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Richard Dreyfuss y la burbuja presumida del viejo Hollywood deseando interpretar un personaje negro

El actor estadounidense Richard Dreyfuss asiste al estreno mundial de la restauración en 4K de
El actor estadounidense Richard Dreyfuss asiste al estreno mundial de la restauración en 4K de "Rio Bravo", presentada en la noche de apertura del Festival de Cine Clásico TCM de 2023 en el Teatro Chino TCL en Hollywood, California, el 13 de abril de 2023. (Foto de AUDE GUERRUCCI/AFP vía Getty Images)

Richard Dreyfuss, actor de Tiburón o Encuentros cercanos del tercer tipo, no está de acuerdo con el rumbo de la Academia de Hollywood en labores de diversidad e inclusión, y ha llevado su opinión a un extremo inesperado. El ganador del Óscar por La chica del adiós, en una entrevista con Firing Line With Margaret Hoover de PBS, ha hablado de los nuevos estándares que los académicos valorarán a partir del próximo 2024 para otorgar las estatuillas doradas, los cuáles buscan brindar oportunidades en pantalla y tras las cámaras a grupos demográficamente subrepresentados y ampliar representación para los espectadores.

Pero el actor no se anduvo con rodeos y señaló que los nuevos requisitos para la carrera por el Óscar le “hacen vomitar”. “Es un arte. Nadie debería decirme como artista que tengo que ceder a la última y más actual idea de lo que es la moralidad. ¿Qué estamos arriesgando? ¿Realmente corremos el riesgo de herir los sentimientos de las personas?”, dijo Dreyfuss en la entrevista. “Hay que dejar que la vida sea vida. Lo siento, no creo que haya una minoría o una mayoría en el país que tenga que ser atendida así”. Y entonces vino lo gordo.

Según las nuevas normas, establecidas en 2020 con vistas a su aplicación el próximo año, las películas deben cumplir dos de cuatro nuevos patrones para ser elegible en los Óscar, como brindar oportunidades en los equipos creativos, expandir la diversidad en la narrativa en pantalla, dar al público mayor representación o facilitar el acceso a la industria de grupos históricamente alejados de ella. Y Dreyfuss optó por ejemplificar su rechazo poniendo como ejemplo a Laurence Oliver, que en 1965 interpretó al protagonista de Otello de William Shakespeare con la cara pintada de negro, la polémica práctica conocida como “blackface”.

Laurence Olivier disfrazado de Otelo con la princesa Marina en su camerino del Old Vic. Abril de 1964. (Foto de John Downing/Staff/Daily Express/Mirrorpix vía Getty Images)
Laurence Olivier disfrazado de Otelo con la princesa Marina en su camerino del Old Vic. Abril de 1964. (Foto de John Downing/Staff/Daily Express/Mirrorpix vía Getty Images)

“Interpretó brillantemente a un hombre negro. ¿Me están diciendo que nunca tendré la oportunidad de interpretar a un hombre negro? ¿A alguien más se le dice que si no es judío, no debería actuar en 'El mercader de Venecia'? ¿Estamos locos?”, continuaba. “Esto es tan condescendiente. Es muy desconsiderado y es tratar a las personas como niños”.

Y si bien se podría entender su crítica cuando hablamos de la influencia de normas externas sobre una concepción artística, personalmente no la comparto, porque en un mundo diverso como el que vivimos se puede encontrar talento de todo tipo sin importar raza, género u orientación sexual, ayudando así a tener un espectro más variado de historias y visiones que representen mejor nuestra sociedad.

Lo que no es defendible bajo ningún punto es volver a argumentos tan arcaicos como el blackface, un debate que deberíamos tener más que superado y que no debería generar duda alguna. Y es que no es una cuestión simple que se pueda limitar a actores blancos como Dreyfuss sin poder cumplir el capricho de interpretar personajes negros.

LOS ÁNGELES, CALIFORNIA - 30 DE MARZO: Richard Dreyfuss compara el perfil lateral de Steven Spielberg con el premio Thalberg de Spielberg en el backstage de la entrega de premios de la Academia, el 30 de marzo de 1987 en Los Ángeles, California. (Foto de Bob Riha, Jr./Getty Images)
LOS ÁNGELES, CALIFORNIA - 30 DE MARZO: Richard Dreyfuss compara el perfil lateral de Steven Spielberg con el premio Thalberg de Spielberg en el backstage de la entrega de premios de la Academia, el 30 de marzo de 1987 en Los Ángeles, California. (Foto de Bob Riha, Jr./Getty Images)

Hablamos de una raza históricamente menospreciada por Hollywood, que se ha enfrentado al racismo de la industria al ver cómo prefería poner a intérpretes pintados de negro con todos los estereotipos posibles a darles oportunidades. Y en una sociedad tan diversa como la de Estados Unidos, donde la inmigración masiva ha propiciado un choque de culturas como en pocos lugares del mundo, es una falta de respeto dejarles de lado por poner a alguien embadurnado de negro que ni sabe entender su cultura, por muy bueno que sea el actor o actriz en cuestión.

Y esto es perfectamente aplicable a otras identidades como, por ejemplo, las personas trans, que en los últimos años también han liderado el debate sobre la representación en el audiovisual con polémicas como la película cancelada donde Scarlet Johansson iba interpretar a un hombre. Y no hay más que fijarse en interpretaciones tan estereotipadas y vacías como la de Eddie Redmayne interpretando a una mujer trans en La chica danesa, curiosamente nominada al Óscar, para percatarse de ello.

Por ello, todo el debate que Richard Dreyfuss trata de sacar a la luz deberíamos de tenerlo sepultado y asumir que el mejor camino para todos pasa por luchar por la diversidad, en todos los sentidos posibles, en la industria del cine, tanto para los profesionales del sector como para nosotros como espectadores. Porque sí, Richard, sí se corre el riesgo de dañar los sentimientos de las personas y hacerlas sentir menospreciadas, y esto no se debería permitir para que actores blancos que han disfrutado de una vida de privilegios en Hollywood puedan cumplir caprichos tan vacuos como interpretar papeles de otra razas. Desde luego, creo que no ha podido estar más desacertado con sus palabras.

Este artículo fue escrito en exclusiva para Yahoo en Español por Cine54.

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