Flor Silvestre, la gran estrella que le entregó el alma a su familia y a la música mexicana

Miguel Cane
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A los 90 años falleció en el rancho familiar El Soyate, en Zacatecas, la actriz y cantante de regional mexicano Flor Silvestre, reconocida no solo por su larga carrera como intérprete de temas muy célebres como ‘Échame a mí la culpa’, ‘¡Qué bonito amor!’ y ‘La flor de la canela’, sino también por ser la matriarca del clan Aguilar que incluye a sus hijos Marcela Rubiales, Antonio Aguilar Jr. Y Pepe Aguilar, así como sus nietos, Leonardo y Ángela, que ha sido la gran revelación de la familia para esta generación.

Flor Silvestre. (Photo by Michael Tran/FilmMagic)
Flor Silvestre. (Photo by Michael Tran/FilmMagic)

Nacida Guillermina Jiménez Chabolla el 16 de agosto de 1930 en Salamanca, Guanajuato, era hermana de las cantantes Enriqueta Jiménez ‘La prieta linda’ y Mary Jiménez, y comenzó su carrera siendo muy joven, a los 13 años, después de ver a una orquesta de Mariachi en teatro. Esto fue decisivo para ella, ya que la puso en contacto con su primer promotor, Arturo Blancas, quien la bautizó como Flor Silvestre, un nombre que tomaron del título de una película de Dolores del Río.

Alternando estudios de secretariado con clases de canto, Flor Silvestre fue puliendo su talento natural y para 1950 ya era la ‘headliner’ del célebre centro nocturno El Patio, de Ciudad de México, donde tuvo largas temporadas presentándose ante un público selecto, entre ellos los magnates Emilio Azcárraga Vidaurreta y Gregorio Walerstein, quienes le ofrecieron contratos para cantar en televisión y actuar en cine, donde hizo su debut en la película ‘Primero soy mexicano’, dirigida y escrita por Joaquín Pardavé, en la que era la co-protagonista al lado de Luis Aguilar, ‘el gallo giro’.

Antes de esto, había sido madre, ya que de su primer matrimonio con el argentino Andrés Nieto, tuvo una hija, la cantante y bailarina Dalia Inés, que nació cuando su madre tenía 17 años. Su hija nació en Santa Fe, Argentina, pero fue registrada en el consulado mexicano.

Flor se casó en 1953 con el famoso comentarista de radio y TV Francisco Rubiales, más recordado como ‘Paco Malgesto’, uno de los personajes más influyentes de los medios en aquella época, con quien tuvo dos hijos, Francisco y Marcela – él es un reconocido actor y director de doblaje, mientras que ella alcanzó la fama como cantante vernácula y modelo en los años 70 – y fue madrastra de la hija del matrimonio anterior de Rubiales, Cristina, que es actriz y siempre tuvo una relación cercana y cálida con doña Flor.

De hecho, su carácter jovial, cálido y afectuoso, la hizo ser muy querida tanto por el público como por sus colegas; fue siempre solidaria con sus hermanas y compañeras artistas y buena amiga de sus amigos, pero sobre todo, volcó su amor en el que sería su tercer esposo, Antonio Aguilar, el célebre cantante y actor que había compartido pantalla con Pedro Infante y Silvia Pinal, con quien contrajo nupcias en 1959.

Antonio Aguilar y Flor Silvestre. (Photo by Lawrence K. Ho/Los Angeles Times via Getty Images)
Antonio Aguilar y Flor Silvestre. (Photo by Lawrence K. Ho/Los Angeles Times via Getty Images)

La unión de Flor Silvestre con Antonio Aguilar – que tuvieron dos hijos, Antonio Jr. (1960) y Pepe (1968) – la llevó a ser la estrella más grande de su ámbito: su espectáculo ecuestre se volvió tradicional, y combinó la crianza de sus hijos con las giras intercontinentales y su carrera en el cine en la que alternaba actuaciones con su esposo y una carrera independiente. Esto la llevó a tener un rol importante en ‘Ánimas Trujano’ de Ismael Rodríguez, en la que compartía créditos con el famoso actor japonés Toshiro Mifune, cinta mexicana que fue candidata al Oscar a mejor película extranjera en 1962.

Flor Silvestre será recordada como una intérprete de voz melodiosa y gran entrega en el escenario: conectaba emocionalmente con su público de una manera que pocas intérpretes de ranchero lograban – acaso solo Lola Beltrán o sus hermanas – y esto es algo que transmitió a su nieta, de quien siempre se sintió orgullosa.

Flor Silvestre en 1975. (Photo By John Prieto/The Denver Post via Getty Images)
Flor Silvestre en 1975. (Photo By John Prieto/The Denver Post via Getty Images)

A raíz de la muerte de Antonio Aguilar en 2007, las apariciones públicas de Flor Silvestre fueron disminuyendo, aunque siempre manifestaba su apoyo a sus hijos en sus proyectos – Antonio Jr. es quien se encarga de los espectáculos ecuestres y de jaripeo, mientras Pepe se ha convertido en un intérprete de gran éxito mezclando el pop romántico con el regional mexicano – y en 2012 tuvo una exitosa lucha contra el cáncer de pulmón, del que se recuperó.

En 2015 se estrenó un documental sobre su vida, ‘Flor Silvestre: su destino fue querer’ y al estrenarse en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, la actriz e intérprete habló sobre su vida artística, y las múltiples satisfacciones que ésta le dejó, aunque señaló que siempre consideraría el haber creado una familia tan extensa y al mismo tiempo tan unida, su mayor logro.

La partida de Flor Silvestre deja un hueco que no se podrá llenar en la música mexicana, deja un legado muy grande para su nieta Ángela y, sobre todo, deja a manera de consuelo a quienes la admiraron y la quisieron tanto el saber que está ahora reunida con el hombre que fuera el amor de su vida, quien siempre respetó su carrera y nunca buscó apartarla de ella.

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