La verdad innegable: de Alan Parsons a Wham!, una banda de sonido para disfrutar en modo playlist

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George Michael en los días de Wham!
Michael Putland

En una performance descomunal, Mark Ruffalo interpreta a dos hermanos gemelos en la miniserie La verdad innegable (I Know This Much Is True) estrenada por HBO en 2020. Las vidas paralelas y tortuosas de Dominick y Thomas Birdsey son un espejo de los últimos cincuenta años de los Estados Unidos en una adaptación de la novela homónima de Wally Lamb. Las composiciones de piano del minimalista Harold Budd dan el tono dramático de la ficción a la que se suman canciones del catálogo pop que siguen la línea de tiempo de los personajes. Aquí una playlist con las canciones que acompañan el devenir de los Birdsey entre los años 70 y el siglo XXI.

“Time” (The Alan Parsons Project, 1980). No en vano el joven Alan Parsons trabajó detrás de la consola para The Beatles y Pink Floyd. A la hora de su project solista sumaba horas de vuelo en la búsqueda de un sonido y melodías propias. Este “Time” que suena en La verdad innegable no sólo lleva el nombre de un clásico de Dark Side Of The Moon (el disco en el que Parsons está acreditado como ingeniero de sonido) sino que tiene la cadencia morosa que caracteriza a la madre nodriza de la psicodelia. Así parece un out take del clásico hi fi pasado por la máquina de hacer melodías de McCartney y la languidez de George Harrison. Con Eric Woolfson en la voz principal y el líder Parsons en los coros, el aire ingrávido de “Time” anticipa (un poco) a los Flaming Lips.

“Steppin’ Out” (Joe Jackson, 1982). Demasiado músico para la new wave, demasiado pop para el jazz, el inglés Joe Jackson es un artista que merece mayor atención. Es cierto que tuvo su cuarto de hora con el hit “Look Sharp”, pero la inclusión de esta maravilla en el soundtrack de la serie nos recuerda cuánto lo hemos olvidado. Incluida en el álbum Night & Day, su comienzo no puede ser más desconcertante: una rumba que se desvanece para dar paso a un joint venture de jazz y tecno pop muy sofisticado. Sobre una métrica de mecano, Jackson introduce notas de un piano de estilo cocktail y trae aires de jazz en clave pop con la misma destreza que Steely Dan. A repasar su discografía.

“Talking in your sleep” (The Romantics, 1983). Formados un día de San Valentín, The Romantics no habrán tenido la musicalidad ni la fotogenia de The Police pero dejaron uno de los momentos más felices en las radios y las discotecas cuando la música disco cedió paso a la new wave. Compartieron baterista (Clem Burke) con Blondie y si sonaban retro en el rock “What I Like About you”, en este hitazo se despegan de tanto Beatles-Stones-Kinks para captar el pulso de la década en una canción de baile perfecta. El doble golpe de tambor siguiendo el “You tell me that you love me” es indeleble, un meme sonoro. Y ese bajo estirado como chicle globo al final, una bomba en el dancefloor. Si les cabe eso de one hit wonders (grupos de un solo hit) es porque de veras que esta canción es una maravilla.

“Drive” (The Cars, 1984). Una de los hitos de un género no homologado: el inconsciente FM. Quizás haya pasado al olvido con aplicaciones como Shazam, pero había canciones como “Drive” que se conocían sin saber de quién era. Hits que nos llegaron de la radio por ósmosis, como un perfume de la naturaleza artificial creada por la modernidad. Podemos desconocer su intérprete pero la música, la melodía y los arreglos nos son de una familiaridad extraña. “Drive” por The Cars es eso: un masaje de sintetizadores en cascada que dan forma a un cuerpo repatingado en el asiento trasero de un auto. Lo mejor que puede pasar es viajar en un taxi de noche y que suene por sorpresa para envolvernos en su melancolía de plástico y neón. La radio, así, parece hablar al oído: “¿Quién te llevará a casa esta noche?”. La maravilla de Ocasek es haber aislado en 3 minutos con cincuenta y ocho segundos el sentimiento propio de la era de la velocidad de escuchar música sobre ruedas. “Drive” es música sobre cómo escuchamos música cuando nos dejamos llevar por la autopista. Tan universal como el amor será ese sentimiento para que Julio Iglesias le haya querido poner el cuerpo con una versión que el consumo irónico celebra en You Tube.

