Matrix, ¿cómo sabes que tu vida es real?

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Matrix, ¿cómo sabes que tu vida es real?
Matrix, ¿cómo sabes que tu vida es real?

“Bienvenido al desierto de lo real”, le dice Morfeo a Neo mientras le muestra por primera vez el mundo tal cual es hoy. En algún punto del siglo XXI, explica Morfeo, la inteligencia artificial que había creado el hombre y de la cual estaba tan ciegamente orgulloso, se volvió contra la raza humana. Tras la rebelión, el ser humano en su lucha contra las máquinas, destruyó el cielo para cortar la fuente de energía solar de éstas. No obstante, las máquinas encontraron la fuente de poder que necesitaban en la bioelectricidad y en el calor que genera el cuerpo humano, ahora las máquinas procesan grandes campos siniestros de cuerpos. Los hombres ya no nacen, se cultivan, dice Morfeo.

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¿Qué es Matrix? Control, un mundo de sueños computarizados para mantenernos controlados y convertirnos en baterías humanas. En Matrix (87%) ya no existimos, sólo somos una imagen residual, la proyección mental de nuestro ser digital. Ahora todo lo que conocemos como “real”, “mundo”, “universo” o “vida”, existe sólo como una simulación neuro-interactiva. Vivimos en un mundo de sueños llamado Matrix.

Neo: ¿Esto, no es real?

Morfeo: ¿Qué es "real"? ¿Cómo defines "real?" Si hablas de lo que puedes sentir, lo que puedes oler, probar y ver, lo "real" son impulsos eléctricos que tu cerebro interpreta.

En esta secuencia, Neo se planteará una de las interrogantes más telúricas de la Filosofía, más aún, es una pregunta que pone en entredicho toda nuestra vida, desde cómo nos concebimos, cómo entendemos el mundo, pasando por preguntarnos por lo que hacemos día con día, los amigos que hemos hecho, y hasta si existe el azul del cielo, la luz del sol o tus dedos tocando el celular. ¿Existe realmente algo que sea “yo”? ¿Existe el mundo realmente? ¿Cómo puedo tener certeza de mí? ¿Estoy despierto o estoy soñando?

En principio, es difícil para cada uno de nosotros dimensionar este tipo de cuestiones, es algo que debe de ser experimentado de primera mano para comprender la pregunta a cabalidad, se puede dar en diferentes etapas de la vida, e incluso en diferentes intensidades; sin embargo, en algún momento, todos nos enfrentamos con la tarea de dudar de nuestra propia existencia. La primera respuesta de la mayoría es bastante intuitiva: ¡claro que existo! Veo todo a mi alrededor, puedo sentir, oler y probar. Morfeo ya nos lo dijo, son sólo impulsos eléctricos que tu cerebro interpreta. Qué tal si para abordar este tema, traemos a colación a René Descartes, un pensador francés del siglo XVII que contribuyó a la Filosofía con sus reflexiones sobre la razón y la verdad.

Descartes, referente de la Filosofía moderna, sobre todo por la nueva supremacía que le dio a la razón a la hora de elaborar los pensamientos, tuvo una de sus más grandes aportaciones con El Método, que no es, sino, una manera de conocer, pero con todo el rigor típico de los procedimientos geométricos.

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Descartes pretendía dudar sobre todo, pero en especial, del “conocimiento” que nos dan nuestros sentidos. Pensaba que sólo aquellas verdades que toleraran la duda metódica podían construir una idea de la realidad tal cual es. Para esto, logró elaborar un método que consta de cuatro reglas:

1. La evidencia. Sólo aceptar como verdadero aquello que se presente como claro y distinto. Lo claro es lo que se presenta a nuestro entendimiento sin intermediarios que puedan conducirnos a error, por ejemplo, las matemáticas. Lo distinto son saberes simples y nítidos que no se puedan confundir.
2. El análisis. Consiste en dividir nuestro objeto de estudio en tantas partes menores como sea posible.
3. La Síntesis. Conducir con orden los pensamientos, comenzando con los objetos más simples hasta llegar los más complejos de manera escalonada, todo con el fin de crear una cadena de razonamientos que ilumine los nexos del conjunto.
4. La Comprobación. Enumerar y revisar todos los pasos.

Entonces, cuando afirmamos que hace calor, que nos duele la espalda, que un beso fue increíble, en realidad, estamos dando por sentado que el conocimiento que nos dan nuestros sentidos es fiable, que es un hecho del mundo. Luego entonces, ¿podemos fiarnos de nuestros sentidos? ¿Qué tal si al final de cuentas son sólo señales eléctricas exteriores, que nuestro cerebro interpreta? Nuestros recuerdos más entrañables de la infancia, nuestro primer concierto, la escuela, todo podría ser una gran y compleja simulación que a lo largo de los años hemos dado por sentado y le hemos llamado vida.

Nuestros sentidos nos engañan, no hay duda. Existen las ilusiones ópticas, el cine mismo es prueba de ello, en sus inicios, se hacían pasar varias imágenes rápidamente para crear la sensación de movimiento. El sol que “vemos” no existe, lo que vemos es la luz con 8 minutos de retraso, que es lo que tarda en recorrer 150 millones de kilómetros del sol a la tierra en promedio. Hay también múltiples formas de arte y colores, además de olores, sabores y distancias que podemos fácilmente confundir. Pero también hay cosas que existen independientemente de si nuestros sentidos pueden percibirlos o no, cómo la radiación electromagnética, las ondas de radiofrecuencia de nuestros smartphones y todas las longitudes de onda de luz que nuestro ojo no puede percibir; de tal manera que los sentidos no pueden ser la fuente fidedigna de todo nuestro conocimiento.

