Por qué deberías pagar por un concierto en streaming (aunque algunos estén condenados al fracaso)

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POR | Luis Moreno-. Son tiempos complicados para la industria musical. Debido a la pandemia los artistas se quedaron sin su principal fuente de ingresos: los conciertos tradicionales. El internet significó en su momento un golpe duro para las ventas de discos, pero cantantes y bandas lograron sobrevivir gracias a las giras que, en algunos casos, implicaban ganancias millonarias.

Ahora, debido a la contingencia, los eventos masivos están vetados en gran parte del mundo, dejando a todos ellos sin una entrada vital. Lo curioso es que la salvación está llegando por ese medio que alguna vez los puso en jaque, el propio Internet, esta vez con los conciertos en streaming.

En efecto, la industria musical ha tenido que adaptarse para subsistir. Por ello desde hace unos meses surgió la dinámica de los “conciertos virtuales”. Actuaciones en directo que, a cambio de una cuota, el público puede presenciar desde sus casas a través de la computadora o dispositivo móvil.

Luego de la polémica causada por el Vive Latino 2020 que reunió a más de 40 mil personas en un contexto de pandemia incipiente, ya en marzo de 2020 comenzaron los primeros esfuerzos para llevar a cabo eventos online, así ocurrió con el festival Noche de Primavera, en el que Fobia, Chetes y Ely Guerra ofrecieron un consuelo a sus fans que permanecían encerrados en casa.

Más de seis meses han pasado desde entonces y la oferta ha aumentado. Son cada vez más los artistas que han recurrido al streaming para acercarse a sus admiradores, promover sus canciones, y sí, obtener ganancias que de otro modo no llegarían.

Es verdad que nada se compara a ver al artista de carne y hueso en un recinto especializado. Sin embargo, estos conciertos no son como ver una simple grabación en blu-ray. Hay cierta emotividad en conectar con tus estrellas favoritas y saber que, pese a todo, hay una unión a distancia.

Ha habido ejemplos memorables de este tipo de actuaciones. En agosto pasado mis amigos y yo accedimos al show que Julieta Venegas ofreció desde Argentina. La experiencia fue conmovedora. Luego de muchos días de encierro, tener las canciones de Julieta al alcance de la mano se convirtió en una luz en medio de la obscuridad. El evento tuvo un toque de intimidad que los conciertos tradicionales no tienen; al enlazar la transmisión a una pantalla grande sentimos que Julieta estaba ahí con nosotros, tocando en la sala como una amiga más. Fueron 200 pesos muy bien invertidos.

Julieta tuvo el tino de intercalar sus canciones con interacciones con el público. Leyó mensajes que le enviaban y platicó con su habitual sencillez y carisma. Sin embargo, no todos tienen la misma habilidad ni disposición. Los conciertos virtuales también han traído episodios funestos que decepcionan al público.

Tal fue el fiasco de OV7 que terminó hasta con denuncias en Profeco. En septiembre de este año Ari Borovoy y compañía llevaron a cabo una sesión con un costo de 350 pesos. Lo que pintaba para ser una velada memorable y nostálgica acabó decepcionando a los espectadores quienes se quejaron la duración del evento (menos de una hora) y la pobre actitud de los intérpretes que apenas interactuaron con su público pese a que recibían súplicas y peticiones desde el chat.

La cosa fue aún peor para gente que pagó y no pudo acceder al evento por problemas con los códigos proporcionados para la plataforma. Las críticas llegaron incluso dentro del mismo medio del espectáculo, Linet Puente ironizó respecto a la brevedad de la presentación de OV7. “En lo que me conecté, ¡ya había acabado!”, aseguró la conductora de “Ventaneando”, sumándose a los testimonios que apuntaron a la displicencia de los organizados y a los problemas técnicos que caracterizaron a lo que pudo ser un gran acontecimiento.

“Parecía un show pregrabado. No tuvieron interacción con su público. Nunca se acercaron a leer el chat. Les pidieron muchas canciones que nunca cantaron. […] Después de esto era como Ari Borvoy y el resto de los OV5. Ari estaba, se le ve en los videos, en la transmisión, como cansado, como ‘ya quiero que termine’, se notaba incómodo, no se acercaba a cantar con ellos, ellos tampoco se acercaban. […] Para mí fue una estafa”, aseguro el periodista Giovanni Morales de acuerdo con el portal Infobae.

Además de los enconos personales, la mala vibra que los integrantes de OV7 denotaron ese día parece fundamentada en la baja venta de boletos, apenas 3 mil según algunas fuentes.

¿Es viable mantener una dinámica de esta naturaleza? Los hechos indican que sí, incluso una banda de cóvers como Matute se las ha ingeniado para tener conciertos virtuales con cerca de 14 mil espectadores con una buena recepción generalizada. El reto apunta más bien a saber adaptarse a los nuevos tiempos y asumir compromisos que antes no existían. Los conciertos en streaming demandan una entrega particular, y asumir el acto de manera responsable, no como un fastidio.

Alejandro Fernández ya hizo un concierto virtual con resultados positivos y RBD lo llevará a cabo a fin de año.

Artistas de tal nivel pondrán a prueba los alcances de este nuevo tipo de propuesta que quizás se vuelva una “nueva normalidad” por al menos unos meses más. Queda en nosotros decidir si vale o no la pena, pero eso solo es posible si nos sumergimos un rato en la oportunidad.

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