Anuncios

No tan distintos: Spider-Man y Batman en el cine, sus franquicias, pasos en falso y la vigencia de dos éxitos

Cómo Spider-Man y Batman se convirtieron en los superhéroes que siguen “salvando” al cine
Cómo Spider-Man y Batman se convirtieron en los superhéroes que siguen “salvando” al cine

La llegada de The Batman, y el éxito sostenido de Spider-Man: Sin camino a casa, pone en evidencia la vigencia de dos héroes irrompibles. Con distintos actores o directores, Peter Parker y Bruce Wayne no dejan de ser figuras muy mimadas por la industria y el público. Y si bien uno es de carácter alegre y viste un colorido traje, mientras el otro es sombrío y de gesto adusto, las similitudes entre ellos no son pocas , convirtiéndose ambos en verdaderos íconos que ayudan a comprender quizá como ningún otro el cine y las historias de superhéroes.

Emblemas editoriales

Batman 80
Batman 80


La aparición de Batman en los comics datan de 1939

Cuando Batman nació en 1939, de la mano de Bob Kane y Bill Finger, el cómic de superhéroes estaba en pañales. El héroe de Gotham surgió como un equivalente opuesto a Superman, reflejando un mundo oscuro, desde la perspectiva de un detective cuyo poder era su inteligencia.

Poco tiempo le tomó al personaje convertirse en un ícono de DC, y aunque las ventas no siempre fueron las mejores, la llegada de distintos autores lo confirmó como un protagonista susceptible de recibir todo tipo de enfoques, más maduros o más infantiles, sin perder jamás su mística.

Spider-Man
Spider-Man


Spider-Man

Spider-Man, a pesar de ser un héroe muy distinto, corrió con una suerte similar. El arácnido fue creado por Stan Lee y Steve Ditko en 1962, y marcó un quiebre en la historia del género. El héroe era un joven inexperto, víctima de bullying, y sus mayores problemas no eran derrotar a vistosos villanos, sino contener a su tía mayor y llegar económicamente a fin de mes. A pesar de eso, Peter Parker era un personaje alegre, y los chistes formaban parte de su rutina de combate. Los lectores enseguida empatizaron pronto con él, transformándolo en un éxito editorial, y emblema de Marvel Comics.

En algunas oportunidades, Marvel y DC unieron esfuerzos para publicar historietas que reunieran a ambos personajes.
Captura


En algunas oportunidades, Marvel y DC unieron esfuerzos para publicar historietas que reunieran a ambos personajes. (Captura/)

Ambas editoriales no dudaron en exprimir a sus personajes estrella, y tanto DC como Marvel multiplicaron las revistas mensuales que los tenían como protagonistas. Alrededor de ellos se tejió una familia de atractivos coprotagonistas, intereses románticos y temibles villanos , e incluso compartieron algunas aventuras a través de cruces editoriales. Como era de esperar, esos éxitos de los cómics pronto tuvieron su correlato en otras plataformas. En las últimas décadas, estos personajes protagonizaron películas que dejaron ganancias millonarias, con caminos que tuvieron tantas diferencias como firmes coincidencias.

La prehistoria (en cine) de los héroes

Con el éxito de Batman en boca de todos los niños de la época (en ese momento, un adulto leyendo historietas era impensado), el personaje llegó a los cines a través de dos seriales estrenados en 1943 y en 1949. Primero el Batman de Lewis Wilson, y luego el de Robert Lowery, tienen importantes inconvenientes. En ambos seriales, el justiciero estaba poco desarrollado, no tenía profundidad emocional de ningún tipo, y las tramas se remitían a liquidar algún delincuente de turno (que por regla general, parecía un gánster salido de un film de James Cagney). Sí es interesante que ambas versiones, principalmente la de Lewis Wilson, rescatan el aspecto detectivesco del vigilante, un elemento que si bien en los cómics es clave, en el cine suele ser olvidado.

En 1966, y con el batiéxito del Batman de Adam West en televisión, Fox estrenó un largometraje del encapotado, que no era más que un episodio extra large de la serie. Y aunque el público tiene por West un profundo cariño, lo cierto es que esa versión del héroe poco tiene que ver con la naturaleza que el personaje tiene en los cómics.

