“Se acabó la función, no estén chingando”: el epitafio (y el ‘testamento’) que dejó Héctor Bonilla

El actor Héctor Bonilla murió a los 83 años rodeado de cariño y con su familia de cerquita después de haber padecido cáncer renal diagnosticado en 2019, informó su hijo Fernando Bonilla.

Según su familia, el actor que protagonizó la película Rojo Amanecer escribió hace años su propio epitafio que decía:

“Se acabó la función, no estén chingando. El que me vio, me vio. No queda nada”.

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Héctor Bonilla fue actor de cine, teatro, televisión, doblaje, narración de documentales y director de escena tanto en películas como en telenovelas.

Además de Rojo Amanecer, es reconocido por telenovelas como Cartas sin destino, Rosa salvaje, La vida en el espejo, Mirada de mujer: el regreso y El señor de los cielos, entre muchas otras.

Aunque fue súper prolífico en la televisión mexicana, el teatro era su gran gran pasión y actuó en más de 100 obras, entre las más destacadas está Madame Butterfly.

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El actor siempre supo que quería ser actor y desde los 15 años empezó a participar en obras escolares en su natal Puebla y luego se mudó a la Ciudad de México para estudiar actuación en la Escuela Nacional de Teatro del INBA. O sea: era un morrito muy decidido.

En 2004 compuso su testamento, y en 2020, durante la pandemia, aprovechó para musicalizarlo con arreglos de Gerardo Matamoros.

Con guitarra y su voz ronca y gastada, Héctor Bonilla cantó “Testamento”, en el que habla de sus hijos Leonor, Sergio y Fernando, y Sofía Álvarez, su esposa.

“Rico que he sido, el más acaudalado por el caudal de amor que he recibido a cambio del amor que les he dado“, dice en su canción en el que toca temas como envejecer, su familia, sus nietos mayores Iliana y Mateo, y lo aprendido en esta vida. “Los que quedamos, sin ningún decoro disimulados nuestro deterioro: una estira su piel a reventarla, otros inflan la pinga pa’mostrarla”.

“Yo vivo de jugar y voy diciendo, yo no soy mi pasado, yo no soy mi futuro: yo estoy siendo. No quise ser el nombre de una esquina, o escusado de pájaros estatua, o la inmortalidad de marquesina, cada vez más estéril y más fatua. Yo me siento inmortal cada mañana, como Santo Tomás, porque me veo en las largas pestañas de mi Iliana y el fruncido entrecejo de Mateo“, dice a lo largo de la canción.