Starsky y Hutch: un éxito que sus estrellas no quisieron mantener

Martín Fernández Cruz
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Los años pasan y los policiales en televisión son una moda que no da señales de fatiga. En los años 70 había títulos de tono amargo como Las calles de San Francisco, otros que ponían el acento en la acción como Hawai 5.0. De la enorme lista de shows centrados en agentes de la ley, hubo uno que se destacó. Con una lograda combinación de humor y acción, pero dándole mucha importancia a la amistad de sus protagonistas, Starsky y Hutch se convirtió en un fenómeno de la época. Sin embargo, para sus actores, Paul Michael Glaser y David Soul, fue una verdadera pesadilla.

Los verdaderos Starsky y Hutch

Durante los setenta y hasta buena parte de los noventa, Aaron Spelling era uno de los productores más reverenciados de la pantalla chica. Éxitos como The Mod Squad, Family o El crucero del amor entre muchísimos otros, lo ubicaron en lo más alto de la industria. En 1974, un programa llamado The Super Cops tenía una moderada repercusión y el producto le llamó la atención a Spelling. Atento a las modas, él indagó en ese título y descubrió que se basaba en las vivencias de Lou Telano y John Sepe, dos agentes encubiertos que usaban métodos estrafalarios para llevar a cabo sus misiones. Sin embargo, The Super Cops no capturaba el potencial de esos profesionales, por eso con ellos en mente, Spelling llamó a William Blin y juntos idearon un nuevo tipo de show policial.

El 30 de abril de 1975, la cadena ABC puso al aire el primer episodio de la serie. En la ficción, David Starsky (Paul Michael Glaser) y Kenneth Richard Hutchinson (David Soul) investigaban todo tipo de casos, con la ayuda de Huggy Bear (Antonio Fargas), un informante que comprendía a la perfección los códigos callejeros. Ambientada en California (aunque se filmaba Los Ángeles), la ficción conquistó al público gracias a una combinación de acción y personajes carismáticos. Pero como suele suceder, los éxitos siempre tienen un lado B y el caso de Starsky y Hutch no fue la excepción.

Un dúo que cambió la televisión

Starsky y Hutch tomó distancia de otras series del mismo período. No por la acción (que la tenía) o por las persecuciones en auto (que de hecho había muchas) o por los tiroteos (que eran muy habituales), sino por un rasgo del que carecía el resto de los policiales de la época. Starsky y Hutch era muy amigos, se notaba la complicidad entre ambos, el contacto físico era habitual y no mantenían una relación distante ni seca como la de otros policiales de la pantalla chica.

Desde hace varios años, en la ficción se acuñó el termino "bromance". Esa palabra hace alusión a un vínculo en el que no hay un ingrediente sexual, pero sí una amistad en la que dos hombres comparten una dinámica similar a la de una pareja. Un ejemplo claro de eso son las relaciones de House y Wilson en Dr. House, o Ted y Barney en How I Met Your Mother.

Para el grueso de los espectadores, sin embargo, el que dos personajes masculinos mostraran aprecio el uno por el otro (sin ser familiares), indefectiblemente enmascaraba un vínculo romántico. Y lo más sorprendente del asunto es que hasta Spelling creía producir el primer romance masculino en la historia de la televisión. En un documental sobre la serie realizado en 1999, Soule reveló que para la industria y muchos de sus fans, Starsky y Hutch eran pareja. Sea cual fuera la lectura que hicieran los fans, es indudable que la relación de los protagonistas fue la mayor virtud de esta ficción.

El auto, un protagonista más

Ni la camioneta de Mario Barakus o el General Lee de Los Dukes de Hazard pueden acercarse a la popularidad del Gran Torino de Starsky y Hutch. Desde un primer momento, los productores sabían que debían contar con un auto de mucha personalidad como símbolo del programa y por ese motivo pensaron que la mejor opción era un Camaro. Lamentablemente no lograron negociar la presencia de ese modelo y así apareció en escena el Torino. Pero darle tanto protagonismo al vehículo, le significó al equipo de filmación y a las estrellas muchos dolores de cabeza.

A Glaser y a Soul les molestaba el tener tantas escenas sobre ruedas. El actor que interpretaba a Starsky aseguraba que no era cómodo manejar ese modelo, mientras su acompañante luchaba por no irse contra el tablero en los sacudones propios de las persecuciones. Y a esas complicaciones había que agregarle la tarea de ubicar las cámaras desde adentro y desde afuera del Torino, un verdadero trabajo de logística. Claro que los productores jamás pensaron en prescindir del auto, porque según encuestas de la época, las escenas favoritas de los televidentes eran las que involucraban al Torino.

