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Más allá de la Dama Dragón y el Kung Fu | La historia de la evolución de la representación asiática en Hollywood

Más allá de la Dama Dragón y el Kung Fu | La historia de la evolución de la representación asiática en Hollywood
Más allá de la Dama Dragón y el Kung Fu | La historia de la evolución de la representación asiática en Hollywood

Ante el reciente auge mediático de narrativas y actores de ascendencia asiática dentro de la industria de Hollywood, parecería apropiado hacer un repaso de su historiografía tanto en la pantalla grande como en la chica. Películas como Locamente Millonarios (93%) y Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos (95%) desencadenaron una avalancha de historias que necesitaban ser contadas a los ojos del Occidente global.

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Sin embargo, esta tarea que atañe a la representación en los medios va de la mano con una problemática inicial que sufren todos los estudios de las culturas asiáticas. Y es que históricamente la percepción desde el exterior hacia la cultura ‘‘asiática‘‘ a menudo pasa por alto la diversidad y complejidad de la región —de manera similar a lo que ocurre en Latinoamérica—, lo que conduce a una comprensión distorsionada del continente y sus pueblos.

Así, tanto en materia de medios de comunicación como de políticas públicas, el concepto de ‘‘toda Asia‘‘ puede conducir a la marginación y exclusión de ciertos grupos —étnicos, religiosos, minorías sexuales o género—, ya que las políticas y decisiones a menudo se basan en una comprensión estrecha de la región. Este hecho es aún más palpable dentro de los márgenes de la representación en los medios de comunicación de la actualidad, particularmente en el cine y la televisión.

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Y una vez más la ficción como legitimación de las normas socioculturales se hace presente. Desde el poema cumbre de la literatura inglesa del siglo XVII, Paradise Lost, el autor John Milton echó mano de las imágenes y el simbolismo de Asia para representar un lugar de exotismo, lujo y sensualidad. De esta manera, Asia queda retratada como una tierra de tentación y seducción, hecho diametralmente opuesto a los mandatos de abnegación y humildad fundamentales en su obra.

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Tanto en esta como en muchas obras con la mirada accidental hacia Oriente se construyó un imaginario que en su tiempo al igual que cualquier otro tipo de ficción era tomado como un retrato literal de estas lejanas tierras. El continente asiático era comúnmente descrito como poblado por reyes ostentosos y tesoros incontables, asimismo la criaturas como las serpientes y los dragones cobraron una connotación negativa asociada a Satanás en la tierra.

Aunque tal como lo señala el investigador Walter S. H. Lim, estas concepciones de ”el otro” como ser malvado en un encuentro de civilizaciones siempre se ha encontrado cargado de una representación que estigmatizaba —y estigmatiza— a las culturas foráneas. El mismo término bárbaro proviene de la incapacidad de griegos y romanos de entender otros lenguajes que calificaban onomatopéyicamente con “ bar-bar”, y más tarde se usó para designar al foráneo o extranjero.

Así llegamos hasta la referencia histórica y literaria de Xerxes, el rey del poderoso Imperio Persa que decidió invadir Grecia. en la tragedia griega de Esquilo, los Persas, tanto Xerxes como el resto de los personajes persas se “reconocen” a sí mismo como el los bárbaros invasores, pero esta no es más que otra legitimación por parte de la ficción para encasillar a estos “otros” como antagonistas naturales de todo lo relativo a la cultura griega de su tiempo.

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Todo este gran intercambio de nociones sobre culturas y civilizaciones se vio reflejado en el transcurso de la historia por medio de nuevas y menos flagrantes vías para barbarizar al otro. Partiendo siempre del hecho de que la historia no es una narrativa lineal progresiva mayor de los casos La era de la globalización moderna también trajo tensiones inevitables con el otro, generando así ansiedad social sobre esta diferencia sociocultural. Pero Más allá de los encuentros con la alteridad, hoy en día siguen existiendo hechos tangibles de cómo mientras por un lado se celebra cierto tipo de éxito en términos de representación mediática la exclusión de algún sector social sigue muy presente.

