Crisis humanitaria y trauma infantil. ¿Qué esperar? ¿Cómo actuar?

Berna Iskandar
Colaboradora
Expertos explican que los niños se pueden sentir nerviosos durante una crisis social. (foto: Getty Images).

Es lógico que como madres o padres nos inquiete el sufrimiento o el dolor de nuestros hijos y que queramos evitarlo a toda costa. Pero también es verdad que nadie pasa por esta vida sin ser tocado.

A veces vivimos crisis  personales, familiares y otras veces crisis sociales o colectivas, emergencias  humanitarias como migraciones forzadas, pandemias, guerras, ataques terroristas o desastres naturales que nos afectan a muchas personas a la vez  en distintas áreas de la vida.

Sea que podamos o no evitar el dolor a nuestros hijos, siempre tendremos la posibilidad de acompañarlos a transitar por estos escenarios difíciles mitigando el impacto con nuestra presencia amorosa, centrada, madura emocionalmente. Aportar resiliencia, para que nuestros hijos lo superen fortalecidos.

Algunos expertos en trauma y apego que han participado en la intervención a personas afectadas por emergencias  humanitarias  desencadenantes de trauma infantil han observado  algunas conductas o comportamientos que podemos esperar y nos ofrecen recomendaciones para actuar a fin de prevenir o mitigar los daños.

 A continuación comparto información sobre lo que podemos esperar en estos casos y cómo actuar y/o reconocer cuándo debemos pedir ayuda especializada.

Qué esperar en los niños

Incremento de ansiedad de separación, aferramiento o apego de los padres, negativa a ir a la escuela o a la guardería, resistencia a quedarse solos en su habitación especialmente de noche. 

Se pueden manifestar en los niños irritabilidad, rabietas y llantos, a menudo provocados por hechos insignificantes. (foto: Getty Images).

Si son bebés o niños amamantados pueden perder algo de interés en alimentos sólidos y preferir lactancia materna. Recordemos que la lactancia materna además de ser la fuente de nutrición más saludable y completa para los niños, también proporciona placer y seguridad. En situaciones de emergencia la OMS y UNICEF desaconseja el uso de fórmulas y recomiendan robustecer la lactancia materna incluso en casos de pandemias.

Aumento de irritabilidad, rabietas y llantos, a menudo provocados por hechos insignificantes. Aumento de respuesta de sobresalto, hipervigilancia e hiperactividad. 

Muchos padres se preocupan porque después de haber establecido el control de esfínteres o despañalización, los niños vuelven a orinarse, pero es una conducta predecible en situaciones de estrés o de alteración emocional por cambios o crisis.

Las conductas regresivas como orinarse, pedir biberón o tetero cuando ya lo habían dejado, querer ser tratados como un bebé, son normales en estas circunstancias, al igual que negarse a dormir en solitario aunque ya lo estuviera haciendo de forma rutinaria.  

También son comunes los juegos espontáneos relacionados con el evento traumático. Por ejemplo representar en el juego situaciones de emergencia con ambulancias,  médicos y enfermeras, policías, bomberos, etc. 

Qué hacer cuando tu hijo muestra estas conductas de trauma

Deja que tu hijo se mantenga cerca de ti, no lo obligues a jugar o quedarse solo. Permítele reasegurarse y calmarse con tu presencia todas las veces que necesite. No obligues a tu hijo a comportarse con más madurez de la que siente. Está bien que lo trates como a un bebé si eso es lo que quiere. Esto le dará fortaleza para enfrentar el trauma y sanarlo.

Si ha habido alguna muerte en la familia, permite que tu hijo participe en los funerales y procesos de duelo en la medida que lo desee. Permite que tu hijo llore y exprese sus rabietas. Trata de aceptar los estallidos emocionales intensos de tu hijo. Estos son mecanismos naturales que ayudarán a sanar el trauma cuando son aceptados y bien corregulados por los padres.

Fomenta el juego y la risa sobre temas relacionados con el trauma. Provee juguetes vinculados a la situación de trauma tales como camiones de bomberos, kits médicos, ambulancias. Participa en los juegos si el niño lo desea, pero deja que tome la iniciativa. La risa y el juego ayudan a relajar las tensiones y aliviar las experiencia más abrumadoras.

Los niños también necesitan entender lo que pasa cuando ocurren situaciones dolorosas o inquietantes. Ofrécele información apropiada para su edad de un modo claro y sencillo. Evita explicar detalles angustiantes. Transmite tranquilidad y explícale qué precauciones se están tomando para evitar que otro trauma similar ocurra o para que estén seguros en medio de la situación de peligro que viven o perciben.

Relajen las exigencias. Los niños en situación de estrés o trauma se encuentran con sus radares activos percibiendo milimétricamente lo que pueden captar como una amenaza en el ambiente. Esta hipervigilancia genera más tensión, con lo cual en la medida de lo posible intentemos bajar la presión de rutinas muy exigentes  que el niño perciba como una sobrecarga. No pasa nada si todos vamos más despacio. Cuando ocurren cosas tremendas debemos darnos el permiso de ralentizar el ritmo y las responsabilidades cotidianas para poner en primer lugar la atención de nuestra salud emocional y la de nuestros hijos.

Siempre que sea posible y los niños las acepten sin sufrir, trata de mantener las rutinas diarias y las tradiciones familiares. Elige con cautela aquellas que generan predictibilidad y seguridad en tus hijos.

Busca ayuda y apoyo para ti.

¿Cuándo debemos buscar ayuda?

En caso de que tu hijo se lesione o hable sobre el deseo de morirse. Cuando se vuelve destructivo o muy violento. Cuando se aísla y se incomunica. Cuando presenta síntomas físicos como pérdida de apetito. Cuando los temores, pesadillas y ansiedad de separación,  conductas regresivas así como el estado de hipervigilancia se prolongan más de un mes.

Cuando tu hijo no logra funcionar con tranquilidad por cualquier motivo en casa o la escuela.

Finalmente mi recomendación más importante es que miremos con honestidad el grado de intimidad y conexión emocional que hemos construido con nuestros hijos.

Observar si se sienten sentidos, bien interpretados y sostenidos por nosotros, sus adultos significativos quienes debemos desde un lugar de madurez, encontrar recursos para mantener la calma y ayudarlos a volver a la calma.

Miremos si hemos construido o si podemos mantener abierto un canal robusto de comunicación verbal o no verbal, según sea que el niño haya adquirido o no el lenguaje. Un niño que ya domina mejor el lenguaje puede expresar más claramente lo que siente o lo que le pasa con palabras y si no, lo hará inequívocamente con conductas como el llanto, las rabietas, etc.. Este canal de comunicación basado en la confianza permitirá que tu hijo o hija manifieste lo que le inquieta, lo que teme, lo que necesita, sus sensaciones y emociones incluyendo las más desagradables e intensas, sin culpa, sin miedo de ser desestimado, ignorado, censurado. 

Que sepa que puede encontrar en nosotros, sus padres, la fuente de calma, comprensión, aceptación y ayuda para retornar al equilibrio, cada vez que lo necesite. Porque lo más difícil no es pasar por momentos de crisis donde los niños experimentan dolor, tristeza o miedo, sino sentirse solos en medio de estas circunstancias o vivencias.

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Berna Iskandar

@conocemimundo