Cenar tarde podría ser más perjudicial de lo que crees

Cenar tarde o comer apurados son hábitos que pueden ser perjudiciales para la salud. (Getty Creative)
Cenar tarde o comer apurados son hábitos que pueden ser perjudiciales para la salud. (Getty Creative)

Las costumbres del lugar en que vivimos, factores sociales o el ritmo de la vida muchas veces nos obligan a desarrollar hábitos alimenticios que no son del todo adecuados. Por ejemplo, no mantener un horario fijo para comer, comer apurados, o cenar tarde, entre otros.

Estos hábitos suelen impactar negativamente en algunos aspectos de nuestra salud. Pueden afectar nuestro metabolismo, entre otros mecanismos del organismo. No en vano es recomendable inculcar desde la infancia la importancia de la rutina para las actividades diarias como comer y dormir. Nos sentimos más seguros y el organismo -incluyendo nuestra mente- funciona mejor cuando establecemos rutinas para alimentarnos o para dormir.

Tener una alimentación irregular puede provocar cansancio, antojos de alimentos que maten el hambre de forma rápida y como consecuencia observamos aumento de peso y problemas digestivos, entre otros.

Al cenar tarde, o por lo menos en un horario muy cercano al de la hora de dormir, también podríamos estar afectando el funcionamiento ideal de nuestro cuerpo. Aunque se han desarrollado muchos estudios para explorar las causas de la obesidad, no hay demasiados que profundicen acerca de cómo comer tarde influye en la regulación del peso.

Motivados por conocer las razones de esta relación, investigadores de la Universidad de Harvard desarrollaron un estudio que reveló no solo que la hora de comer sí influye significativamente en la manera en que el cuerpo regula el apetito, gasta energía y almacena grasa, sino también por qué ocurre.

Family enjoying the weekend in their home
Family enjoying the weekend in their home

El doctor Frank Scheer, autor principal de la investigación, dijo que para entender por qué comer tarde se asocia con mayor riesgo de obesidad, analizaron protocolos de laboratorio con horarios estrictamente organizados en individuos con índices de sobrepeso quienes fueron documentando sus sensaciones de hambre y proporcionaron datos como temperatura y pruebas de sangre.

Los resultados arrojaron que comer más tarde influyó profundamente en las hormonas que regulan el apetito. Sobre todo los niveles de leptina, que se encarga de darnos sensación de saciedad se redujeron en quienes siguieron la alimentación tardía. Asimismo, este grupo también quemó calorías más lentamente.

Por otra parte, un estudio publicado en el International Journal of Obesity revisó el horario de las comidas en relación con el horario de sueño y vigilia, además de la asociación entre el horario de comer y el índice de masa corporal, pero además analizaron también el cronotipo, que es la “inclinación natural de su cuerpo a dormir en un momento determinado, o lo que la mayoría de la gente entiende como madrugador versus noctámbulo”, según Sleep Foundation.

El estudio arrojó que mayor consumo dietético al despertarse y menor ingesta cerca de la hora de dormir se asoció con índice de masa corporal más bajo, pero dependiendo del cronotipo la relación es diferente.

Quienes tienen mayor porcentaje de su ingesta durante la mañana también tuvieron menos probabilidades de tener sobrepeso u obesidad, sobre todo si son de cronotipo adelantado o matutino; mientras que el mayor porcentaje de ingesta por la noche se asoció con mayores probabilidades de aumento de peso, especialmente en quienes son noctámbulos.

Más allá del peso

Además de dificultades para regular el exceso de peso, comer tarde, o muy cerca de la hora de dormir también tiene otras consecuencias que van más allá. La doctora Ana Bellón dice en un artículo de su autoría que este hábito también se ha asociado a un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovaculares, e incluso cáncer de mama o de próstata.

Cenar tarde puede complicar el proceso de digestión y entorpecer el descanso. Si comemos justo antes de dormir pueden surgir problemas como acidez estomacal, indigestión y reflujo gastroesofágico. (Getty Creative)
Cenar tarde puede complicar el proceso de digestión y entorpecer el descanso. Si comemos justo antes de dormir pueden surgir problemas como acidez estomacal, indigestión y reflujo gastroesofágico. (Getty Creative)

Esto ocurre porque se afectan los niveles de melatonina, que es fundamental para dar la indicación al cuerpo del descanso. Esta hormona se produce bajo el estímulo de la oscuridad -esta es una de las causas por las cuales no debemos chequear el celular de madrugada- y si esto no ocurre de forma adecuada se ve afectado el funcionamiento de distintos órganos.

Además, cenar tarde puede complicar el proceso de digestión, sobre todo si vamos a dormir porque pueden surgir problemas como acidez estomacal, indigestión y reflujo gastroesofágico. También la digestión sube la temperatura corporal y ocupa procesos del organismo que más bien debería estar en descanso reparador.

Cenar tarde es un hábito muy arraigado en la cultura de muchos países. En España, por ejemplo, pueden comenzar a comer a las 9:30 de la noche, según un mapa viral de los horarios de cenar en Europa.

Al ser rasgos culturales, resultan difíciles de cambiar, pero lo que sí se puede establecer es que la hora de la cena se distancie de la de dormir para que no coincida el descanso con la digestión, con lo cual es aconsejable que, no solamente se haga se coma más liviano durante la noche, sino también hacerlo por lo menos dos horas antes de dormir.

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