La derrota de ‘Rescatando al soldado Ryan’ cambió a los Oscars para siempre

LOS ÁNGELES - 24 DE JULIO: La película
LOS ÁNGELES - 24 DE JULIO: La película "Rescatando al soldado Ryan", dirigida por Steven Spielberg. Visto aquí en primer plano, Tom Hanks (como el Capitán John H. Miller). Estreno en cines el 24 de julio de 1998. Captura de pantalla. Una imagen suprema. (Foto de CBS a través de Getty Images)

Hace 25 años que Steven Spielberg dejó una de las mejores secuencias introductorias para la posteridad. El desembarque en las playas de Normandía de Rescatando al soldado Ryan estremeció al mundo entero a golpe de autenticidad, realismo y violencia, reflejando la insignificancia de la vida humana entre los horrores de la guerra. Fue una secuencia impactante y visceral apoyada por un rodaje tembloroso con cámara en mano, tan visual como sonora, que elevó a la película al universo de las mejores producciones bélicas de los últimos tiempos. Sin embargo, a la obra maestra del director de E.T. le persigue un recuerdo que jamás olvidaremos y que nada tiene que ver con sus esfuerzos creativos: su fracaso inesperado en los premios Oscar cuando Shakespeare apasionado le arrebató la estatuilla que debió ser suya.

Aquella derrota no solo se quedó clavada como una espina que la comunidad cinéfila no perdona, sino que cambió el juego hollywoodense de manera radical. Porque, en pocas palabras, desde aquel momento y con la victoria de la comedia romántica de Gwyneth Paltrow, los premios Oscar cambiaron para siempre. Y en cierto sentido, Steven Spielberg fue responsable indirecto del cambio y, sin quererlo, de su fracaso.

Todavía recuerdo lo boquiabierta que me quedé la noche que Harrison Ford abrió el sobre y anunció el nombre de Shakespeare apasionado como ganadora del Oscar a Mejor Película en 1999. Y viendo la reacción histórica que persigue a la derrota, ahora se que no fui la única. Desde mi casa no daba crédito. Había visto las dos películas en el cine y mi experiencia cinematográfica me decía claramente cuál era la ganadora. Rescatando al soldado Ryan me había estremecido. Shakespeare apasionado no me había sorprendido en lo más mínimo ni aportado nada nuevo a mi vivencia como espectadora. Era otra comedia romanticona del montón. Buenas actuaciones, una puesta en escena preciosa y un vestuario de lujo, pero ligera y sin sorpresas.

Pero ganó. No solo se llevó la estatuilla a Mejor Película, sino también otras seis más a Mejor Actriz para Gwyneth Paltrow (personalmente siempre defenderé que Cate Blanchett lo merecía más por su trabajo en Elizabeth), Actriz de reparto (Judi Dench), Guion y Banda sonora (cuando estas últimas dos también las merecía la obra bélica), dirección artística y vestuario. En cambio, la producción de Steven Spielberg se llevó cinco premios a Mejor Director, Fotografía, Edición, Sonido y Efectos de sonido.

LOS ANGELES, UNITED STATES:  (From L-R) Best Actress Gwyneth Paltrow for

La derrota inesperada de la película protagonizada por Matt Damon y Tom Hanks se convirtió en un agujero profundo en la historia de los Oscar. El mundo entero se preguntaba qué había pasado. ¿Cómo habían los académicos elegido a la comedia romántica por encima de la producción bélica que había conmocionado al mundo? Resulta que la respuesta la encontramos en Harvey Weinstein.

Antes de que se convirtiera en el ogro desterrado de la era #MeToo –que resultó en una condena conjunta de 39 años de prisión– el productor reinaba en Hollywood a su antojo. Y los Oscar eran su reinado. Básicamente convirtiendo a la temporada de premios en la baza principal tras sus estrategias de marketing. Lo hizo con Pulp Fiction, Mente indomable y, también, Shakespeare apasionado. Las nominaciones y premios le daban prestigio a su casa productora, Miramax, que luego alimentaba la maquinaria consecuente en taquilla y otras producciones. Fue el terreno donde acumuló reconocimiento y poder en la industria.

Antes de la victoria de Shakespeare apasionado, la campaña previa a los premios Oscar era una competencia cordial, con proyecciones privadas para académicos y sindicatos, así como publicidades en periódicos y revistas del sector que promocionaban el interés de los estudios de que ciertas películas formaran parte de las candidaturas. Lo que se conoce como ‘For your consideration’. Los actores o cineastas daban entrevistas para promocionar el estreno y listo. A otra cosa mariposa.

Sin embargo, con Harvey Weinstein y su cuento del Shakespeare enamorado todo cambió, siendo artífice del monstruo promocional que ahora comienza en septiembre y termina el día que cierran las votaciones (en febrero). Es decir, un bombardeo publicitario que arranca en los festivales de Venecia y Toronto (entre agosto y septiembre), y que lleva a sus artistas a acompañar el viaje promocional hasta los Oscar, dando más entrevistas después del estreno, participando de proyecciones especiales, dando sesiones de preguntas y respuestas, y asistiendo a eventos promocionales de la “temporada de premios”.