Con respecto a Spider-Man, su primer acercamiento al cine también fue poco fiel al material de base. Entre 1977 y 1981, se estrenó una trilogía de películas hechas para televisión (que se emitieron en salas exclusivamente afuera de Estados Unidos), que poco respetaban el folclore del arácnido. El actor Nicholas Hammond se ponía en la piel de Peter Parker, para luchar contra estrafalarias amenazas. Pero la pobreza del guion, la evidente falta de presupuesto y las acartonadas actuaciones, hicieron de este Spidey un rotundo fracaso.

El segundo Spider-Man cinematográfico llegó en 1978, y estuvo basado en una serie televisiva japonesa. A pesar de que este arácnido tampoco tiene mucho que ver con los cómics, su extravagante tratamiento (muy en la línea de ficciones tipo Power Rangers) le da un exótico encanto.

De esta manera, ambos héroes tuvieron formas muy desparejas de debutar en cine, a través de propuestas que no le hacían justicia a las fuentes originales, retocando excesivamente su personalidades, orígenes y galería de aliados y villanos.

Inicios, reinicios y más

Luego del éxito del Superman de Richard Donner en 1978, le tomó poco más de una década a Warner dar luz verde a un film de gran presupuesto dedicado a Batman. El elegido para el proyecto, fue una joven promesa de la industria llamada Tim Burton, cuyo mundo gótico parecía muy afín a las sombrías aventuras del héroe (que por esos años, atravesaba en cómics una etapa de gran madurez gracias a obras como Año Uno, The Cult o El regreso del caballero de la noche).

Desde el primer minuto, se presentó este film como una aventura de elementos oscuros, con una Gotham violenta y un Batman solemne a cargo de Michael Keaton (una interpretación en las antípodas de la versión pop de Adam West). El Guasón de Jack Nicholson y la aparición de Jack Palance, potenciaban esta idea de un film serio, de aspiraciones sólidas sin ser exclusivamente un título para los más pequeños. Cuando el largometraje se estrenó en 1989, la taquilla superó las expectativas, con 250 millones de dólares en ganancias. En 1992, Batman vuelve confirmó el affaire de los espectadores con esta oscura adaptación del justiciero.

En más de un aspecto, las dos Batman de Tim Burton moldearon la lógica de los superhéroes en la pantalla grande, presentados más como atormentados personajes y no tanto como epicentros de coloridas aventuras. Y aunque el negocio era el de vender miles de muñequitos, eso no significaba que la película debía prescindir de una mirada autoral, propuesta por Burton en este caso. Junto a ese dúo de films, el excepcional Batman televisivo interpretado por Kevin Conroy para Batman: la serie animada, reforzaba esa mirada pulp y adulta del encapotado. Pero mientras los noventa comenzaban con Batman instalado como un ícono del cine, la suerte de Spider-Man era muy distinta.

Durante los ochenta y la década posterior, varias productora miraron con interés (pero sin presupuesto) la idea de llevar a Spidey al cine. Finalmente, en 2002 llegó el primer gran film del arácnido, una obra maestra dirigida por Sam Raimi que revitalizaba el folclore de Peter Parker, y su difícil vida como adolescente y como superhéroe. En 2004, la secuela de ese título superó las ganancias de su antecesora, coronándose como la segunda película más vista del año en Estados Unidos, y arañando los ochocientos mil millones de dólares a nivel global. Claro que eso no fue mérito de Spider-Man por el solo peso de su nombre.

Sam Raimi (en el centro) junto a Spider-Man y Mary Jane
Sam Raimi (en el centro) junto a Spider-Man y Mary Jane


Sam Raimi (en el centro) junto a Spider-Man y Mary Jane

En Batman vuelve y en Spider-Man 2, Burton y Raimi respectivamente, se mostraron muy cómodos al momento de dirigir sus secuelas. Burton pudo hacer una película mucho más personal que su antecesora, proponiendo el universo de Gotham como cuna de freaks, y construyendo un villano monstruoso interpretado por Christopher Walken (cuyo nombre, Max Schreck, era la carta de amor definitiva al expresionismo alemán). Raimi también pudo hacer una pieza mucho más autoral en su secuela arácnida, con una puesta muy afín a su estilo, de planos veloces a la Evil Dead y un ácido sentido del humor (todo eso sin mencionar el cameo de Bruce Campbell, marca de agua indiscutida en la obra del realizador).

Sin lugar a dudas, ambas secuelas dejaban en claro que una mirada autoral era la clave del éxito, y que en manos de directores dueños de universos y sensibilidades propias, los superhéroes llegaban a la pantalla atravesados por una mirada que enriquecía sus aventuras.