Este es el caso de Bollywood, que ha surgido como toda una industria cinematográfica con gran poder en todo su territorio y más allá de sus fronteras, particularmente en su región geopolítica, RRR (100%), por ejemplo. No obstante, la inclusión y exclusión de ciertos grupos culturales en Bollywood ha sido objeto de discusión y debate en varias ocasiones, esto debido a que tanto en India como en cualquier otro país del mundo el racismo y el colonialismo se encuentran presentes y activos.

Mientras uno de los principales marcadores culturales en Bollywood es su énfasis en la cultura y los valores tradicionales de la India, este gran aparato mercadotécnico presenta una gran exclusión de ciertos sectores culturales de la región. Además, la industria ha sido criticada por su interpretación de las mujeres, que a menudo se representan como sumisas y carentes de voluntad propia, a lo que se suma el whitewashing de sus personajes, particularmente los femeninos.

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Este accionar quizá pueda resultar familiar en nuestra propia región latinoamericana, donde la representación en medios y narrativas audiovisuales de estándares de belleza —y melanina— son hasta el día de hoy muy cercanos a la nulidad. Los hechos anteriores reflejan que más allá de Hollywood, aún queda mucho trabajo por hacer para garantizar que sea posible reflejar la diversidad de una región o cultura.

En un marco sociocultural enteramente distinto tenemos a otros miembros del continente asiático, quienes en los últimos años han librado una ardua lucha contra la limitada representación histórica en el sur de Asia de minorías sociales. Mientras Corea se debate entre dar paso a una nueva generación con nuevas y más progresistas inquietudes que las generaciones anteriores, todavía afectadas por la guerra, países como Tailandia han decidido dar el paso al frente y mercantilizar la representación sin tabúes ni censuras.

Una vez entendido este contexto, es posible dimensionar las repercusiones mediáticas que la representación de la industria hollywoodense tiene en entornos plurales y tradicionalmente cerrados, pues gracias a la era digital, hoy más que nunca, el contenido proveniente del mercado angloparlante impacta todos los aspectos culturales globales en los que se busca plasmar diversidad.

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La periodista e investigadora Joann Lee realizó un estudio etnográfico sobre la presencia de la cultura asiática en la industria del entretenimiento estadounidense. Esta estereotipada representación ha sufrido una evolución y cuenta con aristas importantes. Lee evidencia la huella histórica de actores blancos maquillados para parecer "asiáticos", como es el caso de Fu Manchu, el súper villano de las novelas policiacas de Sax Rohmer, y Mr. Moto, el agente secreto japonés de las películas basadas en la obra de John P. Marquand.

Este hecho es conocido como whitewashing, y en el caso concreto de personajes asiáticos interpretados por actores caucásicos se le conoce como yellowface, su uso se extendió desde los años cincuenta hasta los ochenta, y muchas estrellas "serie A" cayeron en esta práctica, como Marlon Brando en Tea House of the August Moon en 1956, Shirley MacLaine en Mi dulce geisha de 1962 y Peter Sellers en El diabólico plan del Dr. Fu Manchú en 1980, por nombrar sólo a los más memorables. El autor hace especial énfasis en hacer saber al lector que el casting de no asiáticos en papeles asiáticos persiste en Broadway hasta el día de hoy.

Fue hasta 1990 que la elección de un actor británico para un papel protagónico en la puesta en escena de Broadway, Miss Saigon, provocó la protesta de la comunidad de actores asiático-estadounidenses en contra del racismo institucionalizado dentro de la industria. Aunque este tipo de racismo va de la mano con la violencia y el costo individual que pueden sufrir las personas de ascendencia asiática, en realidad esta clase de discriminación obedece a las barreras institucionales que excluyen, en pasado y presente, a los actores asiáticos de los papeles principales, relegándolos en su mayor parte a extras.

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De este modo, el aspecto más relevante para una mejor representación mediática, o simplemente para su existencia, es sin duda acabar con la falta de oportunidades en este caso de historias y actores asiáticos para desempeñar un papel importante en sus respectivas narrativas. Así, se priorizará vincular a este tipo de personajes con algo más allá de la caracterización específica de una raza, brindándoles la oportunidad de expresar algunos de los aspectos universales del ser humano.

