Música en serie: Los diarios de Andy Warhol, una máquina de pop con raros peinados nuevos

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Andy Warhol
Andy Warhol

Con su voz reconstruida vía AI (Inteligencia Artificial) para la lectura de sus diarios (un compendio de charlas telefónicas entre el padre del pop art y su secretaria Pat Hackett), la serie que Netflix estrenó este mes cumple el sueño de Warhol de convertirse en una máquina. Son seis capítulos que a un tiempo revelan su intimidad y las claves que hicieron que sus estrategias fueran adelantos del siglo XXI. La relación de Warhol con la música pop es simbiótica y va desde sus retratos de Elvis a su rol como instigador de Velvet Underground y su participación activa en el fenómeno de Studio 54 en los días disco. En la serie se pueden escuchar artistas consagrados y de culto que acompañan la enorme influencia del maestro albino en la cultura contemporánea.

“Nature Boy” (Nat King Cole, 1965). “Había una vez un muchacho, un muchacho muy extraño y encantado” musita Cole en la intro de cada uno de los seis capítulos de esta docuserie. Desde que se cuenta su infancia en un hogar inmigrante y humilde en los suburbios de Pittsburgh a su precipitado final en 1987 es la voz de Cole la que guía el relato con esta balada de jazz que parece escrita para él. Lanzada antes como simple, “Nature Boy” tuvo una nueva oportunidad con la muerte de Cole, quien también fue exitoso cantando en español, y fue incluida como apertura de una recopilación homónima. La orquestación es magistral, con un solo de violín que cae en el medio de la radio comercial como una flecha del romanticismo europeo del siglo XIX.

Sticky Fingers, el álbum de los Rolling Stones cuya portada fue diseñada por Warhol
Sticky Fingers, el álbum de los Rolling Stones cuya portada fue diseñada por Warhol


Sticky Fingers, el álbum de los Rolling Stones cuya portada fue diseñada por Warhol

“Moonlight Mile” (The Rolling Stones, 1971). La relación de Warhol con los Stones es conocida por su trabajo como diseñador gráfico del álbum Sticky Fingers, que sigue la línea homoerótica de la tapa del debut de sus Velvet Underground (grupo del que si bien se ven imágenes no suena en la serie). Warhol no fue el diseñador de la lengua stone como a veces se cree, pero su interacción con la banda de rock and roll más grande del mundo (como se los llamaba en los 70) está plasmada en este discazo. “Moonlight Mile” es una elección interesante ya que es una de las canciones que no deberían faltar en una playlist de raros stones. Una suerte de meditación que se expande con energía tántrica sin apelar ni al estribillo ni al riff. También suena “Bitch” (del mismo disco) mientras se ven los retratos de Jagger que Warhol hizo para esa misma época. Las ex Jagger Jerry Hall y Bianca Pérez Mora-Macías también tienen cameos en la serie.

“Dance, Dance, Dance” (Chic, 1977). Uno de los capítulos de la docuserie se lleva los títulos con una actuación de Chic en la televisión de los Estados Unidos. Es el cénit de la música disco reflejado en la reluciente aristocracia de Studio 54, la discoteca madre de todas las discotecas. Warhol participa del festín hedonista de la segunda mitad de los 70 como un consumado rey de la pista de baile. “Dance, Dance, Dance”, la orden del día, le dio a Chic su primer lugar en los charts y define un sonido que terminó vampirizando Daft Punk en el siglo XXI. El ensamblado entre la base rítmica y las cuerdas dan una textura única, capaz de provocar el tipo de escena que Warhol busca reflejar en sus cuadros de pasos de baile.

Bee Gees
Bee Gees


Bee Gees

“How Deep is Your Love?” (The Bee Gees, 1977). Las relaciones personales de Warhol forman una parte nuclear de estos diarios. Sus salidas con un joven ejecutivo de Paramount tienen una secuencia en la costa oeste con una de las baladas más exitosas grabada por los Bee Gees. “How Deep is Your Love?” formó parte de la banda de sonido de Fiebre de sábado por la noche, con la que alcanzó el primer lugar de Billboard en diciembre de 1977 para mantenerse en el Top Ten durante 17 semanas. Está inspirada por el soul clásico de Motown, al que los Gibb consiguen insuflarle todavía más emoción con esas voces que se sobrevienen al oído en cascada.

“V-2 Schneider” (David Bowie, 1978). Si bien la canción “Andy Warhol” (del álbum Hunky Dory) se deja escuchar apenas como fondo en un collage de imagen las elecciones que se hacen del Bowie son menos obvias. Sobre todo este instrumental que abría el lado 2 del álbum Heroes y cuya única letra es la repetición del título (“V2 Schneider”), una construcción oscura entre el nombre de Florian Schneider, fundador de Kraftwerk, y las bombas V2 que Hitler había dejado caer en Londres durante la II Guerra Mundial. También se escucha “Loving the Alien”, más alineado con el estilo yuppie de los 80 en el que Warhol encontró reflejos de su filosofía pragmática.

