"El silencio de los inocentes": el monstruo que revivió a Anthony Hopkins y cambió para siempre el cine de terror

Había una vez una joven aspirante a agente del FBI en Quantico llamada Clarice Starling. Un día, en medio de una crisis de crímenes seriales, su jefe la mandó a entrevistar a un célebre y muy educado psiquiatra caníbal llamado Hannibal Lecter, que se portó encantador (y monstruoso) con ella. Lo que sucedió después, se convirtió en una leyenda siniestra e inolvidable.

El 14 de febrero se cumplen 30 años del estreno de ‘The Silence of the Lambs’ (conocida en América Latina como ‘El silencio de los inocentes’), una película dirigida por el recordado director Jonathan Demme, basada en una novela de Thomas Harris, y protagonizada por Jodie Foster, Anthony Hopkins y Scott Glenn. Cuando llegó a las salas, aunque el libro se había vendido muy bien, no se esperaba mucho de ella, debido a la reacción adversa del público a la temática de la trama, tan violenta y gráfica. Cuando se convirtió en uno de los grandes éxitos del año de 1991, tanto de crítica como de taquilla, la manera de consumir contenidos había comenzado a cambiar para siempre.

Para Demme (que falleció en 2017) no fue fácil levantar el proyecto, precisamente por su naturaleza. Michelle Pfeiffer, con quien había trabajado en la exitosa comedia ‘Casada con la mafia’, fue su primera opción para encarnar a Clarice Starling. Años más tarde, Pfeiffer recordaría que “[Clarice] era el personaje más interesante y bien escrito que había leído en muchos años. Tenía una calidad humana estremecedora. Pero la violencia era demasiado para mí en ese momento. Me asusté leyendo el guión. No me arrepiento de haberla rechazado, pero es algo en lo que a veces pienso: ¿y qué tal si hubiera...? Pero estaba paralizada de terror cuando la terminé de leer”.

Demme se entrevistó con otras actrices como Melanie Griffith, Daryl Hannah, Annabeth Gish (de ‘The Haunting of Hill House’), Sarah Jessica Parker, Virginia Madsen y Jennifer Connelly — que en ese momento tenía una edad más cercana a la del personaje en el libro —, hasta que alguien le sugirió a Jodie Foster. Él no la había considerado, aunque era dos veces nominada al Oscar, por ‘Taxi Driver’ (cuando solo tenía 13 años) y ‘The Accused’, por la que había ganado la presea en 1989, pero de pronto se encontró con algo que no había contemplado: la posibilidad de que Foster le diera la vulnerabilidad y la fuerza que el personaje requería.

Jodie Foster en el set de "The Silence of the Lambs" en 1991. (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)
Jodie Foster en el set de "The Silence of the Lambs" en 1991. (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)

Además había otro elemento que jugaba a su favor: a Foster no le daba ascos la temática y activamente quería el papel, por el que recibiría su segundo Oscar a la mejor actriz y se volvería auténticamente icónica más allá del rol de prostituta adolescente que hiciera para Martin Scorsese en 1976.

Para el rol de Hannibal Lecter hubo otra búsqueda. Ya había sido encarnado por Brian Cox en ‘Manhunter’, de Michael Mann, que fue la adaptación de ‘Dragón Rojo’ (publicada en 1981), la novela que presentaba por primera vez al carismático genio del mal con una debilidad por cocinar vísceras humanas con fabes y un buen Chianti.

Demme no consideró a Cox, pero sí a otros actores, en una gama que iba desde Gene Hackman (que en un principio había querido comprar los derechos del libro en 1988 para dirigir él, pero desistió) y George C. Scott (inolvidable como el general Patton), hasta el complicadísimo actor alemán Klaus Kinski, con el que se llegó a entrevistar, pero lo encontró ya muy deteriorado física y mentalmente. Finalmente, cerró sus opciones a dos actores británicos: el nominado al Oscar Alan Bates (estrella en ‘Zorba el griego’, ‘Gosford Park’) y un muy respetado histrión llamado Anthony Hopkins, quien después de más de dos décadas actuando, estaba considerando el retiro, ante la sequía de papeles que lo motivaran a seguir.

Anthony Hopkins y Jodie Foster en el set de "he Silence of the Lambs" en 1991. (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)
Anthony Hopkins y Jodie Foster en el set de "he Silence of the Lambs" en 1991. (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)

Ahora bien, esta fue un arma de dos filos para Hopkins, quien aceptó el papel con gusto y lo dio todo: desde la voz (una inquietante mezcla entre las particulares inflexiones de Katharine Hepburn y Truman Capote), hasta el hecho de no parpadear nunca al estar en cámara. Obtuvo fama, fortuna y un Oscar como mejor actor, así como una carrera revitalizada.

