El gran legado de Carmen Salinas, madre universal y voz de un pueblo que la hizo estrella

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La muerte de Carmen Salinas, a los 82 años de edad, tras sufrir un accidente cerebrovascular masivo, priva al público mexicano de una de sus figuras más queridas en las últimas seis décadas, una mujer extraordinariamente vivaz, que no solo cultivó la celebridad, sino que también buscó siempre ponerla a buen uso para ayudar a los demás.

MEXICO CITY, MEXICO - AUGUST 01: Carmen Salinas smiles during 'Padrisimo Tour Por La Equidad' a series of conferences on LGBT+ inclusion and other social issues at Fiesta Americana Hotel on August 1, 2019 in Mexico City, Mexico. (Photo by Adrián Monroy/Medios y Media/Getty Images)
La inolvidable Carmen Salinas en 2019 en Ciudad de México (Adrián Monroy/Medios y Media/Getty Images)

Para muchos, Carmen era una de las comediantes emblemáticas de una era —los 70 y 80, cuna, esplendor y decadencia del 'Cine de Ficheras'— con numerosas intervenciones en filmes de esta era como 'Bellas de noche', en las que compartió cartel con figuras como Sasha Montenegro y Jorge Rivero. Sin embargo, la actriz era mucho más que eso, y sus acciones cuentan como muestra de ello.

Carmen Salinas Lozano nació el 5 de octubre de 1939 en Torreón, Coahuila, ciudad donde una calle lleva su nombre; fascinada desde niña por la música y el cine, comenzó a participar en concursos para aficionados, además de cantar en sus inicios junto a su hermana Josefina, en la radio. Su inicio en el cine lo hizo como extra adolescente en 1953, en 'Feliz año, amor mío', una comedia estelarizada por Marga López y Arturo de Córdova. Solo aparecía al final, pero estaba tan emocionada, que reunió a toda su familia de Torreón y los invitó al cine cuando la película se estrenó.

Cuál no sería la sorpresa (o chasco, como ella misma contaba, entre risas, ante su inocencia de novata) al encontrarse con que su gran escena había sido cortada de la película y ella no aparecía. Este desencanto, no obstante, no la limitó: al contrario, fue el impulso para lanzarse a perseguir su sueño con más ahínco.

Ese año, llevada a la capital por Carlos Amador (el legendario productor y dueño de la revista Tele Guía, que era a la sazón, marido — y por segunda ocasión— de Marga López) debutó en la televisión por el Canal 4 en un programa de corte familiar en el que cantaba temas de Cri-Crí, y comenzó a hacer imitaciones, lo que fue un gran éxito y la llevó a ser conocida en TV (que entonces era muy diferente) y en radio, donde alcanzó celebridad, mientras que paralelamente se fue preparando tomando clases con grandes maestros de la época, como Seki Sano o Fernando Wagner que veían en la muchacha (porque era una muchacha), que tenía tanto carisma.

Lo cierto es que esto era porque Carmen sentía una pasión por interpretar, ya que no estudió formalmente más allá del tercer año de primaria, debido a la separación de sus padres, aunque con ambos y con todos sus hermanos y medios hermanos (en total son más de una docena), siempre tuvo muy buena relación.

Gracias a su talento para imitar a estrellas de la época como Lucha Villa, Libertad Lamarque, Olga Guillot, Gloria Lasso, Angélica María, Julissa, Queta Garay o Flor Silvestre, logró el reconocimiento del público, y pronto comenzó a encabezar elencos de variedades los centros nocturnos El Patio, Terraza Casino, El Capri, Los Globos, La Fuente y el célebre Quid, que era propiedad de Ernesto Alonso.

