La discriminación empieza en casa

Mujer - Luza Alvarado

De una u otra manera, todos hemos vivido alguna situación de discriminación a causa de estereotipos y prejuicios sociales que circulan en nuestra cultura como si fuesen "normales" o "naturales". Cuando las situaciones de discriminación llegan a niveles inaceptables de injusticia e impunidad, como asesinatos o genocidios de estado, nos preguntamos de dónde viene semejante atrocidad, de dónde la barbarie. La reacción más sencilla es culpar a las instituciones o incluso a los medios de comunicación. Sin embargo, pocas veces nos damos la tarea de ver cómo anda la situación en casa.

El lenguaje de los padres crea estereotipos y prejuicios en sus hijos - iStockphoto

Un estudio, realizado en conjunto por la Universidad de Nueva York y la Universida de Princeton, se enfocó precisamente en cómo surgen los estereotipos y los prejuicios a temprana edad. El estudio puso bajo la lupa el esencialismo social, es decir, la creencia de que ciertas categorías como la raza y el género marcan diferencias innatas —esenciales, permanentes—en la gente y en todo un grupo. El esencialismo social facilita la instalción de ideas como: "si una niña es mala en matemáticas, todas las niñas son malas para las matemáticas" o "porque un miembro de un grupo racial cometió un crimen, todo el grupo racial comparte con él una naturaleza criminal".

Un estudio anterior había revelado que el esencialismo social surge entre los cuatro y los seis años, pero no se tenía claro el proceso que llevaba a la formación de esas creencias. Este estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (aquí el estudio completo) midió qué tan poderoso es el papel del lenguaje genérico (género sexual) en moldear el pensamiento de los niños a partir de creencias esencialistas.

Para entender cómo es transmitido el esencialismo social, las investigadoras plantearon la hipótesis que si los padres afirman los esencialismos ("las niñas usan color rosa", "los niños no lloran"), producen en sus hijos un lenguaje genérico y, por lo tanto, una manera de establecer relaciones sociales a partir de esas ideas.

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En el estudio participaron niños de cuatro años y sus padres. Los investigadores crearon, a través de un libro ilustrado, una categoría ficticia: los "Zarpies". Cada página del libro presentaba una ilustración de una sola persona con una sola actitud o cualidad física. Los modelos usados eran distintos en cuanto a sexo, raza y edad para eliminar la posibilidad de que los esencialismos existentes influyeran en el resultado.

En el primer experimento, los adultos leían el libro dos veces con el niño, después un investigador repetía la acción (con tres días de diferencia en ambos casos). Al escuchar el texto genérico que describía la imagen, llevaba tanto a los niños como a sus padres a desarrollar un estereotipo. Por ejemplo: "Mira, un Zarpie. A los Zarpies no les gustan los helados". En cambio, cuando el texto era específico: "Mira este Zarpie. A este Zarpie no le gusta el helado", la situación se entendió como algo circunstancial o accidental.

El segundo experimento se enfocó en averiguar cómo el esencialismo social es transmitido. La pregunta: ¿pueden los padres transmitir estereotipos en una conversación? Para responderla se hicieron dos grupos. Al primero se le pidió a los padres que describieran a un "Zarpie" reafirmando las creencias esencialistas. Al segundo le solicitaron que no usara creencias esencialistas. Por ejemplo: describe a los Zarpies señalando las semejanzas biológicas y culturales que tienen con otros grupos. Los padres de ambos grupos recibieron un libro ilustrado como en el experimento anterior, pero se eliminó el texto para que hablaran sobre la imagen con su hijo, describiendo las figuras y las acciones representadas, tal y como lo harían en casa.

El resultado: hubo una diferencia notoria entre aquellos que describían a los Zarpies con esencialismos y aquellos que no lo hacían. Aun en el grupo de padres a quienes se les pidió que no hablaran con esencialismos, hubo referencias a cuestiones de género o raza, pero fueron pocas y casi no se emitieron juicios de valor. En cambio, en el otro grupo, cada referencia era una esencialización que propiciaba que tanto padres como hijos hicieran juicios negativos sobre las características de los Zarpies.

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De acuerdo con las autoras, estos estudios muestran que el lenguaje genérico es un mecanismo a través del cual los padres transmiten a sus hijos creencias que tienden a estereotipar y prejuiciar. No es que el lenguaje por sí mismo provoque el pensamiento esencialista, sino que la base cognitiva de los niños los lleva a inferir que algunas categorías especiales reflejan diferencias esenciales, y el lenguaje genérico les otorga las categorías que deben aplicar a esas creencias.

Entender los mecanismos que subyacen en el desarrollo del esencialismo social nos permite intervenir en ese proceso, y tal vez así, reducir los estereotipos y los prejuicios de género que producen la discriminación y la desigualdad. La forma en que nos referimos a un grupo social puede cambiar; rastrear cómo esos cambios influyen en la formacion de esencialismos sociales podría llevarnos a un esfuerzo más efectivo para reducir los prejuicios y vivir en una sociedad más incluyente y equitativa.

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