No obstante, siempre será importante saber identificar que, aunque es posible encontrar esos personajes dentro de narrativas más o menos exitosas ya sea en literatura, cine, televisión o teatro, lo cierto es que no necesariamente su existencia como aparente personaje tridimensional recae en lo que se considera verdadera representación cultural y social.

El antropólogo estadounidense Philip H. Herbst realizó un trabajo de investigación extenso sobre todos aquellos señalamientos racistas, utilizados en jerga, códigos lingüísticos o conceptuales para denotar raza, género, religión, sexualidad y demás segmentos sociales comúnmente marginados. En su libro The color of words: an encyclopedic dictionary of ethnic bias, Herbst exhibe conceptos racistas como el de la Dama Dragón el cual rastrea hasta 1973, siendo el estereotipo de una mujer de Asia oriental que la refleja como malvada, engañosa, dominante o enigmática. Se basa en un personaje creado por el dibujante de cómics Milton Caniff, que tenía garras en lugar de dedos, planeaba la venganza y atrajo a los hombres a su perdición con sus cantos de sirena.

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Históricamente, este término despectivo se ha utilizado para describir una representación estereotipada de las mujeres asiáticas en los medios occidentales, y se asocia con personajes femeninos asiáticos que se retratan como astutos, manipuladores y sexualmente agresivos. Estas representaciones provienen de los estereotipos orientalistas que exotizan a las mujeres asiáticas. A pesar de que se desaconseja su uso en el discurso contemporáneo debido a sus connotaciones negativas y asociaciones con el racismo y el sexismo, en 2018 se presentó una clara prueba de su persistencia con la versión de Nagini en Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald (48%), la cual fue fuertemente criticada, entre otras cosas, por esto.

Así también existe la agilización de la figura femenina asiática basada en su exotización y sexualización, tal es el caso del Cerezo Japonés que representa a una mujer japonesa, o mujeres de Asia oriental en general, tan preciadas árboles de los jardines japoneses, lo cual sugiere un juego de palabras sexual. Ambos usos suelen estereotipar a una mujer asiática como alteridad servil con los hombres, sexualmente o de otra manera. Lo mismo sucede con los términos Muñeca China y Geisha.

Mientras tanto, el estereotipo masculino de los personajes asiáticos ha recaído en el luchador de Kung Fu, cuya figura pudo de alguna manera servir como representación asiática en los medios y ser tomada como positiva, no obstante se trata de un tema complejo. Sin embargo, en los medios occidentales el estereotipo del luchador de Kung Fu a menudo retrata a los hombres asiáticos como hipermasculinos, agresivos y exóticos.

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Un claro ejemplo de esta ambigüedad es el mismo Bruce Lee quien se erigió como icono cultural que a la par era excluido de ciertos sectores de la Industria cinematográfica mientras que por el otro era una estrella que movilizaba masas. Su despliegue como maestro de Kung Fu en la década de los setenta introdujo al público general la imagen del artista marcial asiático hipermasculino.

Los críticos del estereotipo del luchador de Kung Fu argumentan que perpetúa estereotipos dañinos y contribuye a la marginación de los hombres asiáticos en la sociedad occidental, de tal manera que un hombre asiático sólo alcanzando este grado de luchador legendario puede liberarse de ser estigmatizado en alteridad. En respuesta a estas críticas, algunos cineastas y actores han tratado de desafiar el estereotipo del luchador de Kung Fu creando representaciones más complejas y matizadas de los hombres asiáticos en los medios.

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Por desgracia, la sociedad asiática es una de los que hasta hace un par de años era mayormente relegada en temas de representación mediática, pese a ir ganando espacios en roles secundarios o menores dentro de las grandes sagas o franquicias hollywoodenses estos no llegaban a ser considerados lo suficientemente profundos o complejos como para realmente aportar a la conversación tanto una construcción humana realista o una muestra que se pusiera al mito del continente asiático como una sola cultura coherente y cohesiva.

Con la llegada de la cinta Locamente Millonarios en 2018, las cosas comenzarían a cambiar. Esta adaptación de la novela de comedia romántica de Kevin Kwan la película retrata, un amplio espectro de personajes masculinos asiáticos que desafían los estereotipos a menudo asociados con los hombres asiáticos en los medios occidentales. Pero esto sucede de manera más evidente con las protagonistas femeninas quiénes llevan un tiempo liderando proyectos exitosos o personajes emblemáticos en diferentes medios.

