La razón por la que 'Exatlón' atrapa a un México sedentario, como si se tratara de un cuento de hadas

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POR | Luis Moreno-. ¿Cómo es que un reality show dedicado a la competencia deportiva de alto rendimiento ha resultado un bombazo en un país como México que figura como uno de los de mayor índice de obesidad y sedentarios del mundo?, un ranking que publicó la BBC posicionó a los mexicanos en el segundo puesto de obesidad.

Por su propia naturaleza, en primera instancia, “Exatlón” (México) parece tener los ingredientes para constituir un fracaso, pero al contrario, ha sido todo un éxito rotundo. Tal vez la clave secreta está precisamente en esa paradoja: el contraste entre los concursantes y el público es lo que hace del programa conducido por Antonio Rosique una fórmula imbatible en la programación nacional, que lo ha mantenido durante tres años en el top 10 de los shows más vistos en el país, con ratings que rozan los dos millones de televidentes.

Las transmisiones de Exatlón empezaron en 2017 en una coyuntura particular de la televisión mexicana, sumida por entonces en la intrascendencia y una desconexión con las masas. Los programas de baile y canto habían entrado en un desgaste, pese que alguna vez fueron el plato fuerte de los fines de semana de la pantalla chica. En ese contexto un concepto deportivo resultó un soplo de aire fresco.

Si el público mexicano estaba acostumbrado a permanecer sentado y en su vida diaria el ejercicio resultaba complicado de realizar debido a las ocupaciones y a la falta de tiempo y espacio; tener de pronto un programa en el que deportistas famosos rompían marcas a contrarreloj y se sometían a pruebas junto a un grupo de desconocidos, se volvió un estímulo, un espectáculo fascinante en el que el beneficio de la actividad física se podía disfrutar en tercera persona: desde la comodidad del sillón.

Lo aspiracional representa parte de esta gran conexión entre la propuesta y el espectador. Y también se ha convertido en un ejemplo para que más de un admirador se compre unos tenis y empiece a cambiar sus hábitos de vida. En algún momento todos soñamos en ser deportistas, pero finalmente las circunstancias nos llevaron a otro lado. “Exatlón”, de algún modo, llena ese vacío.

El formato del programa en sus cuatro temporadas es sencillo y complejo a la vez. En esencia, se dedica algo que está incrustado en la psique humana: la necesidad de competencia. Tener equipos divididos en colores tan elementales como el azul y el rojo hace que de inmediato se tome partido por uno u otro de los competidores. Así, cada etapa y cada segmento es un remolino de vértigo e intensidad. Como unos juegos olímpicos a nivel local que se renuevan cada día, porque el programa ocupa una parte importante de la barra programática de Azteca Uno, pues se transmite de lunes a jueves de las 19:30 a las 22:30 horas y los domingos de 19:30 a 23:00 horas, 15 horas y media de programación semanal, hoy día, una proeza para cualquier programa.

“Exatlón” conquista lo mismo al público de la tercera edad que a los más jóvenes. Desde los niños que sueñan con ser atletas hasta los abuelitos que no pudieron cumplir con ese cometido pero que ahora lo vislumbran a través de un intermediario: su concursante favorito.

El asunto de la temporalidad también ha sido un acierto por parte de la producción. Si bien la función estelar llega el domingo con las expulsiones, de lunes a jueves hay un seguimiento que permite que la gente se familiarice con los competidores. No solo los vemos correr y saltar, tenemos acceso a sus conversaciones y planes. Es posible encariñarse con ellos mientras se disfrutan los escenarios en los que se encuentran. “Exatlón” es el polo opuesto a la cotidianidad urbana, llena de comida chatarra, tránsito vehicular y contaminación visual por doquier.

La elección de Antonio Rosique como conductor ha resultado muy afortunada, tiene sentido, ya que su voz está curtida en las narraciones de partidos de futbol, por lo que sabe capturar la épica de las hazañas del esfuerzo humano.

