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My Brilliant Friend: de Raffaella Carrà a lo mejor de los años 60 en Italia, en un soundtrack tan imperdible como su historia

Coproducida por la RAI italiana y HBO, la serie My Brilliant Friend (L’ amica genial, en el original italiano) es una brillante adaptación de Dos Amigas, la saga de la misteriosa autora best seller, Elena Ferrante (sí, la misma de La hija oscura, adaptada también hace poco, en formato película, por Netflix).

Producida por Paolo Sorrentino, la acción se remonta a la primera generación de la posguerra italiana y a una reconstrucción de época puntillosa le corresponde la nueva música propalada por las radios italianas. Así, en las tres temporadas que se pueden ver hasta ahora lo que también hay es un rescate de la canción popular italiana que en los años 60 formaba parte del mapa pop global tanto como los artistas anglo, al menos en países como la Argentina. Esta es, entonces, la banda sonora por detrás del lazo profundo y misterioso entre Elena Greco y Raffaella Cerullo.

“Oho Aha” (Caterina Valente, 1954). La música que acompaña el crecimiento de las protagonistas en la Italia de posguerra tiene un fuerte componente europeo continental sin registrar en los primeros capítulos el inminente fenómeno del rock & roll como danza, música y disparo de largada de la cultura pop. Nacida en París de padres italianos, Caterina Valente es una de las voces de la radio italiana de los 50 que en la serie suena con la cara B de su primer disco simple Chansons D’amour. Muy en la línea del music hall y la comedia musical, Valente fue una estrella transeuropea de la música popular con éxito también en Alemania como una destacada intérprete del schlager.

“Good Golly Miss Molly” (Little Richard, 1957). Lo que podría ser un momento previsible en la musicalizacion de My Brilliant Friend se convierte, por obra de los realizadores, en un hito en esta nueva era de las series. En una fiesta adolescente (lo que se conocía en Argentina como “asalto”) el sonido peninsular se interrumpe con “Ahí viene la plaga”, de Little Richard. Y lo que les pasa a los protagonistas se transmite al otro lado de la(s) pantalla(s): es tal cómo el rock and roll entró en culturas muy diferentes a la norteamericana pero con una vibración común. Los cuerpos cambian de postura y la energía se dispara a un nuevo nivel. Solo verla bailar a Lila alcanza para entender qué fue lo que el rock and roll vino a sacudir.

“Piove-Ciao Ciao Bambina” (Doménico Modugno, 1959). Elegida para representar a Italia en el Festival Eurovision de 1959, este clásico en el repertorio melódico de Doménico Modugno quedó sexto en la competencia que por entonces resultaba estratégica para la industria discográfica europea. Pero Modugno (1928-1994) ya se había consagrado en toda la línea con “Volare” (cuyo nombre es “Nel blu dipinto del blu”) consiguiendo captar la atención de Billboard y el mercado anglo a través del que terminó vendiendo 22 millones de discos, marca récord para un cantante popular italiano. Es probable que “Volare” sea la melodía más representativa de la Italia de posguerra lo que convirtió a Modugno en una figura de la Cineccitá y hasta de la política cuando fue consagrado diputado por el Partido Radical Italiano en 1987 por un período de cinco años.

“Bésame Mucho” (Ray Conniff, 1960). Himno proto-pop de la música latina, el bolero compuesto en 1932 por la pianista Consuelito Velázquez que fue interpretado hasta por Los Beatles en su período de Hamburgo aparece en la serie en el estilo easy listening de la orquesta del popular Ray Coniff (1916-2002). Con sus chicas de tapa y coros en unísono con los vientos que tarareaban la letra sin decir las palabras, Coniff construyó un imperio de jazz comercial a medida de los suburbios florecientes en el tránsito de los 50 a los 60. Pero a no engañarse, lo suyo no fue solo un ambiente musical para las familias de clase media estadounidense sino que se impuso como una forma atenuada de música pop ante la estridencia de los baby boomers en todo el mundo.