El problema vino en que todo el mundo esperaba que repitiera el truco de ser Lecter una y otra vez — de hecho, lo repetiría en ‘Hannibal’, la bastante pobre secuela que dirigió Ridley Scott en el 2000, en la que Julianne Moore sustituyó sin mucha suerte a la Foster, y en ‘Dragón Rojo’, una precuela de mejor calidad, con Edward Norton como el agente Will Graham y un elenco multiestelar que incluía a Ralph Fiennes, la magistral Emily Watson, Mary-Louise Parker y hasta la voz de Ellen Burstyn — y pronto se encontró encasillado, como le pasó en su momento a Anthony Perkins después de hacer ‘Psicosis’ para Alfred Hitchcock.

¿Qué fue lo que hizo que ‘The Silence of the Lambs’ tuviera tanto éxito y se ganara el cariño y devoción de generaciones enteras? Hay muchos elementos que lo explican: en primer lugar, Hopkins consigue que, de algún modo, el público simpatice con el monstruo. Por otro lado, Clarice Starling es una heroína que, como Ellen Ripley (Sigourney Weaver en la saga ‘Alien’), no necesita de un hombre para defenderse, que encara el horror a costa de su vida y emerge herida pero empoderada tras su embate contra Buffalo Bill (el magnífico Ted Levine, que fue eclipsado por su personaje), el sádico feminicida que deshollaba a sus víctimas para hacer una nueva piel.

Jodie Foster, Anthony Hopkins y Jonathan Demme en la ceremonia de los Oscars en 1992. (Photo by The LIFE Picture Collection via Getty Images)
Jodie Foster, Anthony Hopkins y Jonathan Demme en la ceremonia de los Oscars en 1992. (Photo by The LIFE Picture Collection via Getty Images)

En consecuencia, surgieron numerosos sucedáneos de la película, que en 1992 arrasó con las principales categorías de los premios de la Academia, que buscaban replicar el éxito ya no solo literario, sino masivo, de la historia concebida por Harris. De este modo aparecieron películas como ‘El coleccionista de huesos’, que seguían a agentes de la ley en persecución de asesinos en serie. Y el propio Lecter se convirtió en figura de la pantalla chica, más allá de las películas con Hopkins.

El actor danés Mads Mikkelsen fue invitado por Brian Fuller para ser Lecter en las tres temporadas de ‘Hannibal’, en la que él, junto con Hugh Dancy, Laurence Fishburne y Gillian Anderson narró nuevas aventuras del encantador caníbal gourmet que ocurrían al margen de la trama de la película, por una cuestión de derechos de autor. (Anderson irónicamente fue una de las actrices consideradas por Scott y Dino de Laurentiis para encarnar a Clarice en lugar de Foster cuando ésta rechazó participar en la secuela porque en el libro, que fue escrito a la fuerza por Harris para cumplir un contrato, Clarice Starling repentinamente cambiaba de ser el personaje que era para ser una inepta) .

Esto mismo es lo que hace que la nueva y muy anticipada serie de TV ‘Clarice’, que se estrena el 11 de febrero en la plataforma digital de CBS — en Latinoamérica será estrenada en Amazon Prime próximamente—, protagonizada por la actriz australiana Rebecca Breeds, no pueda hacer ninguna alusión al personaje de Lecter, pero cuenta las experiencias de Starling en su primer año como agente del FBI, bajo la protección de la senadora Ruth Martin, a cuya hija, Catherine, rescató del cautiverio de Buffalo Bill.

Hay polémica al respecto de esta serie, creada por Alex Kurtzman (que resucitó ‘Hawaii 5-0’ y es colaborador de J.J. Abrams) y Jenny Lumet (que colaboró con Demme en ‘Rachel Getting Married’) ya que el peso de la interpretación de Foster es mucho, pero habrá que esperar a ver capítulos de la serie antes de juzgarla.

Solo una cosa permanece como una verdad inamovible. ‘The Silence of the Lambs’ es una de esas películas populares que, sin proponérselo — como ‘El Padrino’, ‘Rosemary’s Baby’, ‘El Exorcista’ o ‘2001: Odisea del espacio’ — cambian por completo los gustos y percepciones de los espectadores y al hacerlo, de una manera tal vez involuntaria, pero indiscutible, se convierten en una auténtica obra de arte y una pieza indispensable en la historia de la cultura pop.

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