LOS ÁNGELES - 24 DE JULIO: La película
LOS ÁNGELES - 24 DE JULIO: La película "Rescatando al soldado Ryan", dirigida por Steven Spielberg. Visto aquí, Matt Damon (como el soldado James Francis Ryan, de la 101st Airborne). Estreno en cines el 24 de julio de 1998. Captura de pantalla. Una imagen suprema. (Foto de CBS a través de Getty Images)

“Todo empezó con Harvey”, dijo un publicista a Vanity Fair en 2017. “No recuerdo jamás sentir ese tipo de presión por parte de otros estudios. Él era como ‘¿Puedes hacer estas llamadas a la radio toda la mañana?’ Llama a clientes directamente y los culpa. Es una bestia”.

“No era decir a las estrellas, 'Está bien, pueden ir a un par de programas de entrevistas para el estreno de la película y hacer un fin de semana de entrevistas en un viaje y muchas gracias por ayudar'”, dijo Mark Gill a Vanity Fair, presidente de Miramax en Los Angeles en aquella época. “Era más bien, ‘Buenos días. Tienes tres meses más que dar la mano y besar bebés’”.

La agresividad publicitaria de Weinstein llegó tan lejos como supuestamente esparcir el rumor de que todo lo bueno de Rescatando al soldado Ryan sucedía en los primeros 15-20 minutos durante el desembarco en Normandía. Que el resto eran tonterías sentimentales. Y su jugada habría funcionado.

Y así, mientras Harvey Weinstein paseaba a Gwyneth Paltrow por eventos, entrevistas y proyecciones con el director John Madden, y empapelaba Hollywood con su película, Steven Spielberg mantenía el juego tradicional donde todas las producciones jugaban las mismas cartas. No quiso seguir el mismo juego. “Se instó a Spielberg a contrarrestar… y Spielberg, siendo una buena persona normal y bien adaptada que creía en el proceso [dijo] ‘No, no voy a hacer campaña para mi película. Haré promociones para mi película, pero no voy a tratar de encantar a la gente y enviarles cosas para que voten por mi película”, dijo el periodista Ben Mankiewicz hace unos años a Den of Geek.

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LOS ÁNGELES - 24 DE JULIO: La película "Rescatando al soldado Ryan", dirigida por Steven Spielberg. Aquí, las tropas avanzan en Normandía el día D, 6 de junio de 1944. Estreno en cines el 24 de julio de 1998. Captura de pantalla. Una imagen suprema. (Foto de CBS a través de Getty Images)

En otras palabras, Spielberg no quiso entrar en el juego de Weinstein. Tal vez no vio que, si ganaba, estaría cambiando las reglas de la temporada de premios. Y la decisión le costó caro. Porque la campaña de Harvey Weinstein habría calado tanto entre los académicos ante semejante bombardeo, que su película se llevó la victoria contra todo pronóstico.

Desde entonces, la temporada de premios se ha convertido en un juego promocional con sus reglas, pero donde las campañas comienzan lo antes posible entre las películas que pasan por los festivales que sirven como pistoletazo de salida a la temporada (Venecia o Toronto), y luego se amplía con los estrenos que van llegando hasta diciembre. Todo esto acompañado por campañas promocionales bestiales, intentando llegar a cada académico votante.

Es cierto que los Oscar han ido cambiando. Que el afán por premiar a grandes producciones de los ’90 (Titanic, Corazón valiente, Forrest Gump) no es el mismo. Que, además, existe una gran diferencia entre la maquinaria comercial de blockbusteres que no busca, ni necesita, el prestigio de los Oscar. Un hecho que abrió la posibilidad a las victorias de Moonlight, Párasitos, CODA, Nomadland o Todo en todas partes al mismo tiempo. Pero por más que la Academia amplíe sus horizontes hacia historias más diversas e independientes, no deja de existir el hecho de que ahora, y desde Shakespeare apasionado, todo Hollywood se vuelca en una carrera brutal para ser ganadores de la estatuilla dorada. Un ejemplo claro lo vimos recientemente con Todo en todas partes al mismo tiempo. La campaña de la película fue abrumadora con publicaciones en redes sociales de sus actores prácticamente diarias (Jamie Lee Curtis no se cansó de celebrar a su compañera Michelle Yeoh constantemente), sumado al desfile de sus actores por todas las galas y ceremonias, y entrevistas a diestro y siniestro que derivaron en que una película pequeña terminara en boca de todos.

Y aunque la propia Academia sabe que cometió un error como demostró The Hollywood Reporter cuando repitió la votación a través de cientos de académicos en 2015, que rectificaron y eligieron a Rescatando al soldado Ryan como la película que debería haber sido ganadora, me pregunto qué hubiera pasado si Steven Spielberg hubiera hecho frente a la campaña de Harvey Weinstein.

Quién sabe… tal vez su película hubiera ganado y la temporada de premios no habría tenido un precedente tan claro sobre cómo arrebatar la atención de manera unánime que terminó cambiando, para siempre, el camino hacia los Oscar.

Este artículo fue escrito en exclusiva para Yahoo en Español por Cine54.

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