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La viuda de Hugh Hefner desvela los secretos y horrores de su vida en la mansión Playboy

Crystal con su esposo Hugh Hefner en 2014 credit:Bang Showbiz
Crystal con su esposo Hugh Hefner en 2014 credit:Bang Showbiz

Crystal Hefner fue la tercera y última esposa del mítico fundador de la revista Playboy. La pareja se conoció en una fiesta de Halloween en 2008, cuando ella tenía 21 años y él 81, y dos semanas más tarde la joven ya estaba viviendo en la famosa mansión del empresario. Tuvieron que pasar dos años más hasta que Crystal se convirtió en su novia oficial, y finalmente se casaron en 2016 después de romper en una ocasión su compromiso.

A partir de entonces, Crystal interpretó como nadie el papel de esposa devota que encarnaba a la perfección todos los ideales de Playboy, y permaneció al lado de Hefner hasta su muerte en 2017. Incluso protegió su legado tras convertirse en viuda, por motivos que sólo ha explicado ahora.

Esta semana Crystal ha publicado un libro titulado 'Di sólo cosas buenas: Sobrevivir a Playboy y encontrarme a mí misma', que termina de romper el halo de fantasía que envolvió en su día al imperio de Hugh Hefner. En su relato, responde de una vez por todas a la pregunta que rodeó siempre su relación con el empresario: no, no estaba enamorada de él, y no, no disfrutaba en absoluto cuando mantenían relaciones.

De hecho, Crystal desvela que a menudo invitaba a alguna amiga a unírseles para evitar estar a solas con su esposo. Aquellos encuentros eran, en su memoria, una coreografía perfectamente ensayada -

subir a la habitación con varias chicas, ponerse el pijama de seda, bajar la luz, poner música y porno, y fumar marihuana- donde no había cabida para la pasión y la intimidad. Ella, por cierto, asegura que Hefner no era un amante especialmente bueno, y cree que jamás aprendió lo que era dar placer a sus parejas. Porque no tenía que hacerlo.

Por suerte para ella, la intimidad a nivel físico se acabó a partir de 2014 debido al deterioro en la salud de Hefner. Hacia el final de su matrimonio, ella se había convertido en una enfermera que se encargaba de vaciarle el orinal.

La mansión de Playboy en sí misma tampoco era lo que esperaba. Crystal la compara con una casa de una fraternidad universitaria, donde se limpiaba poco y mal, y crecía el moho en las esquinas. Los animales exóticos que se veían en las fiestas también eran una ilusión; en realidad, la mayoría estaban mal cuidados y medio muertos de sed.

En una ocasión, antes de su boda, Crystal logró huir tras engañar a los guardias de seguridad diciéndoles que necesitaba comprar tampones, porque las conejitas rara vez obtenían permiso para salir de la mansión. Ella se mudó con el músico Jordan McGraw, hijo del famoso presentador Dr. Phil McGraw, que se había convertido en su confidente. Empezaron a vivir juntos, pero la relación se volvió demasiado intensa y conflictiva rápidamente, y al final ella regresó junto a Hefner.

Vivir con el empresario implicaba someterse a un control absoluto: nada de piercings en el ombligo, o esmalte de uñas oscuro. Crystal también tenía que teñirse el pelo de rubio con regularidad, aunque el decolorante le quemara el cuello cabelludo, y se puso implantes mamarios, se operó la nariz y se hizo una liposucción. "Era algo tácito, pero estaba muy claro que no había otra opción si quería quedarme".

Irónicamente, Crystal fue una de las 'conejitas' que criticó las memorias de Holly Madison, otra de las novias de Hefner de 2001 a 2008, cuando vieron la luz en 2015 y desvelaron los secretos más oscuros de la mansión. Lo hizo en parte porque su esposo le había hecho prometer que sólo contaría cosas buenas sobre él tras su muerte; de ahí el título de su libro. Sin embargo, la terapia le ayudó a comprender por lo que había pasado, el trauma que había sufrido, y empezó a notar los distintos comportamientos que se repetían en su pasado. Por eso ha decidido romper su silencio, para tratar de ayudar a otras jóvenes, y cree que a pesar de todo, Hefner habría estado de acuerdo.