Pasos en falso y revanchas

Pero la lógica de la industria se impuso, y el Batman de Burton y el Spider-Man de Raimi pronto se degradaron. La tercera entrega del justiciero gótico nunca llegó a materializarse de la mano de su director, y de ese modo entró en escena Joel Schumacher, con una Batman eternamente que tiene algunos aciertos, pero se despega de la mirada de su antecesor. Su cuarta parte, estrenada en 1997 bajo el título Batman y Robin, fue un fiasco que llevó a Warner Bros. a cajonear al héroe durante varios años. En la vereda opuesta, los productores ejercieron una presión insoportable sobre Sam Raimi en Spider-Man 3, forzándolo a incluir villanos y giros que empantanaron el devenir de la trama.

Con el fracaso de Spider-Man 3 y de Batman y Robin, ambas marcas quedaron en el limbo. Una cuarta parte del arácnido y una quinta entrega de Batman suponían un riesgo demasiado grande en Hollywood, y nadie estaba dispuesto a arriesgarse. A partir de ese momento, las franquicias comenzaron un camino muy distinto. Dos nuevas películas de Spidey dirigidas por Marc Webb no dieron buenos resultados, y si bien su calidad de no era necesariamente mala, el público no conectó con la versión de Andrew Garfield.

Pero para Batman, la historia fue muy distinta. A partir del 2005, una joven promesa de la dirección nuevamente se convirtió en el salvador de la franquicia: su nombre era Christopher Nolan. El realizador contaba con un proyecto indie muy exitoso (Memento), cuando le encargaron relanzar al héroe de Gotham. Y la sociedad entre el realizador y Christian Bale fue un acierto total, con tres películas que bebían de los policiales con influencias de Michael Mann y una construcción de villanos más cercanos al terrorismo que a los planes de venganza extravagantes. Y mientras Batman triunfaba y Spider-Man se hundía, el futuro de ambas franquicias dio un nuevo vuelco.

En agosto de 2013, apenas un año después del tercer film de Nolan, trascendió que Ben Affleck tomaría el manto del murciélago. Lamentablemente, la partida de Bale era una herida sin cicatrizar, y Battfleck no tuvo un buen recibimiento entre los espectadores. Sus apariciones fueron en títulos verdaderamente mediocres (Batman versus Superman, Liga de la justicia y un cameo en Escuadrón Suicida), y el público le dio la espalda. Quizá la tragedia es que Affleck sí pudo ser un buen Batman, pero los films en los que trabajó no pudieron exprimir su capacidad.

Por su parte, otra encarnación de Spider-Man debutaba en Capitán América: Civil War. Interpretado por Tom Holland, este nuevo héroe, sus interacciones con Iron Man (Robert Downey Jr.) y el resto del universo Marvel, le supusieron a Spidey un aire fresco y un aplaudido reencuentro con los espectadores.

El futuro de ambas franquicias

El final del 2021y este comienzo del 2022 encuentra a ambos personajes ante un punto y aparte dentro de sus trayectorias en cine. Spider-Man: sin camino a casa, cuyo atractivo fue la vuelta de Andrew Garfield y Tobey Maguire, fue un éxito contundente , atravesado por la emoción y la nostalgia. La posibilidad de una cuarta parte protagonizada por Tom Holland, aún es un interrogante, pero a la vista de las ganancias generadas, no sería una descabellada sorpresa un eventual anuncio al respecto .

Por su parte, el Batman de Robert Pattinson es una promesa de revancha para el murciélago. Con una impronta muy vinculada al noir, el director Matt Reeves propone un universo gótico apagado y de un firme potencial para expandirse (inicialmente, a través de la serie spin-off del Pingüino). El éxito será el que defina el futuro del Battinson, mientras que el propio actor aseguró que está muy entusiasmado ante la posibilidad de hacer una trilogía.

De ese modo, Spider-Man y Batman, con aciertos y errores, se mantienen firmes como marcas rentables, héroes universales que resultan atractivos para los espectadores de cualquier edad y generación. Y a pesar de la naturaleza opuesta de ambos, la riqueza de sus premisas y la posibilidad de reinventarlos desde nuevas ópticas (aunque en esencia, la historia siempre sea la misma), nunca dejará de ser la materia prima para grandes relatos y suculentas taquillas.