Cómo ponerles límites razonables a tus hijos sin castigar, premiar ni amenazar

Berna Iskandar
Colaboradora

¡Que no!, que la Crianza Respetuosa no propone ausencia absoluta de límites y normas… no propone a niños que vayan por la vida a la bartola destrozando los estantes de las tiendas, comiéndose toda la caja de dulces, viendo todo el día las pantallas, pegándole al hermanito…

Y es que aunque quisiéramos vivir sin límites ni normas es imposible. Los límites son inherentes a la vida: el día, la noche, los recursos económicos, la fuerza, el tamaño físico, una pared, cuando mi deseo choca con el deseo de otro… con lo cual es imposible vivir pasando de ellos.

También es verdad que existen normas y límites razonables, otros que no; límites y normas que tienen sentido, otros que son arbitrarios; normas y límites que son viables para la edad de cada niño, otros que son desmedidos e incompatibles con sus posibilidades madurativas.

Los padres deben reflexionar acerca de si los límites o normas que les están transmitiendo a sus hijos son arbitrarios o razonables/Getty Creative

Hay maneras de transmitir los límites, estilos parentales, modelos de crianza a través de los cuales comunicamos esas normas. Por un lado nos encontramos con un modelo predominante en nuestra civilización que es el autoritario, basado en la imposición de límites a través del miedo, el adiestramiento y la represión. Por otro lado el modelo que proponemos desde la crianza respetuosa que se basa en relaciones democráticas, en el que respetamos la integridad del niño como persona.

Hay muchas cosas que decir sobre este tema antes de concluir tus hijos lo necesitan porque sí y punto, y además entender que la manera de hacerlo no es quebrando su voluntad con castigos, amenazas, imponiendo órdenes, condicionándolos con premios, como si entrenáramos animalitos incapacitados de razonar.

En resumen, hay muchas preguntas importantes por responder y reflexiones por hacer si queremos educar con respeto y no violencia. La crianza respetuosa sí propone la transmisión de límites razonables, respetuosos con los derechos humanos de los niños.

Reflexionemos sobre cuatro cuestiones importantes:

¿Cuándo transmitimos límites?

No es lo mismo hablar de límites y normas antes o después de la adquisición del lenguaje. Tu hijo o hija estará maduro para comprender e integrar límites y normas razonables progresivamente, -no instantáneamente- a partir de los tres años, pero más hacia los cuatro. No podemos pedir a un niño de dos años que comprenda y mantenga una regla: no se tocan los adornos de la sala, no se trepa en el sofá o en la mesa. Es nuestra obligación asegurar el entorno, ofrecer alternativas posibles, reconocer las necesidades legítimas de los pequeños (en este caso ejercitar su motricidad, explorar, divertirse, etc.) y facilitar entornos seguros para su satisfacción.

Los padres no deben temerles a los cambios. Una mente abierta evita quedarnos atascados en esquemas vencidos y dañinos/Getty Creative

Los adultos tenemos expectativas irreales acerca de lo que podemos o no esperar de cada pequeño. Los tiempos de madurez de los niños (dormir la noche entera sin levantarse, no tocar los adornos de la casa, dejar el pañal, socializar, escolarizarse, comer sentados en la mesa igual o parecido a un adulto...) suelen ser más largos de lo que creemos progenitores y profesionales vinculados con atención a la infancia. Infórmate bien sobre el momento en que tus hijos están preparados para adquirir un hábito, seguir o no una regla, asimilar un límite, antes de introducirlos.

¿Cómo transmitir los límites?

