¿Por qué genera tanta fascinación el Wandagate?

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Instagram: @mauroicardi

“A ver, poné qué dicen del Wandagate”. Cuando Walter Rizzo, contador de 54 años, lanzó el comentario ayer por la noche en la cena, sus hijas adolescentes lo miraron sorprendidas. “¿Vos?”, le dijo Sofía, de 19. “En el trabajo y en WhatsApp estuvieron todo el día con este tema, quiero ver qué pasó”, se excusó. La escena se repitió durante todo el día en distintos ámbitos. En Twitter, en los chats, en la puerta de la escuela, en los ascensores. Ni siquiera las personas menos afectas a los chismes de la farándula quedaron afuera de la conversación.

La pregunta es por qué genera tanta fascinación el “Wandagate”, tal como se lo bautizó en las redes sociales. Probablemente, explican los especialistas, sea una mezcla de hartazgo de la monotonía del fin de la pandemia, del poco entusiasmo que generan los protagonistas de las próximas elecciones y la angustia por la inflación que se devora los salarios antes de mitad de mes. Por otro lado, la historia tiene elementos que la vuelven atrapante: entrecruza personajes polémicos que ponen en juego valores de una sociedad patriarcal en transición, que no termina de elaborar los nuevos códigos de la fidelidad/infidelidad y que, aunque quiere despegarse de viejos mandatos, sigue juzgando con distinta vara a hombres y a mujeres.

“La historia atrapa porque representa un relato universal y entrecruza valores que hoy más que nunca están en pugna. La familia ideal, el tercero en pugna, el amor verdadero, la fidelidad en las relaciones, tanto de pareja como de amistad, el sexting y el engaño virtual, el patriarcado, el rol que se asigna a hombre y mujeres y sobre todo a mujeres que son madres durante un engaño”, enumera psicóloga Mónica Cruppi, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y especialista en relaciones humanas.

“En definitiva, este drama familiar nos lleva a preguntarnos qué pone hoy en jaque a una pareja, en un momento en que los códigos de fidelidad se están reescribiendo, en el pasaje de una época a otra. El desplazamiento de los significantes en la transición de un siglo a otro, todavía deja ver que muchos valores de la cultura del patriarcado siguen vigentes. Por ejemplo, en esta historia, se juzga más duramente a las mujeres en una infidelidad que a los hombres. Al caso se lo llama Wandagate y no Icardigate. La responsabilidad del hombre frente al engaño se sigue minimizando”, apunta.

“Deberíamos recordar la etimología de la palabra escándalo”, propone el psiquiatra y filósofo José Eduardo Abadi. La palabra escándalo viene del latín, aunque es un préstamo del griego, donde significa trampa interpuesta en un camino, obstáculo que hace caer o que hay que saltar. En latín, significa escollo. Se usaba para nombrar a esas rocas que apenas afloran en el mar pero que hacen encallar y naufragar a los barcos. Después, se la incorporó en un sentido metafórico como un acto o una conducta que hace caer en el mal a otros, explica. “Todavía queda mucho de esto en la forma en que miramos los escándalos”, define Abadi.

“Pero, por otra parte, los personajes de esta historia encarnan la mitología del escándalo. Por buena parte de la sociedad, es visto como el enfrentamiento entre dos mujeres fálicas, seductoras, que se miden a ver quién logra convertir la vida de la otra en un escándalo. El papel de los hombres en esta historia está desdibujado. Casi son víctimas de una lucha entre ellas. Y no es casualidad que la historia involucre a dos parejas mediáticas que en los últimos años pusieron en jaque valores tradicionales sobre la fidelidad en la pareja y la lealtad de las relaciones de amistad. En ese sentido, para el público este nuevo capítulo que une las dos historias tiene el sello de la repetición, de lo ineludible, de la justicia poética”, agrega.

Voyeurismo

“En la espectacularidad del caso y la fascinación de la gente, que lo convierte en tema de conversación obligado, hay mucho de voyeurismo. Mirar la vida del otro, lo que no se debe mostrar nos permite olvidarnos por un rato de lo que ocurre en nuestra realidad, puertas adentro”, dice Abadi.

“Se volvió un tema de conversación casi ineludible. Si estuviéramos en Suecia se comprendería mejor. Pero con los temas dolorosos que nos atraviesan, es llamativo. Es como si operara un punto de fuga. Encerrados en una realidad angustiante, que parece no tener salida, esta historia ofrece una salida. Tiene que ver con el agobio de mucha gente de estos dos años”, apunta Sergio Sinay, especialista en vínculos. “Es como si se buscara una mala más mala realidad”, dice.

“Esta historia nos permite vivir por un rato distraídos de la propia vida. Pero también es una muestra palpable del estado de las relaciones afectivas en este tiempo. De la insoportable levedad, de la banalidad de los vínculos. Del amor líquido. Un tipo de relación que exige satisfacción inmediata o el descarte. Vivimos en el mundo de la ansiedad y la imposibilidad de construir el amor como punto de llegada”, apunta Sinay.

“Los protagonistas de esta historia son apenas emergentes de un modelo de relación muy difundido, donde el compromiso, la responsabilidad, el hacerse cargo, la cooperación física, material y afectiva se dejaron de lado. No hay voluntad para eso. Las relaciones duran lo que el deseo sexual. No van más allá, aunque en el camino quedan hijos y otras personas heridas, consecuencias dolorosas de las que nadie se hace cargo. Quedan así hasta la próxima traición y exhibición. Porque la vidriera del narcisismo hace que esto tenga que ser exhibido. Aparecen como novedad permanente los mensajes privados. Cuando son los mismos protagonistas los filtran. Hay una necesidad de mostrarse para sentir que se existe”, dice.

El caso no solo tuvo gran repercusión en las redes sociales sino que también los medios de países como Italia y Francia se hicieron eco. En las redes, hasta se armaron mapas conceptuales para entender el quién es quién en esta trama y así aparecieron una larga lista de nombres involucrados en relaciones transversales. El propio Benjamín Vicuña, expareja de Eugenia Suárez, a quien se involucra con el futbolista Mauro Icardi, esposo de Wanda Nara, salió a defender a la madre de sus hijos y a denunciar violencia simbólica contra su exmujer en la forma de abordar el tema. La pregunta que surge es cuáles son los nuevos códigos de fidelidad en las relaciones de pareja.

“Son parejas que curiosamente terminan como empezaron. Nacieron de una infidelidad y terminan igual. Pero hay una diferencia entre fidelidad y lealtad. La infidelidad nunca ni ahora ni en otro tiempo, está detonada por un tercero. La infidelidad es una puerta que se abre desde adentro de la pareja. El espacio estaba preparado por la pareja. Pero por otro lado, esas infidelidades hacen que la pareja revea sus contrato y se reencuentre. El engaño puede ser un tropiezo en el camino afectivo de una pareja, que deja cicatriz pero con la que se puede vivir. Depende cómo se trabaja, y de con cuánto fondo cuenta esta pareja en su caja de ahorro afectivo. Al igual que los ahorros que tenemos en el banco, este capital se genera a través de acciones afectivas. Está ahí para una emergencia o para proyectos. La infidelidad es una emergencia. Con ese fondo se puede solventar o no, depende del monto. No pasa eso cuando la infidelidad se convierte en un modo de vida. Porque otra cosa es la deslealtad. La infidelidad no significa el fin de la pareja. Pero la deslealtad es ausentarse del proyecto de vida en común, bajarse unilateralmente. Eso es más grave que la infidelidad”, dice Sinay.

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