En primer lugar la protagonista de la cinta era una naciente estrella Constance Wu que llevaba tiempo sobresaliendo con la serie de comedia Los Huang: Un sueño americano, En el papel de una madre arquetípica china, dentro de un elenco coral que si bien de entrada podrían aparentar caer encasillamientos raciales se las arreglaban para darle una vuelta a estas concepciones y presentar una de las mejores series de su corte —y altamente infravalorada por la audiencia.

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Como antagonista a su personaje teníamos a la ya consolidada a Michelle Yeoh que Mantiene un cara a cara con el personaje de Wu que terminaría siendo el centro de la cinta. La protagonista de El Tigre y el Dragón (97%) atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera y estaba dispuesta a demostrar su señorío en papeles alejados de la experta en artes marciales y comodín de la ciencia ficción que se había ganado con creces con una larga carrera tanto en Hollywood como en Hong Kong. No obstante la actriz se ha mostrado orgullosa de este historial cinematográfico y televisivo en donde ya había registrado notas altas de capacidad interpretativa que sin embargo habían quedado relegadas a su público de nicho, probando así una vez más que por una diversa cantidad de factores los estereotipos a las minorías pueden incluso afectar a una carrera con tanto prestigio como la de Yeoh.

Aunque esta fue la punta de lanza de una nueva era de representación asiática en los medios masivos occidentales también existieron otros trabajos que aportaron mucho por este cambio. Así llegó Minari (100%) del 2020 estelarizada por Steven Yeun, una cinta íntima pero igualmente poderosa que retrataba a tres generaciones de una familia coreano americana en busca del sueño americano, misma que fue galardonada y nominada para distintos premios de prestigio. En pasados días ha resonado con fuerza la próxima serie de Yeun junto a Ali Wong, Beef, pues esta comedia oscura ya cuenta con grandes calificaciones de la crítica.

A la par aterrizaba con fuerza el Hallyu —ola coreana—, que terminaría encumbrándose dentro de la industria cinematográfica hollywoodense con el laureado filme Parásitos (100%) del cineasta Bong Joon-ho. Esta sólo sería la puerta de entrada a una nueva tendencia por voltear hacia otras narrativas posibles que que a la par pueden llegar a ser perfectamente rentables. Hasta el momento una serie para HBO de la mano de uno de los creadores de Succession (86%), Adam McKay sigue en marcha, mientras tanto sea hecho público el primer teaser de la cinta de ciencia ficción y filmada totalmente en inglés inglés, Mickey7 dirigida por Bong y protagonizada por Robert Pattinson.

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Finalmente Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos acabaría por amplificar en la cultura pop este efecto dominó, en un ejercicio de representación que alcanzaría a millones de espectadores ajenos a propuestas más enfocadas a audiencias de otros sectores en el mercado. A priori, ese tiempo de cintas prometen un relevo generacional acompañado de intérpretes con amplia experiencia y reconocimiento, lo cual únicamente resulta en un muy positivo aporte en términos de representación mediática.

Pero a todas luces sería el filme Todo en todas partes al mismo tiempo (91%) el que representará un antes y un después en la industria fílmica gracias a una apuesta tan diversa como original, así como emotiva e hilarante. La historia de la cinta también puede servir como alegoría a la representación asiática en los medios, al tiempo que el personaje de Evelyn ha sido relegado a cumplir con un destino ajeno a sus sueños mientras algunas de sus versiones en el multiverso han logrado lo que ella en su carrera pero sólo de manera parcial.

Así, aunque la representación de las culturas asiáticas en los medios de comunicación, particularmente en el cine y la televisión, sigue siendo un tema complejo que requiere una mayor atención y análisis crítico, también es un sector de la industria que actualmente se encuentra en pleno crecimiento. Si estas producciones han desafiado los estereotipos asociados con los asiáticos en los medios occidentales y han ampliado la gama de personajes asiáticos en la pantalla aportando así a la representación de las culturas asiáticas en los medios, aún existen limitaciones y exclusión de ciertos sectores sociales de su región y de la segunda generaciones más allá de sus fronteras.

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