felton también lidió con algo muy parecido por los mismos motivos. Cada vez que se encontraban en un lugar público haciendo algo tan normal como disfrutar de una noche de fiesta con sus amigos, los dos sentían todas las miradas puestas sobre ellos y recurrían a la bebida en busca de una falsa sensación de normalidad.

En su libro de memorias, Felton insiste en que el alcohol no era el problema, sino el síntoma de algo mayor. Según sus cálculos, se tomaba unas cuantas pintas de cerveza a lo largo del día antes de que se pusiera el sol y un trago de whisky con cada una de ellas. La situación llegó a tal punto que sus agentes y su novia de aquel entonces -que también era su mánager- organizaron una intervención en la que participó hasta su abogado. Tom por fin abrió los ojos cuando este último le dijo que había acudido a otras 17 intervenciones a lo largo de su carrera relacionada con el mundo del entretenimiento y que 11 de aquellas personas habían acabado muertas.

Fue entonces cuando ingresó por primera vez en rehabilitación, pero aguantó menos de 24 horas. En el segundo intento le expulsaron del centro después de que le pillaran en la habitación de una chica y al cabo de unos años se dio cuenta de que no estaba bien cuando volvió a sentirse completamente "anestesiado" sin importar lo que estuviera haciendo.

"Puedo decir honestamente que fue una de las decisiones más difíciles que he tenido que tomar", afirma sobre su tercer paso por rehabilitación. "Pero el mero hecho de haber sido capaz de admitir que necesitaba algo de ayuda, y que iba a hacer algo al respecto, fue un momento importante. Ya no me da vergüenza levantar la mano y decir: No estoy bien'".