Cambios forzados

Cuando en septiembre de 1977 empezó la tercera temporada, la televisión atravesaba un profundo cambio y la representación de la violencia perdía popularidad. De este modo, los guionistas se encontraron ante el desafío de reducir las escenas de acción en el marco de una saga policial, que requería situaciones de ese tipo. Así comenzaron relatos de otro tenor, en donde la cotidianeidad de los agentes era más importante y algunas historias de amor cobraron un inesperado protagonismo. Esto no necesariamente resintió el rating, pero sí al equipo de guionistas, quienes sentían que debían forzar situaciones y hacer a un lado las tramas policiales que tanto les entusiasmaba escribir.

Por otra parte, una bomba de tiempo empezó a cocinarse en el seno del programa. El actor Paul Michael Glaser manifestó que quería irse de la serie. Luego de dos temporadas y más de cuarenta capítulos a cuestas, el intérprete a cargo de Starsky deseaba convertirse en director y abandonar un contrato que lo tenía atrapado. Eso fue un verdadero dolor de cabeza para Aaron Spelling, que con Farrah Fawcett de Los ángeles de Charlie enfrentaba exactamente el mismo problema. La mala predisposición de Glaser comenzó a desgastar el clima de la producción y para el comienzo de la cuarta temporada, la situación se hizo aún más insostenible.

Cuando llegó el momento de filmar los nuevos episodios, David Soul llegó al rodaje visiblemente desmejorado. La imagen luminosa que sabía tener dentro y fuera de pantalla se había evaporado.Él estaba desprolijo, se lo notaba desanimado y le faltaba entusiasmo. Su actuación también cambió y de esa manera Hutch se convirtió en una presencia más oscura dentro de la historia. Para colmo, los guionistas habituales habían elegido otros proyectos, ante la bajada de línea de la producción que les impedía escribir relatos más duros. Así llegó un nuevo grupo de escritores que no estaban familiarizados con los personajes y como era de esperar, ese fue el golpe de gracia para una ficción que cargaba con demasiados problemas.

Los responsables de la serie barajaron algunas alternativas, pensaron en la posibilidad de matar a Starsky, pero eso suponía un doble riesgo porque por un lado era muy fuerte eliminar a una de las dos estrellas y por el otro, eso implicaba no volver a contar con él en caso de un posible regreso. También se jugó con la posibilidad de darle más importancia a otras figuras secundarias o de estrenar un spin off de Huggy Bear, pero nada de eso terminó de convencer a los responsables del título.

Un final inevitable

Entre el deterioro anímico de Soul y el desgano de Glaser, sumado al descenso en el rating, Starsky y Hutch llegó a su final en la cuarta temporada, en mayo de 1979. Fueron 92 episodios que calaron muy profundo en la cultura popular de la época y los fans no podían más que soñar con la idea de manejar ese Gran Torino o usar el Cardigan que Starsky utilizó en algunos capítulos.

Con respecto a sus vidas privadas, ninguna de las estrellas pudo escapar jamás a la fama de los detectives que los consagraron. Ambos trabajaron en otras historias y Soul, incluso, tuvo una breve carrera musical en la que lanzó cuatro discos. Por su parte, Glaser fue noticia durante los ochenta debido a una dramática situación personal cuando su mujer e hija murieron por infecciones vinculadas al HIV.

La popularidad de Starsky y Hutch se expandió mucho más allá de su vida en televisión y sus retransmisiones en las décadas posteriores perpetuaron el éxito. Y con la fama del programa intacta, Ben Stiller, Owen Wilson y Snoop Dog protagonizaron en 2004 una imperdible remake dirigida por Todd Phillips (futuro responsable de Guasón).

Con más de cuarenta años a cuestas, es innegable que Starsky y Hutch marcó un punto de ruptura en la televisión, especialmente en lo referido a cómo trabajar el vínculo de una dupla masculina. A partir de este título, muchas ficciones de acción comprendieron que la llave del éxito estaba no tanto en una sucesión gratuita de tiroteos, sino en el carisma de sus héroes. Aunque en su momento ambos quisieron escapar de esos personajes, hoy Soul y Glaser abrazan la popularidad que les brindó ese dúo que aún conquista a nuevas generaciones.