Cada emisión de “Exatlón” se vuelve trending topic en Twitter y los buscadores muestran la avidez de información que hay por su formato. En este punto en el que la televisión parece condenada al olvido, se ha consolidado como uno de los últimos refugios de la tradición. El concurso es el último eslabón de una serie de éxitos conseguidos por TV Azteca en lo que refiere a realities deportivos, como antes fueron “La isla” y “Conquistadores del fin del mundo”.

El éxito de “Exatlón”, desde luego, se extiende a Internet. Tan solo el canal oficial en youtube acumula más de 670 millones de reproducciones y casi dos millones de suscriptores, eso sin contar las centenas de clips subidas por el público general.

Los concursos requieren de un buen número de aditamentos, pero todos ellos parecen cercanos y al alcance de la mano: llantas, canastas, pelotas. El ingenio no tiene límite y por ello todo lo que está ahí luce cercano, aunque al mismo tiempo es notable la inversión que TV Azteca pone en la mesa, sin escatimar gastos aun en tiempos de crisis.

La cuarta temporada además ha explotado una narrativa casi mitológica que lleva la experiencia a otro nivel. El concepto de Titanes vs. Héroes, en donde seres en apariencia invencibles, representados por deportistas profesionales como la gimnasta Ana Lago, el futbolista Patricio Araujo, el canoista Heliud Pulido o la velocista Zudikey Rodríguez, son retados por los aspirantes, hombres y mujeres “normales”, da cuenta de que en el fondo seguimos disfrutando de las leyendas y cuentos de hadas, ya sea posicionándonos con el admirado más fuerte o, poniéndonos del lado del retador que se parece más a nosotros. La derrota de ellos se vive casi como si fuera propia. Algo parecido a lo que pasa con deportes como el futbol o el baloncesto.

Por si fuera poco, “Exatlón” sabe jugar bien con el drama humano. Sin necesidad, aparente, de un guión, la dirección ha tenido suficiente con poner la cámara a historias reales que se han vuelto virales al constituir pequeñas telenovelas dentro del programa.

Una de las más recordadas fue cuando “Zudy” regaló todas sus medallas al “Pato” Araujo cuando aún no era novios en una fase en la que el futbolista iba a ser eliminado. Una figura como él, acostumbrado a éxitos deportivos y a los reflectores de los grandes estadios no paraba de perder, pero fue redimido por una atleta que, aunque de alto rendimiento, nunca había tenido la misma fama.

El drama también ha llegado a cuestiones familiares, como cuando los hermanos Ernesto y Aristeo estuvieron enfrentados desde equipos distintos. El giro estuvo en que ambos fueron campeones, uno primero y otro después, una redención que sigue un formato propio del cine. Los hermanos protagonizaron otro momento estelar de la presente temporada, cuando Aristeo olvidó el sentido de competencia dejando ganar a Ernesto para evitar su eliminación, una condena que cayó sobre otro aspirante.

Exatlón también ha tomado la iniciativa en cuanto a las nuevas realidades que vive México, pues, por ejemplo, fue el primer programa de televisión que dio un espacio protagónico a una de las futbolistas de la recién formada liga femenil de futbol profesional: Norma Palafox. Al mismo tiempo que ha rescatado a deportistas provenientes de espacios más tradicionales como el luchador Pentagón Jr., el clavadista Rommel Pacheco, el boxeador Jorge “El Travieso” Arce o incluso famosos no vinculados al deporte: las actrices Zoraida Gómez, Lis Vega o Natalia Valenzuela.

Este domingo deparará otra eliminación y seguramente “Exatlón” volverá a estar en boca de todos por un programa lleno de dramatismo y emoción. El programa ha cobrado un renovado interés en tiempos de pandemia y confinamiento, volviéndose un oasis en medio del encierro para todos. Una muestra de cómo es la vida en el exterior y las bondades que supone mover el cuerpo, aun en condiciones extremas.

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