"India salvaje": cómo un presunto halago a Cecilia Suárez desató indignación y ella quedó como racista

Justo antes del estreno de la película de largometraje que Netflix prepara para cerrar el ciclo de 'La casa de las flores', que protagoniza Cecilia Suárez y dirige Manolo Caro, estalló una controversia que uno no puede evitar preguntarse si es parte de un ardid publicitario, o si es legítima — pero en este mundo de la farándula nunca se sabe. Lo único que sí es cierto es que la polémica surgida incendió las redes sociales y abrió una discusión acerca de la apología del racismo normalizado.

Todo comenzó cuando Suárez compartió un video a través de Instagram en el que se aparece acompañada por Paco León, quien le da vida a 'María José', la mujer transgénero que es la pareja del popular personaje 'Paulina de la Mora', que ella encarna en la serie, creada por Caro, de quien Suárez ha sido por años actriz preferida y protagonista frecuente.

En este video, León señala a la cámara: "Mira con quién estoy, con esta india salvaje", mientras acaricia las trenzas que porta la actriz y tras lo cual Suárez solamente rompe a reír. Aunque es aparentemente inofensivo, el breve video fue causa suficiente para que ambos fuesen acusados de incurrir en un acto de normalización del racismo, ya que tanto la palabra "india" (como apócope de indígena), como el calificativo de "salvaje" históricamente se han utilizado de forma peyorativa.

Claramente, tanto León como Suárez tienen una responsabilidad directa en lo que expresan en público, no solo como opiniones personales —que nada tienen qué ver con la producción —sino como parte de la arena de la opinión pública; es decir, ambos deben asumir las consecuencias del efecto que esto tiene en los espectadores que ven y comentan sus actos y opiniones precisamente por ser celebridades.

El reclamo que se hizo en redes por parte de miles de usuarios, no solo señala lo inapropiado del comentario, sino también el hecho de que violenta a las mujeres que realmente pertenecen a las comunidades indígenas, que son principalmente marginadas, ya que minimiza y trivializa la experiencia de mujeres que son discriminadas sistemática e históricamente en México.

A raíz de la oleada de comentarios que recibió, Suárez, en su cuenta, publicó una justificación (que no una disculpa sincera) que, irónicamente, solo agravó las cosas, ya que numerosos analistas no tardaron en desglosar el mensaje y en apuntar que, en lugar de hacerse responsable por sus acciones, Suárez en su redacción trata de trasladar la responsabilidad a quien la lea, y a quien hubiera visto el video y la interpretación que le dio, de lo que, de manera implícita ella se exculpa, al no reconocerse como responsable de las reacciones causadas por su acto.

Su otra reacción, al ser cuestionada por esto, fue proceder a bloquear a quienes lo hicieran (aún si lo hacían 'respetuosamente', algo que ella alude claramente como requisito para entablar comunicación). Si bien está en todo su derecho de hacerlo, el mensaje es claro: lo dicho está dicho y si no es halagüeño, no le interesa, como sí apreció el mensaje (desconcertante, por decir lo menos) de la periodista y activista Lydia Cacho, quien al salir en defensa de la actriz también fue cuestionada duramente por los usuarios de Twitter, donde ella no solo es reconocida por su cruzada, sino también por bloquear a quien le hace cuestionamientos que no coincidan totalmente con sus ideas o puntos de vista (lo cual resta pluralidad a su mensaje, pero también es su total y absoluto derecho), clamando en estos casos ser objeto de ataque, siendo un arma que esgrime, sea o no el caso.

En su comentario, Cacho celebra la “no domesticación” de la actriz y observa esta publicación como una celebración a su actitud "insumisa" y (erróneamente) a las comunidades indígenas, siguiendo el punto levantado por Suárez, justificándose al decir que su abuela paterna tenía sangre maya —como si por este hecho pudiera justificar una actitud racista y no tomarla como lo que es: discriminación, aún si es interiorizada o normalizada.

Lo que acabaron haciendo Suárez y León fue agravar el asunto, él haciendo hincapié en decir que "sólo era un halago" y ella al descartar cualquier intento de debate, quedando, una vez más, como apologistas de una acción racista, protegidos por su privilegio como gente de una posición favorecida.

Sin embargo, cabe señalar que la experiencia de Cecilia Suárez, la actriz, la celebridad, la mujer, no es ni de lejos similar a la de aquellas que sí forman parte de estas comunidades marginales y más allá de eso cuando se habla del racismo sistémico no es un nivel individual del que se está hablando, sino más bien social, por lo mismo, lo dicho tiene eco, y efectos y hay que asumir esas consecuencias.

Ahora bien, debe quedar claro que los comentarios que acusan de racismo a Cecilia Suárez y Paco León no son un llamado a "cancelar" a ambos, o a Lydia Cacho o incluso a la producción de Netflix, sino más bien se trata de un exhorto a que, desde su posición de celebridades hagan una reflexión acerca de las formas en que la sociedad de habla hispana, de manera casual pero igualmente efectiva, perpetúa este tipo de comportamientos que no son exclusivos de México, sino del mundo.

Si se abrieran a aprender de esto, sería un enfoque positivo, aunque tristemente parece que no será.

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