“Good Time Baby” (Bobby Rydell, 1961). Otra intromisión anglo en la “ítalo playlist” de la serie inspirada en la narrativa de Elena Ferrante. En ese limbo entre Elvis y Los Beatles, cantantes como Bobby Rydell alimentaron el culto al teen idol con el twist como ritmo de bandera aunque también podían incursionar en la cancióٔn romántica y así es como el joven Rydell tuvo su propia versión de la omnipresente “Volare” (un gesto de la musicalización para marcar que hubo un tiempo en el que el reparto geopolítico del pop era más igualitario). “Good Time Baby” es un fuego y la serie hace bien en recordarnos que estos fueron los hits que inspiraron a estrellas pop italianas como la pequeña gran Rita Pavone.

“Vivere Ancora” (Gino Paoli, 1964). Uno de los autores más interesantes de la “nueva canción italiana” (musica leggera), que tenía que sacarse el peso del bel canto de encima, Paoli formó una de las parejas más emblemáticas de los 60 junto a la gran cantante Ornella Vanoni. Muchas de sus canciones estaban inspiradas en esa relación por la que estuvo a punto de quitarse la vida cuando se pegó un tiro en el corazón . Lejos de los escenarios y del icónico Festival de San Remo hasta bien entrados los 70, la serie cuida su memoria en la radio de la época con esta emotiva balada.

“Zum Zum Zum” (Mina, 1968). Incluida en el álbum Canzonissima 68, esta extrovertida pieza de pop “feliniano” (con ese aire circense) trae a la playlist a una de las figuras más transgresoras de la nueva canción italiana de los 60. Censurada por la RAI por haber quedado embarazada del actor Corrado Pani sin contraer matrimonio, Mina, también conocida como “la tigresa de Cremona”, redobló la apuesta para su regreso. Minifalda y estilo pop, cejas depiladas y maquillaje estrafalario la convirtieron en una de las figuras definitivas de la música italiana. Recluida en Lugano, Suiza, desde fines de los 70, abandonó los escenarios pero nunca el estudio de grabación. Se convirtió así en una figura de culto entre músicos legendarios. Para que le tomen el peso, Sarah Vaughan dijo de ella: “Si no tuviera mi voz querría tener la de una joven cantante italiana llamada Mina”. Y la misma Liza Minelli la llamó “la más grande cantante que existe” .

“Rumore” (Raffaella Carrà:, 1974). Si la música establece un corte de época en la serie es con el sonido de la impetuosa Raffaella Carrà en una playa mediterránea. Las chicas han crecido y este es el sonido de la Italia joven, que conquistaría el corazón argentino en los años inmediatos. Casi disco, cuando el sonido todavía no se había impuesto, hay algo muy glam también en esta Carrà que devino role model de la latinidad europea. “Rumore” fue uno de los simples de su sexto álbum Felicita ta ta cuya tapa la mostraba con una máscara de látex roja. Es la antesala de su fabuloso éxito en España que luego se replicó en Latinoamérica y, en particular, en Argentina donde realizó muchos especiales para la televisión. Sí, eran los años de la dictadura pero ya en 1977 Raffaella había avisado que su corazón y voto estaban con el Partido Comunista italiano.

“Dicintello Vuje” (Alan Sorrenti, 1974). Todo un descubrimiento en el soundtrack de la serie. La voz dramática de Alan Sorrenti forma parte de una camada de artistas italianos que ya no conseguirían la misma proyección en Europa que los de los 50 y 60 (Raffaella, de hecho, expandió su estrella en Iberoamérica). De madre galesa, Sorrenti está más cerca del rock progresivo aunque sin llegar a la compleja estilización de Premiata Forneria Marconi, la banda progresiva más escuchada por fuera de la península. Mantiene la forma de la canción pero tanto la instrumentación como los climas le deben más al rock inglés (Peter Hammil) que a la musica leggera. Esta “Dicintello Vuje” le hubiera quedado muy bien al repertorio acústico de Luca Prodan que salió a la luz tras su muerte en 1987.

“Maria Marí” (Umberto del Prete e Sorrentino’s Band, 2020). En la misma línea del Buena Vista Social Club, el cantante Umberto del Prete reunió a un grupo de veteranos de la canzonetta napolitana para traer al presente un sonido en vías de extinción. Esta música está en las entrañas de la historia, más allá de lo que la época y el mundo hagan con las protagonistas. De Nápoles no se sale nunca. Bien lo supo nuestro Diego que sigue allí replicado en las paredes de la ciudad.