La escena de 'Oppenheimer' que no estaba en el guion y se convirtió en una de las más icónicas

En su film, Nolan trata de reflejar el agobio que siente Oppenheimer por las consecuencias de la bomba
En su film, Nolan trata de reflejar el agobio que siente Oppenheimer por las consecuencias de la bomba

Oppenheimer, la película basada en la vida de Robert Oppenheimer, considerado por muchos como “el padre de la bomba atómica”, es uno de los títulos que más resonó en el último tiempo gracias a la excelente producción que la compone. Historia, elenco y diseño audiovisual son solo tres de las destacadas características que generaron su éxito y miles de espectadores a lo largo de todo el mundo volcaron sus opiniones en las redes sociales. Sin embargo, lo que muchos no saben, es que esconde secretos de los que nadie se percató.

Según el medio 20 minutos, en una de las escenas más icónicas del film surgió una frase que no estaba en el guion original. La misma fue ideada por James Remar, quien personificó al secretario Henry Stimson, y nació gracias a su gran nivel de interpretación.

La frase fue ideada por James Remar, quien personificó al secretario de la Guerra, Henry L. Stimson
La frase fue ideada por James Remar, quien personificó al secretario de la Guerra, Henry L. Stimson - Créditos: @Quever

Todo comenzó cuando Stimson, diversas autoridades del Gobierno estadounidense y el físico J. Robert Oppenheimer (interpretado por Cillian Murphy) decidían en qué ciudad de Japón era conveniente lanzar la bomba atómica. En ese instante el actor, con un tono humorístico, expresó que descartaba Kioto de la lista por el hecho de que estuvo de vacaciones con su mujer de luna de miel y justificó, posteriormente, la elección de otros objetivos.

Christopher Nolan, director de la película, fue el encargado de revelar esta anécdota en una entrevista con New York Times. “Hubo un momento donde James Remar no paraba de hablarme de cómo se enteró de que Stimson y su mujer habían pasado la luna de miel en Kioto. Esa fue una de las razones por las que Stimson quitó Kioto de la lista para ser bombardeada. Yo le había dicho de tachar la ciudad de la lista por su significado cultural, pero le dije ‘simplemente añádelo’. Es un momento fantástico y emocionante donde nadie en la habitación supo cómo reaccionar”, reconoció.

Cillian Murphy y Christopher Nolan en el set de Oppenheimer (Foto: Universal Pictures)
Cillian Murphy y Christopher Nolan en el set de Oppenheimer (Foto: Universal Pictures)

Por otro lado, sostuvo que, a pesar de que todos los actores recibieron un guion preestablecido desde el día uno, siempre les aclararon que los diálogos estaban abiertos a nuevas ideas que surgieran por su propia motivación. ¿El objetivo? Dar una imagen auténtica en pantalla.

“Podían venir con pasión y conocimiento basado en su propio aprendizaje. Por ejemplo, también improvisamos toda la discusión de los científicos en el aula. Cada actor venía a la mesa con investigación sobre cómo había sido su personaje en la vida real… Tenían toneladas de deberes que hacer y tenían una gran fuente gracias a Prometeo americano“, comentó, en alusión al libro publicado en el 2005 y escrito por Kai Bird y Martin J. Sherwin que relata la biografía de Oppenheimer.

Fue tal el estímulo que les dio el productor que el propio elenco comenzó a interiorizarse aún más por la vida de sus personajes. El caso de Murphy, quizás, fue el más extremo. Quien interpreta al científico nuclear realizó una extrema transformación física para su papel y emprendió peculiares métodos con el objetivo de lograr el éxito.

James Remar en la película Oppenheimer
James Remar en la película Oppenheimer - Créditos: @IMDB

“Me tomé más de cinco meses antes de empezar a filmar para prepararme tanto física como emocionalmente para el papel. Me sentí muy entusiasmado frente al reto y quería perder peso para darle a Oppenheimer una mirada de ojos muy abiertos, casi desorbitados, con el objetivo de transmitir el hecho de que el científico nunca comía. Me encanta actuar con mi cuerpo y Oppenheimer tenía una silueta muy distinta a la mía, así que yo quería hacerlo bien”, mencionó en otra nota para New York Times.

“Tuve que perder bastante peso. Además, trabajamos el vestuario y la sastrería. Él era muy delgado, casi demacrado, subsistía a base de martinis y cigarrillos, y tenía esos ojos realmente brillantes, así que trabajamos mucho en su silueta y expresiones antes de comenzar a rodar”, conclluyó.

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