Los 4 malos hábitos que seguramente no sabes que te envejecen

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Es natural envejecer, e incluso enriquecedor. Avanzar a lo largo de la vida acumulando experiencias y anécdotas, apreciando las oportunidades que tenemos y compartiendo con otros nuestros aprendizajes es, sin duda, parte de lo que significa estar bien. Sin embargo, mientras mejor estemos, más nos cuidemos, mayor será la calidad de nuestra vida y en consecuencia sentiremos plenitud y bienestar.

Quizás no pensamos en esto cuando nos acostamos en la arena en toda nuestra extensión a disfrutar del sol sin protección. Y es que, además de no protegernos de los rayos UVA y UVB, son muchos los hábitos cotidianos y que lucen como inofensivos los que pueden acelerar el proceso de envejecimiento, dañar nuestra piel y entorpecer el funcionamiento de nuestro organismo.

El descanso de la belleza

Según AARP, organización sin fines de lucro dedicada a generar información y atender necesidades de personas mayores de 50 años, enumera los hábitos que promueven el envejecimiento prematuro y en el primer lugar ubica la falta de descanso.

(Getty Creative)
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Con esto coincide la psicóloga deportiva Gloria Redondo Rincón, quien en una nota publicada por Mejor con Salud, explica que un descanso óptimo depende de dormir el número de horas adecuadas, entre 7 y 9, y destaca que el sueño de calidad se logra con la suma de diferentes factores como evitar el uso de aparatos electrónicos antes de dormir, tener una rutina de acostarse y levantarse, entre otros.

Además, el doctor Philip T. Hagen, de la Clínica Mayo explica que en la medida que envejecemos comenzamos a ver cambios notables en nuestro dormir, como por ejemplo despertarnos con frecuencia, y advierte que la causa podría estar en algún tipo de molestia física como movernos por alguna artículación adolorida, de manera que cuando descansamos debemos procurar hacerlo con buena calidad.

Para ello, el especialista aconseja, entre otras cosas, evitar tomar líquidos hasta dos horas antes de acostarnos; mantener el ambiente lo más oscuro posible; y limitar el consumo de cafeína dentro de las ocho horas previas al momento de irnos a la cama.

Hablando de cafeína

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¡Sí! Lamentablemente para quienes amamos el café, la cafeína en exceso no solo puede causar insomnio, sino que también se le adjudica la deshidratación de la piel. Un estudio publicado en 2014, demostró que la cafeína inhibe la síntesis del colágeno, proteína fundamental en la salud y elasticidad de nuestra piel. No se trata de que dejemos el café, pero sí de que lo tomemos sin exagerar y evitemos añadirle excesos de azúcar y grasas que no aportarán beneficios al organismo.

Otras cosas que consumimos cotidianamente y podrían estimular el envejecimiento son el exceso de sal, las bebidas alcohólicas, los refrescos, los conservantes y los alimentos utraprocesados en general.

Enemigo silencioso

Otro de los hábitos que nos empujan con mayor velocidad hacia el envejecimiento, y no lo notamos hasta que empezamos a sufrir sus consecuencias es el sedentarismo. Muchos confundimos el descanso y una vida tranquila con la falta de movimiento en nuestro cuerpo, y es que pasar por lo menos ocho horas trabajando ante la computadora incide hasta en nuestra salud cardiovascular.

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Ser sendentario es estar mucho tiempo sentado o acostado, no practicar ninguna actividad física y aunque suena como muy suave, muy sencillo y muy inofensivo, tiene graves consecuencias. Según MedlinePlus, publicación de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, entre los riesgos de la vida sedentaria está sufrir de obesidad, presión arterial alta, enfermedades del corazón y diabetes, entre otras, y está relacionado con cáncer, depresión, accidentes cerebrovasculares, y afecta la elasticidad de nuestra piel.

Tratar de llevar a cabo una actividad física diariamente, por lo menos durante 30 minutos, será muy favorable para nuestra salud en general. Levantarnos de la silla por lo menos una vez cada hora; usar siempre las escaleras en lugar del elevador y ponerle intensidad a las labores del hogar, sumará un poco de movimiento a nuestra rutina diaria y nuestro cuerpo lo agradecerá.

El peor de los hábitos

Consumir cigarrillos, en cualquiera de sus formas, es dañino para la salud. Lo advierten sus propios anuncios comerciales. Pero además contribuyen enormemente al envejecimiento general y el deterioro profundo de la piel.

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Consumir tanto el cigarrillo convencional y como los electrónicos provee al organismo de infinidad de sustancias químicas dañinas relacionadas con el cáncer. Además de deteriorar nuestro sistema respiratorio, dañan nuestros tejidos promoviendo la aparición de arrugas y manchas. De hecho, un estudio publicado en el Journal of Investigative Dermatology señala incluso que el daño en la piel es tan profundo -especialmente en los hombres- que divulgarlo podría funcionar como campaña para incentivar a abandonar este hábito.

“Las arrugas pueden ser un motivador más poderoso para ayudar a las personas a dejar de fumar que las consecuencias más mortales de fumar, como el cáncer de pulmón, enfisema, bronquitis crónica, enfermedades cardiovasculares y varios tipos de cáncer”.

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