Límites y normas en la crianza respetuosa se transmiten desde relaciones democráticas, de respeto y complacencia. Primero estudiamos si es posible ampliar las posibilidades en lugar de negar de forma sistemática y rotunda el deseo de las criaturas (No puedes ver más pantallas hoy, vamos a jugar juntos, te cuento un cuento, hagamos manualidades, vayamos al parque… ) y si se trata de un límite que no podemos ampliar y por tanto no podemos complacer (nos podemos ir al parque, se ha hecho tarde) privilegiamos la conexión empática aceptando y acompañando la molestia y la frustración de los hijos (entiendo tu enfado pero no podíamos quedarnos más tiempo por…)

No necesitas castigar, premiar, amenazar. Con llevarte a tu hijo a casa es suficiente. Nuestros hijos podrían sobrellevar una cantidad de límites y normas razonables, viables para su edad, pero nunca la falta de amor y de empatía de sus padres.

La crianza respetuosa no está en contra de las “rutinas”. Fluir en secuencias naturales con los bioritmos de los niños mientras se van adquiriendo ciertas rutinas viables, de manera amable, puede aportarles predictibilidad y seguridad. Una cosa es que progresivamente, día tras día con consistencia, habitúes a tus niños a dormir a una hora determinada, bajando los estímulos, la actividad y las prisas en casa (apagamos luces, la tele, ralentizarnos el ritmo, damos a los pequeños un baño relajante, un masaje, contamos un cuento, rezamos o meditamos antes de irnos todos a dormir…) Otra muy distinta introducirlos a la fuerza, dejándolos llorar, empujando, obligando a los niños a dormir en solitario, provocando sufrimiento estéril y angustia.

Las rutinas pueden aportarles seguridad a tus hijos/Getty Creative

¿Por qué son necesarios los límites?

La respuesta a esta pregunta te ayudará a reconocer si ese límite o esa norma que has elegido transmitir es arbitraria o es razonable. Por ejemplo, ¿por qué o para qué eliges transmitir un límite o una norma? Reflexiona sobre las razones por la cuales los estableces: ¿Lo haces para satisfacer tu propia necesidad, prioridad y comodidad adulta? ¿No estás dispuesta a tolerar los despertares nocturnos frecuentes de tu bebé o de tu hijo de dos, tres, cuatro años ni atender sus necesidades porque quieres dormir la noche entera sin que te moleste y entonces lo fuerzas a dormir de un tirón pasando angustia y miedo?

Límites y normas se introducen para beneficio del desarrollo saludable de las criaturas. No se trata de quebrar la voluntad ni de conquistar el confort de tu hijo. Se trata de acompañarlo amorosamente a integrar los límites RAZONABLES de la convivencia.

¿Qué cosas se limitan y cuáles no?

Las necesidades básicas e instintivas, aquellas con las que nace un ser humano, no importa si fue hace 50,000 años en África o 400 años antes de Cristo en el Tíbet o esta semana en Manhattan o dentro de un mes en México DF… nunca se limitan. Son necesidades que parte de nuestro patrón biológico, inmodificables por la cultura… Estas necesidades pueden ser físicas o emocionales.

Las necesidades básicas de orden físico como hambre, frío, molestia o dolor en el cuerpo, casi siempre se aceptan y se satisfacen sin mayores problemas porque son visibles y concretas. En cambio las necesidades de orden emocional o afectivo (contacto corporal, permanencia de la madre, de ser mirados, tomados en cuenta, nombrados, acompañados…) a menudo no se entienden como necesidades incuestionables. Sin embargo nunca deben limitarse. El amor nunca se limita.

¿Entonces qué es lo que sí se limita? Las necesidades de consumo, esas que el ser humano creó a través de la cultura, como ver pantallas, comer chucherías, comprar muchos juguetes. También se limitan las acciones que ponen en riesgo la salud y la integridad de tu hijo y a otros.

Siempre es saludable estar dispuesto a encontrar nuevas formas de criar y educar a los niños a tu cargo. Recuerda que la vida es transformación constante. No te quedes atascado o atascada en esquemas vencidos y dañinos. Sé valiente, abre tu mente. No le temas al cambio.

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Berna Iskandar es divulgadora y asesora de crianza alternativa.

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