“Forever Young” (Alphaville, 1984). “Tantas canciones que olvidamos tocar”, se lamenta el cantante Marian Gold en, justo, la canción que lo eternizó en la radio con su banda Alphaville. En ese 1984 el grupo alemán de synth-pop grababa un disco debut homónimo que guardaba otro dardo dirigido al corazón pop: “Big in Japan”. Demasiado para un debut que era euro-pop al cien por ciento, un estilo que se había afirmado en ABBA y que Alphaville actualizaba en clave tecno con un éxito rotundo en toda Escandinavia, los Países Bajos y mercados emergentes como Turquía y Venezuela. Nunca pudieron volver a conseguir nada semejante a esto, pero les alcanzó para que esa intro de cuento de hadas sintético permeara la sensibilidad de una serie dramática más de treinta años después.

“Everything she Wants” (Wham!, 1984). Incluida en el exitoso Make it Big (14 millones de copias vendidas en todo el mundo) a esta muestra de blue eyed soul (soul de ojos azules) le tocó estar en el mismo álbum del que salieron hits globales como “Wake me Up Before You Go-Go” y “Careless Whisper”. El estilo del futuro solista George Michael ya se deja escuchar en esta canción dance montada sobre sintetizadores cuyo sonido hoy resulta arcaico. Lo que permanece, de todos modos, es el rango vocal de Michael, un prodigio de cantante que tiene en este estribillo uno de sus momentos más logrados. Lo acompañaba Andrew Ridgeley, nombre que casi nadie ya recuerda.

“Don’t Dream is Over” (Crowded House, 1986). Nueva Zelanda debió haber sido la última excolonia británica en meter un número uno y lo hizo con esta balada indeleble de Crowded House, el grupo del compositor Neil Finn que incluía miembros australianos en su formación. “Don’t Dream is Over” fue el simple del primer disco de Crowded House con un recordado video neo-surrealista en MTV y el segundo puesto en el Hot 100 de Billboard. La guitarra suspendida en la intro y ese pasaje de órgano antes del solo de guitarra son las marcas de una canción que a Noel Gallagher le hubiera gustado componer. “Don’t Dream is Over” no solo dio la vuelta al mundo en la voz de Finn sino que fue versionada y apropiada una y otra vez. El rap la tomó como sample (“It ain’t Over”, de Classified) y con el nombre de “Alta marea” fue un éxito del cantante italiano Antonello Venditti (una adolescente Angelina Jolie se dejaba ver en el video), luego replicado en clave de salsa. La grabaron Donny Osmond, Paul Young, Faith No More, Fergie y Susan Boyle y fue interpretada por los personajes de las series Glee y Smash.

“Cherish” (Madonna, 1989). Acaso la juventud no fue un invento de la posguerra sino que Shakespeare ya había delineado su contorno en el drama amoroso de Romeo y Julieta del que Madonna tomó nota en el tercer sencillo de Like a Prayer, su cuarto álbum editado al filo de la década que la consagró como estrella pop. “Cherish” tiene un aire ligero, como de doo wop, que contrasta con la gravedad de “Like a Prayer” y su controversial carga religiosa. Es el número perfecto para un musical y su inclusión en uno de los capítulos de esta miniserie crea un perfecto estado de extrañamiento.

“Epic” (Faith No More, 1989). Partes iguales heavy metal, funk y rap trajeron en Faith No More a uno de los anticipos de los primeros 90. Los Red Hot Chilli Peppers les arrebataron la patente después, pero el eclecticismo extremo del grupo de Mike Patton ya estaba en toda la línea en “Epic”, del álbum The Real Thing. La canción empieza con una apertura bombástica de guitarras en celo y se va en un fraseo de piano clásico inesperado. En eso residía la potencia del grupo: podían versionar a Bee Gees o Crowded House y al mismo tiempo sonar con una virulencia demencial. Como si fuera poco tenían el suficiente humor como para no tomarse demasiado en serio nada evitando cualquier sobreactuación.

“On the Sea” (Beach House, 2012). Esta ensoñada canción que se deja oir hacia el final de la miniserie es lo más contemporáneo que se escucha en el soundtrack. Beach House es un dúo formado en Maryland por la tecladista y cantante Victoria Legrand y el guitarrista y multiinstrumentista Alex Scally, con un estilo que retoma el de Cocteau Twins en una genealogía de lo que se suele llamar dream pop: atmósferas etéreas marcadas por capas superpuestas de texturas sonoras que inducen a una agradable somnolencia. Se escucha en Bloom, uno de sus mejores álbumes. Otro de los aciertos de la musicalización de La verdad innegable.