Si no te puedes estar quieto, las meditaciones activas son para ti

Si renunciaste a meditar porque crees que para ello necesitas estar sentado en flor de loto y completamente quieto y en silencio, es que no has escuchado hablar de la meditación activa.

Si no te puedes estar quieto, la meditación activa podría ser lo que estás buscando. Foto: Khosrork/ iStockphoto.
Qué es la meditación activa

Son varios los métodos que existen para hacer una meditación activa. Y no todos son nuevos, ya que entre ellos están el yoga y el Tai-Chi. Se pueden definir como técnicas para silenciar las turbulencias mentales y liberar bloqueos, como recoge el portal Escuela Transpersonal.

Con observarlas entendemos que se trata de prácticas que motivan a que, enfocándote en tu respiración, realices una serie de movimientos y posturas y así ir enfocando la mente solo en lo que estás haciendo.

Sin embargo, no hace falta enrolarte en una clase de estas prácticas para obtener los beneficios de la meditación activa, pues esta se puede realizar en el día a día. Solo necesitas darte el tiempo para hacerlo, y con 5 o 10 minutos, puede ser suficiente. Se trata de concentrarte sin interrupciones en algo, sin importar el cómo.

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Meditaciones activas en tu día a día

La puerta de entrada a una meditación es enfocarte en la respiración, y moverte en sincronía con ella, como recuerda el portal Camino Consciente. Al volverte consciente del aire que inhalas y exhalas, te puedes concentrar más fácil en ti y en tu cuerpo, para después percibir qué es lo que ocurre a tu alrededor.

Si partimos de ahí, podrías hacer de caminar, correr, ducharte y hasta de comer y beber un trago de agua una meditación, siempre y cuando seas consciente de ello. Te compartimos dos ejemplos sencillos.

Caminar

Si te gusta caminar, puedes dedicarle 10 minutos de tu caminata a hacerlo meditando. El Método Silva propone hacerlo así:

  1. Elegir un lugar apropiado donde no tengamos que detenernos muchas veces.
  2. Después de cuidar nuestra postura, recordar nuestra intención para hacer la caminata.
  3. Respirar profundo para ayudarte a estar presente y dejar las preocupaciones a un lado.
  4. Caminar despacio, con pequeños pasos a un ritmo que te sea cómodo.
  5. Observar cómo te sientes, qué ocurre a tu alrededor es lo más importante. Si te cuesta estar presente, puedes repetir una frase que te ayude, como “Aquí” cuando inhalas y “Ahora” cuando exhalas.

Camina meditando, presente, durante el tiempo que te hayas propuesto o la distancia que hayas determinado, y al final dedica unos minutos a reflexionar sobre tu experiencia.

 

Caminar puede ser una forma de meditación si te lo propones. Foto: Sawitree Pamee / EyeEm / Getty Images.

Beber agua

Una maestra asegura que podemos meditar incluso mientras bebemos agua y es muy simple:

  1. Respira profundo para volverte consciente de ti y de que vas a tomar un vaso con agua.
  2. Toma un sorbo solo de agua, con calma. Pero no lo tragues. Solo saboréala un momento en la boca, incluso mastícala un poco. Vuélvete consciente de cómo tu cuerpo reacciona al agua, al sabor, a la humedad, y qué otras partes de tu cuerpo se activan.
  3. Pasa el trago de agua, sin perder atención a qué ocurre en tu cuerpo, quizá hasta sientas cuando llega al estómago.
  4. Puedes repetir con todo el vaso de agua, y no te tiene que tomar más de 5 minutos.

Con estos principios, podrías repetir esto comiendo, como propone el Mindful Eating, o aplicarlo a otras actividades cotidianas y simples que damos por sentado.

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Las meditaciones activas de Osho

Otro gran precursor de las meditaciones activas fue Osho, un líder espiritual originario de la India. Según explica su libro “Meditación. La primera y última libertad”, nuestra vida moderna nos satura de emociones, deseos y prejuicios reprimidos, además de el estrés y la ansiedad. Por eso sentarnos a meditar después del trajín de diario hace que solo nos incomodemos, y cuando más nos peleemos con permanecer en silencio, peor. Esto solo nos frustra más y aleja del objetivo de la meditación.

Por eso creó una serie de meditaciones en movimiento, para poder enseñar la inactividad que tanto desconocemos. “Puedes encaminarte hacia la pasividad solamente cuanto te hayas deshecho de toda la porquería”, dice en su libro. Así todos sus ejercicios arrancan con etapas de actividad para después terminar en completo silencio. Eso sí, todas llevan más o menos una hora y tienen música especialmente creada para ellas que puedes encontrar en Spotify.

Un ejemplo es la meditación Kundalini, una de las más queridas entre sus seguidores y una que conozco bien. Consiste en cuatro etapas de 15 minutos, más o menos. En la primera se trata de dejar sacudir todo el cuerpo, con los ojos abiertos o cerrados. La segunda consiste en bailar, como quieras, como si nadie te estuviera viendo y como quiera tu corazón. Así, en la tercera se te pide estar completamente inmóvil, de pie o sentado, solo observando qué te pasa adentro y qué pasa afuera. Finalmente en la cuarta te acuestas boca arriba y permaneces inmóvil, meditando en silencio.

@travesabarros