Descartes dirá al respecto que: “Todo lo que hasta ahora he tenido por verdadero y cierto ha llegado a mí por los sentidos; algunas veces he experimentado que los sentidos me engañan y como del que nos engaña una vez no debemos fiarnos, yo no debo fiarme de los sentidos.” (Descartes, René. Discurso del Método. Madrid. Austral-Espasa Calpe. 2010. p. 59).

¿Qué tal si sólo somos un cerebro en una cubeta, conectada a electrodos que nos envían todas las experiencias que hemos tenido a lo largo de nuestra “vida”? De hecho, esto es un experimento imaginario muy popular y ampliamente discutido en la Filosofía, en especial, en una de sus ramas llamada epistemología, cuyo objeto de estudio es el conocimiento. El filósofo Jonathan Dancy, planteó esta teoría con el fin de arrojar luz sobre la idea que tenemos sobre el conocimiento, lo real, la verdad y la propia mente. Textualmente Dancy dice:

No sabemos que no somos cerebros, flotando en el líquido contenido en una cubeta de laboratorio, conectados con un computador que nos provee de las experiencias que tenemos en cada momento y bajo el control de algún técnico/científico inteligente (o bondadoso, o malévolo, dependiendo de los gustos de cada cual). No lo podemos saber porque, en el caso de que lo fuéramos y si el científico tuviera éxito, nada en nuestra experiencia nos revelaría que lo somos. Por hipótesis, nuestras experiencias serían idénticas a las de algo que no fuera un cerebro en una cubeta. Dado que cada uno de nosotros sólo puede apelar a su propia experiencia, y como la experiencia es idéntica en cualquiera de las dos situaciones alternativas, nada hay que pueda revelar cuál de las situaciones es la que de hecho se da.

(Dancy, Jonathan. Introducción a la Epistemología Contemporánea. Madrid. Tecnos. 1993. p. 24).

Pero no nos angustiemos del todo, Descartes podría darnos un poco de consuelo sobre nuestra existencia con unos de sus planteamientos más interesantes: ¿qué pasaría si incluso lo que aceptamos como indubitable también fuera falso, como el caso de las matemáticas? ¿Qué pasaría si un genio maligno juega con nosotros y nos hacen considerar cosas falsas como evidentes? Descartes dice: “Aunque quería pensar que todo era falso, era por fuerza necesario que yo, fuese algo. Pienso, luego soy [existo]. Aceptaré esta verdad irrefutable como el primer principio de la filosofía.” [Cogito ergo sum] (Descartes, René. Discurso del Método. Madrid. Austral-Espasa Calpe. 2010. p. 60). Es decir, si hay “algo” que tiene la capacidad de preguntarse y dudar de todo, incluso de su propia existencia, es necesario que “ese algo” exista como mínimo, de acuerdo con Descartes. Así pues, se propone esta regla como indubitable y principio máximo, de tal manera que a pesar de todo lo que podamos poner en duda, nuestra propia existencia está probada, por lo menos desde el método cartesiano, no obstante, esto deja un gran abanico de preguntas en puerta, que merecen muchas reflexiones.

Dancy, Descartes y Morfeo, nos hacen preguntarnos algo sumamente importante: ¿cómo estamos seguros de que lo que entendemos por real no son sólo sueños, simulacros o algo más? Si alguna vez has tenido la profunda sensación de no saber si estás soñando o estás despierto, tal vez es signo de una falla en la Matrix, tal como le sucede a Neo. No puedes explicarlo, pero lo sientes, hay algo mal en el mundo, como una astilla en tu mente, dice Morfeo. Tal vez la red de simulación neuro-interactiva que entendemos por vida, ha tenido alguna variable fuera de lugar o se está reseteando para un ciclo más. Así como en los videojuegos se encuentran fallas de programación, de ser nuestra realidad una simulación, no sería perfecta y por lo tanto, podríamos encontrar fallas en ella. Sin embargo, no muchos están listos para ser desconectados, están tan habituados al sistema, dependen tan desesperadamente de la Matrix que incluso pelearían para protegerla.

Esto rebasa los límites del cine, en la actualidad, existen miles de personas en todo el mundo que sufren síndromes de despersonalización, en los que sienten como si estuvieran viviendo dentro de una película de la que deben salir, o de un sueño del que deben despertar; algo parecido a lo que ocurre en la cinta El Origen (86%) (Christopher Nolan, 2010). Estos trastornos podrían acabar con la vida de una persona, hasta el punto de llevarla al suicidio.

Es por eso que hay que tener valentía al cuestionar la realidad, no sea que terminemos descubriendo la verdad y no nos guste o que nos rebase. Incluso tú, tal vez sólo estás esperando para despertar. ¿Qué pasaría si pudieras conocer la verdad? ¿Querrías saber a dónde lleva el agujero del conejo? ¿Estás dispuesto a sacrificar todo lo que conoces para saber la verdad? ¿Qué píldora elegirías?

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Fuentes:

Dancy, Jonathan. Introducción a la Epistemología Contemporánea. Madrid. Tecnos. 1993.
Descartes, René. Discurso del Método. Madrid. Austral-Espasa Calpe. 2010.
Matrix (87%). Dirección: Lana Wachowski y Lilly Wachowski. 1999. EU, Australia. 136 min. Producción: Joel Silver. Guión: Lana y Lilly Wachowski. Fotografía: Bill Pope. Música: Don Davis. Productora: Village Roadshow Pictures, Silver Pictures. Distribución: Warner Bros.

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