Él fue quien la invitó a incorporarse a la televisión como actriz, incorporándola al elenco de 'La Vecindad', una telenovela producida por él; a partir de ahí, Carmelita (que se había casado el 5 de enero de 1956 con Pedro Plascencia y era madre de familia también) fue adquiriendo más experiencia y en 1967 debutó formalmente en una adaptación protagonizada por Ignacio López Tarso de 'La vida inútil de Pito Pérez', célebre novela del autor michoacano José Rubén Romero, que se filmó en locaciones naturales de ese estado; tan alegre resultó la experiencia para la actriz —que, según contaría más adelante, había tenido desde niña el deseo de interpretar personajes dramáticos, al margen de ser graciosa u ocurrente.

De este modo, la Salinas alternaba sus presentaciones personales con su carrera histriónica —obteniendo cada vez más reconocimiento— y con sus intereses: era aficionada muy devota de la Chivas Rayadas del Guadalajara y en numerosas ocasiones hizo públicas apuestas con Manuel 'Loco' Valdéz, que era fan de las Águilas del Club América, por lo que no era inusual que tuvieran que pagar las bromas que se hacían. Otro aspecto que siempre resaltó fue su filia política por el Partido Revolucinario Institucional, a cuyas filas ingresó y del que fue representante como diputada entre 2015 y 2018.

Después de divorciarse de Plascencia en 1972, quien era el pianista de la orquesta de David Hernández, que era la orquesta de planta de el lujoso nightclub El Patio, y de quien se casó muy enamorada (a primera vista, contaba), Carmen se independizó, acabó de criar a sus hijos y se convirtió en estrella de cine, sin lugar a dudas: era lo que más le gustaba hacer y a lo largo de la década trabajó con todos los grandes comediantes de la época: Joaquín García 'Borolas', Alfonso Zayas, Rafael Inclán, Mauricio Garcés, Pedro Weber "Chatanooga" y muchos más que le guardaron un gran respeto y cariño.

En sus propias palabras, doña Carmen hizo de su vida un papalote, una vez divorciada, aseveró, nunca se volvió a casar porque no quiso y nunca anduvo con nadie del medio.

Quizá el golpe más duro que se llevó en su vida Carmen, fue la pérdida de su hijo, Pedro Plascencia Salinas, un trauma terrible, ya que el reconocido compositor solo tenía 36 años cuando falleció en 1993 y la dejó desolada, al punto de que incluso sentenció que dejaba los foros y los escenarios, transida como estaba de dolor. Fue a insistencia de María Rojo que se incorporó a la obra 'Cada quién su vida', arrasando con numerosos reconocimientos de la crítica: posteriormente encabeza el reparto de numerosas puestas en escena de 'Aventurera' y eso terminó por cimentar su carrera en los escenarios.

Fue gracias al apoyo de sus hijas María Eugenia y Jacaranda y su nuera Alicia que pudo irse gradualmente recuperando de esta pérdida, aunque nunca volvió a ser la misma: el peso de la muerte de su hijo le duró hasta el fin de sus días, esto exacerbado después en 2012 por la pérdida de su amigo Juan "Chato" Cejudo, que fuera su colaborador más cercano por casi cuarenta años, pero de esta pérdida resurgió fuerte, con la promesa hecha de cuidar de sus nietas y de su nuera, cosa que cumplió a rajatabla, ya que su hijo no pudo verlas crecer.

La pérdida de Carmen Salinas es un golpe muy duro para la comunidad artística nacional, para sus numerosos admiradores, para sus vecinos de la colonia Verónica Anzures, donde residió por más de 50 años y donde siempre encontraron afecto, empatía, apoyo todos quienes a ella acudieron, ya fuera en busca de ayuda, o de comprensión o de un plato de sopa (de hecho, es famoso su modesto pero popular restaurante 'La casita de las sopas', que ella misma fundó).

Actriz y personaje, voz del pueblo que la hizo estrella, madre universal y generosa como nadie, Carmen Salinas no sufrió antes de morir (entró en coma la noche del 6 de noviembre) y dejó en su familia el mejor legado que puede dejar una artista tan íntegra como ella misma lo fue.

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