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La pesadilla que vivió Queta Lavat cuando todos comenzaron a temerle a su hijo

La actriz atesoraba en su casa una macabra reliquia de la película 'El libro de piedra' que tuvo gran impacto en su familia

Hugo, el niño-estatua de 'El libro de piedra', era Pablo Carrillo, hijo de Queta Lavat. (Foto: Captura de pantalla)
Hugo, el niño-estatua de 'El libro de piedra', era Pablo Carrillo, hijo de Queta Lavat. (Foto: Captura de pantalla)

La actriz mexicana Queta Lavat ha fallecido a los 94 años dejando un legado cinematográfico, televisivo y teatral de sumo valor artístico. Heredó también un amplio repertorio de anécdotas que acumuló desde su primera aparición en el cine en 1946 hasta su última presencia a cuadro con la telenovela S.O.S Me estoy enamorando en 2021. Entre esas historias, de tantas que resguardó en su prodigiosa memoria, una que le gustó presumir fue la de haber sido la mamá de Hugo, el niño-estatua que traumó a varias generaciones por El libro de piedra (1969).

Ese niño es el comentarista deportivo Pablo Carrillo, comunicador que en su infancia fue elegido para protagonizar una de las obras emblemáticas del cine de terror mexicano que dirigió Carlos Enrique Taboada.

Hijo del fotógrafo Armando Carrillo y la señora Lavat, Pablo creció entre foros, sets y escenarios, por lo que aceptó ponerse a las órdenes de Taboada con la idea de que todo se trataba de un juego. Para él, eso fue, un juego. Se divirtió haciéndolo sin tener noción del impacto que iba a tener el filme.

Eso lo supe en agosto de 2022, fecha en que Pablo me citó en casa de la señora Queta para hablar sobre El libro de piedra. Nos abrió la señora Lavat, quien contenta y con sonrisa traviesa me conminó a tomar asiento en la sala, lugar de la casa donde se distinguía la cabeza de la estatua de Hugo que decapita Joaquín Cordero en la película. Es una reliquia que impone, da miedo, sobre todo a quienes crecimos con pavor a ese personaje.

Riéndose de manera amable, doña Queta me ofreció unas galletas "para el susto". Estaba acostumbrada a ver a sus visitantes paralizarse frente al busto. "Hay amigos de la familia que han venido y se han ido rápido porque les da pánico ver la cabeza. Recuerdan a Hugo con mucho temor, como si fuera un monstruo", me comentó sentándose a mi lado para narrar de qué manera repercutió el filme en su rol como madre, pues a su hijo dejaron de tratarlo como un niño cualquiera y comenzaron a verlo como un ser maligno.

"Cuando Pablo era chamaco, los niños que vivían cerca de nosotros venían a preguntarme si en realidad mi hijo era Hugo. Les respondía con la verdad, que sí, y luego ya no volvían. Hubo papás que incluso les decían a sus hijos que si no se portaban bien, Hugo se les iba a aparecer para que hicieran caso. Veían a Pablo y se portaban bien. Es más, crearon un juego infantil que consistía en correr para no dejarse atrapar por Hugo, pero corrían en serio, y Pablo se quedaba sin jugar, se quedaba solo. A veces no querían jugar con él", contó mientras Carrillo asintió con un "así es".

Doña Queta recordó cuando la producción de El libro de piedra se acercó a ella para pedirle autorización de que el niño fuera el protagonista porque tenía los rasgos “perfectos” para el papel. Carlos Enrique Taboada le hizo llegar el libreto para que supiera de qué iba la historia. La actriz lo leyó y asumió que sería una trama de fantasía sobre una niña que se divierte con un amigo imaginario. De acuerdo al escrito que le dieron, no visualizó un entramado de horror. Asumió que se trataría de una aventura infantil y accedió a que Pablo hiciera ese papel.

Además influyó en su decisión el perfil del director, un hombre de carácter amable, de buen trato con los niños y muy respetuoso en su forma de dirigirse hacia su reparto. A su vez, Carrillo quiso participar en ese proyecto porque le parecía entretenido jugar en las locaciones donde se efectuó el rodaje y porque la estatua que figura en la película se moldeó con base en su persona. Tenía cinco años, no pensaba en nada más que divertirse.

Fue hasta que se estrenó el filme cuando la señora Lavat comprendió que Taboada quiso contar una historia de terror, no de aventura o fantasía. Lo entendió aún más por las reacciones que los conocidos tuvieron con ella y la familia, principalmente con Pablo, a quien veían como Hugo, el niño brujo que mata con sus apariciones a Aldo Monti y Norma Lazareno. En el propio núcleo Carrillo Lavat causó pesadillas y algunos de sus miembros durmieron intranquilos.

"A mí sí me puso la piel chinita, me quedé helada. Con razón hubo gente que veía con miedo a Pablo. Tenía que explicarles que eso era ficticio, que mi hijo no era malo. No habíamos visto una película así en el cine mexicano. El terror del señor Taboada fue distinto, jugó con nuestra mente. Eso habla del buen director que fue, porque le tuvo cariño a sus guiones y supo cómo contarlos plano por plano".

Poniéndose de pie, instalándose junto a la cabeza que relucía en su sala, la actriz acarició esa pieza para describir cómo fue que un integrante del staff recogió la cabeza de la estatua de Hugo después de que Joaquín Cordero la decapita:

"Lo hizo en atención a la familia Carrillo Lavat. Aguardó a que pasara el periodo de miedo que se suscitó alrededor de nosotros por El libro de piedra y vino a dárnosla porque consideró que algún día podíamos reclamarla debido a que es una representación de Pablo. Cuando la recibimos nos dio miedito pero con el tiempo le agarramos cariño, sobre todo yo. Sé que a mucha gente le atemoriza siquiera pensar en estar cerca de la cabeza, pero para nosotros es una pieza a la que le tenemos afecto. Ustedes ven a Hugo, yo veo a mi hijo. Veo también una película muy importante de la cinematografía mexicana", contó.

Carcajeándose, doña Queta compartió las ocasiones en que sus amistades le han solicitado cubrir la cabeza para no ser víctimas de alguna maldición. Pablo le siguió el tono de humor y, entre risas, refirió que le causa gracia notar el pánico que hasta la fecha causa Hugo.

Cómplices de esta anécdota, luego de haber padecido breves rechazos por la sugestión que causó El libro de piedra, ambos se congratularon de que al día de hoy el niño-estatua forme parte de la conversación popular. "Aparte de la niña en la película, soy la única mujer que en su sano juicio ama a Hugo", remató la señora Lavat contemplando con aprecio al busto que conservó como un tesoro.

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