Erika Buenfil y el sueño que no ha podido cumplir en sus 50 años de carrera

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Resulta difícil imaginar una etapa de la TV moderna en México de la que Erika Buenfil no haya formado parte. Desde los ocho años de edad — por lo que cumple 50 de carrera, aunque parezca increíble—ha trabajado incansablemente para primero establecerse, y después mantenerse en el gusto del público. Y no es que haya sido fácil o no haya tenido que hacer sacrificios para lograrlo, entre ellos no poder hacer el personaje que toda la vida tuvo la ilusión de interpretar.

MEXICO CITY, MEXICO - MARCH 12: Erika Buenfil poses for a photo during a photocall at Televisa San Angel on March 12, 2020 in Mexico City, Mexico. (Photo by Medios y Media/Getty Images)
Erika Buenfil. (Photo by Medios y Media/Getty Images)

Pero vayamos por partes: Erika comenzó su carrera en su natal Monterrey, Nuevo León, en los programas infantiles 'Festivaleando' y 'La hora de la merienda con Teresita' (su verdadero nombre es Teresa de Jesús) y de este modo se hizo bastante conocida en la localidad, ya que presentaba dibujos animados populares y también segmentos de concurso.

El carisma de la niña la llevó a hacer comerciales en la capital y a los 14 años a integrarse en la telenovela didáctica 'Acompáñame', que protagonizaba Silvia Derbez y que era una co-producción de Televisa y el Consejo Nacional de Población, una institución creada por el gobierno para promover el control de la natalidad. 

De esta primera aparición menor, la regiomontana llamó la atención por su frescura tan singular y su lozanía, lo que la llevó a conseguir más papeles en otros melodramas —incluyendo 'Ambición', su única actuación con su eterna rival, Edith González en 1980 — hasta que Ernesto Alonso la tomó bajo su protección y le dio su primera aparición co-protagónica en 1981 como pareja de Humberto Zurita en 'El derecho de nacer', donde la estrella era Verónica Castro.

Fue más o menos por ese entonces que surgió lo que en la Televisa de ese entonces se conocía como 'La guerra de las rubias', una rivalidad entre Edith (protegida de Valentín Pimstein) y Erika (protegida de Alonso) que se prolongó por años. Edith tuvo su primer protagónico antes que Erika con 'Bianca Vidal' (1982), mientras la Buenfil tuvo un personaje importante en la monumental 'El Maleficio' (1983). Posteriormente protagonizó 'Angélica' con Sergio Goyri, que era una telenovela bastante malita en la cual era asesinada en el último capítulo y por eso es recordada; Edith en cambio hizo 'Sí mi amor', una variación de 'Jane Eyre' a la mexicana a la que no le fue tan bien como a ella le habría gustado.

Finalmente "la guerra de las rubias" terminó cuando Erika se anotó un jonrón con dos interpretaciones en 'Amor en Silencio', la producción de Carla Estrada en la que hacía de madre e hija, una asesinada en presencia de la otra, con una historia de amor que compartía con Omar Fierro (misma que pasó a la vida real, hasta que Omar la cambió por Verónica Castro, nada menos). 

Pero nada de lo que hizo Edith en ese periodo se le acercaba a la fama generada por la Buenfil, quien aprovechó hasta para cantar (cosa que, por el bien de todos, dejó de hacer, pero era tal su capricho que hasta al Festival OTI fue a dar).

Cuando José Rendón decidió realizar en 1993 una nueva versión de 'Corazón salvaje', con Eduardo Palomo y Edith González, le ofreció el papel de la calculadora y malévola Aimée de Molnar a la Buenfil, pero esta no quiso aceptar por tres razones: 1) Ser tercer crédito, acostumbrada a ser primero. 2) Ser una villana, cosa que no quería hacer (como Victoria Ruffo) y 3) Actuar de hermana de Edith. 

Poco después se arrepintió y quiso hacer el papel, pero ya fue demasiado tarde: Ana Colchero ya había firmado y se volvió una estrella gracias a su interpretación, y los bonos de Edith subieron bastante, mientras que los de Erika estuvieron bajos por un rato. 

Sin embargo, siguió cultivando la carrera que tiene hasta ahora con papeles clave en telenovelas como 'Tres mujeres' y 'Amores verdaderos', demostrando que no importa la edad, tiene para todo... aunque sí hay, como decía, un personaje que se le escapó. ¿Cuál fue?

Pues nada menos que la Julieta de Shakespeare, que siempre tuvo la ilusión de encarnar en teatro — donde su trabajo de jovencita fue más limitado, pero en la madurez ha cultivado con gusto— y nunca se le dio, aún si varias veces estuvo cerca de cumplir su sueño, siendo incluso sustituida por Cynthia Klitbo, a finales de los 80, cuando terminó 'Amor en Silencio' y ella estaba más que dispuesta a hacer el papel, pero no pudo. No es que le quede una deuda, pero siempre recuerda con cariño el personaje que no fue, aunque sigue vital y juvenil, por lo que no le faltarán roles que interpretar en los próximos años de su carrera.

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