Russell y Ron Mael, el dúo Sparks, en julio último en Cannes junto a Adam Driver, Simon Helberg, Marion Cotillard y el director Leos Carax  durante la presentación del film musical Annette, creado con composiciones suyas
VALERY HACHE


Russell y Ron Mael, el dúo Sparks, en julio último en Cannes junto a Adam Driver, Simon Helberg, Marion Cotillard y el director Leos Carax durante la presentación del film musical Annette, creado con composiciones suyas (VALERY HACHE/)

“The Number One Song in Heaven” (Sparks, 1979). La docuserie abre la puerta para que suenen artistas que no están en el extremo del radar pop. Tal es el caso de los Sparks, los hermanos Ron y Rusell Mael, un dúo de Los Angeles cuya música teatral y desmesurada es difícil de asociar con esa geografía y estilo de vida. De esta rareza se deja oír apenas la intro que retoma algo del “I Feel Love”, de Donna Summer y Giorgio Moroder, a la vez que anticipa el estilo gélido que tendrían las pistas de baile de mitad de los 80 con New Order y el pos punk tomando el control de la cabina. Algo del estilo hiératico de Ron Mael, el hermano mudo y tecladista, viene de esa supuesta frialdad de máquina de la que Warhol hacía gala. Se podría hablar, en ese sentido, de Sparks como otra de las manifestaciones pos Warhol de la música pop. Unos Queen de culto para ponerlo rápido y (muy) pronto.

Diana Ross
Diana Ross


Diana Ross

“I’m Coming Out” (Diana Ross, 1980). Warhol asiste al consagratorio concierto gratuito que Diana Ross (también conocida como la mujer que Michael Jackson quiso ser y no pudo) da en el Central Park y tiene una de las más deslumbrantes revelaciones estéticas de su vida. Esa imagen de la Princesa Diana afro en un vestido rojo, al que el viento convierte en una especie de pliegue de un monumento neoclásico, lo deja estupefacto. Esa noche Ross reunió a una multitud y cantó bajo una tormenta eléctrica hasta que tuvieron que sacarla casi a la fuerza del escenario. Luego, como toda celebridad, tuvo su retrato pop en manos de Andy. “I’m Coming Out” es la unión de la exSupremes con los cerebros de Chic, quienes le dan su sonido y dinámica a este ícono soul en el cambio de década. El único problema que tiene este hit que entró al Billboard Top 5 es que el comienzo es demasiado bueno y todo lo que transcurre hasta que vuelve a repetirse la frase es casi ocioso en comparación. Lo de “Coming Out” (salir del closet) tiene una doble lectura: por un lado es una referencia a las drag queens (subcultura que obsesionaba a Warhol) que emulaban a la diva en el under gay de Nueva York, pero también hace referencia a la salida de Ross de la tutela de Motown.

A Flock Of Seagulls, en 1982
BBC


A Flock Of Seagulls, en 1982 (BBC/)

“Space Age Love Song” (A Flock of Seagulls, 1981). Warhol entra renovado en los 80 estimulado por los artistas que llegan a la pintura desde el graffiti (Basquiat, Keith Haring) y nuevos medios como MTV que le da un segmento para sus legendarios “15 minutos de fama”. Unos de los grupos olvidados de esa primera camada de video clip y tecno pop son los ingleses A Flock of Seagulls, uno de los grupos que inspiraron a García para escribir aquello de “raros peinados nuevos”. Hay que rebobinar el VHS en You Tube para imaginarse lo que podía ser ver el peinado del cantante y tecladista Mike Score en MTV. Un tocado que mezclaba el rococó de Versalles con Crónicas marcianas y que dejaba al flequillo albino de Warhol como algo natural, cotidiano, casual.

“Shout to the Top” (The Style Council, 1984). Paul Weller apenas tenía veinte años cuando The Jam se convirtió en la banda más popular de Gran Bretaña en la transición del punk a la new wave. Él mismo desactivó la bomba antes de que se volvieran una rutina del entretenimiento para reinventarse como la mitad de The Style Council (uno de los mejores nombres de grupo pop ever) junto al tecladista Mick Talbot. La puesta al día del soul con una instrumentación que revelaba el amor de Weller por el jazz moderno de los 60 los volvió la referencia de un estilo con etiquetas erráticas: soul britannia, blue eyed soul. “Shot to the top” es un compendio de todas las ideas que Weller puso en marcha con este proyecto que duró seis años y cinco álbums que entraron en el Top Ten británico.

“Otis” (The Durutti Column, 1989). Como fondo a algunos pasajes de sus diarios, se escucha este soundscape de guitarras y samples a cargo de The Durutti Column, otra de las bandas de culto que suenan en la serie. Con un nombre robado a la Guerra Civil Española (la columna Durruti era la que formaban los milicianos anarquistas) el grupo fue formado por el guitarrista Vinnie Reilly y los fundadores del sello Factory, convirtiéndose en una suerte de institución pospunk de Manchester. Reilly ha sido el único miembro estable de un grupo que atravesó cuatro décadas fuera del maistream, con discos tan eclécticos como inclasificables.