Christian Nodal pierde el piso por la fama (y por Belinda) mientras se diluye su imagen de “artista del pueblo”

Christian Nodal (AP)
Christian Nodal (AP)

Para entender bien los mecanismos de la fama, al menos como se vive en estos tiempos de celebridad instantánea y redes sociales, muchas veces hay que ponerse en los zapatos del famoso en turno, y tratar de ver si en verdad la fama le ha hecho estragos o si todo es solo una exageración de los medios. En el caso de Christian Nodal, que en un tiempo relativamente corto ha alcanzado una fama que raya en lo excesivo, podría decirse que es el punto medio: en parte el joven se creyó el juego y por otro lado, sus allegados, los fans y los medios lo sacan de proporción.

Sin poner jamás en duda el talento de Nodal (es sorprendente que solo tenga 21 años de edad), es claro que la fama va a ser una causa de conflicto para el intérprete; hay antecedentes que muestran a otros jóvenes de otros géneros, no solo el regional mexicano, que han tenido esta clase de oleadas de chismes y situaciones que no solo afectan la imagen; también hacen que se pierda el piso.

Y no es la primera vez que le sucede a Nodal. Basta recordar lo que ocurrió cuando el intérprete de ‘Adiós, Amor’ dio un concierto en Costa Rica, y abusó del alcohol, lo que afectó su actuación, además de que la vergonzosa situación trascendió de manera viral a través de un video en redes sociales, en julio de 2019.

“Soy un joven de 20 años, vengo de la nada, en el show llené un lugar de 15 mil personas en un país que no es el mío, estaba súper emocionado, qué puedo decir, soy un ser humano […] se me pasaron las copas, cosa que no me había pasado”, indicó el cantante en un comunicado en el buscó justificar y explicar su comportamiento. Aún así, la sencillez con la que el de Caborca inició su carrera (y eso de que “vino de la nada” no es verdad: su familia tiene afluencia económica, su padre tiene su propia disquera próspera y su madre, que actualmente está recuperándose de COVID-19, es su mánager y agente), parece quedar cada vez más lejos, especialmente después de su experiencia como coach en “La Voz México” y su comentado, criticado, y muy documentado noviazgo con Belinda, que básicamente es una telenovela de la vida real.

Reportado por todos los medios, este romance (que, para sorpresa de muchos, resultó hasta hoy bastante auténtico y no únicamente un muy conveniente truco publicitario para aumentar los ratings de TV Azteca, como se decía, no sin cinismo, al principio) tiene todos los elementos que le gustan al público: diferencia de clases (aunque, como ya señalamos, eso no es cierto), mundos opuestos (el pop y el regional), lo rústico y lo glamuroso, etcétera. Por supuesto, los fans de ambos bandos aman odiar esta relación: los fans de Belinda lo consideran inferior a ella (en su mayor parte), por motivos meramente clasistas, mientras que los seguidores de Nodal ahora la hacen responsable de los cambios en su personalidad pública (y privada, como lo muestran sus publicaciones de IG), que lo “alejan” del “pueblo” de donde “vino”, haciéndolo más “diferente”.

Tal parece que aquellos que creen que la historia de amor de Romeo y Julieta, tal como la hizo inmortal Shakespeare, es el modelo de la historia de amor juvenil, pero no saben cómo acaba el asunto (spoiler alert: acaba muy mal). Sin embargo, más allá de lo que los fans y/o la prensa rosa/amarilla quiera, los Nodeli (como algunos llaman a la pareja, en imitación chispa de Brangelina, por ejemplo) parece ser genuino, y si no tuvieran esta manía de exhibirse en todos lados, posiblemente sería duradero, pero Belinda siempre ha tenido una adicción a los reflectores y parece haber contagiado a Nodal, resucitando la noción de que se “le subieron los humos”.

Las celebridades hoy en día se hacen y deshacen con facilidad: solo necesitan una cámara, y todos los teléfonos tienen. Claman por el derecho a la intimidad pero irresponsablemente la echan a los cuatro vientos. El que entren en la encrucijada de seguir siendo famosos (y vivir de ello) y tratar de retener algo de privacía, los llevará a ser castigados por “ser estirados y mamones”. Pero son los riesgos de la fama. Los estragos que deja.

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A Belinda esto no solo le gusta; es el único mundo que conoce, es la única manera que tiene para expresarse y comunicarse. Sus fanáticos (que son una horda y son temibles; han pedido la cabeza de muchos periodistas –incluso uno mismo– por escribir verdades que no les gustan, o medias verdades que los ofenden, persiguiéndolos en redes sociales de manera obsesiva) lo mismo la protegen ferozmente. Esto no la beneficia, pero es lo que es.

Nodal viene de otro lado (no de la nada, pero definitivamente de un mundo diferente); su sencillez se ha ido diluyendo conforme se llena de tatuajes. Tal vez se convierta en alguien más: un cantante de éxito, que será famoso, cantará y se moverá como él, se verá como él. Pero ya no será él.

Al tiempo.

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