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La desaparición injusta de una promesa de Hollywood tras el papel de su vida en 'Blade Runner'

Harrison Ford y Sean Young en el set de 'Blade Runner', dirigida por Ridley Scott. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis a través de Getty Images)
Harrison Ford y Sean Young en el set de 'Blade Runner', dirigida por Ridley Scott. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis a través de Getty Images)

Sean Young parecía tener a Hollywood a sus pies en los años 80. Duna, Blade Runner o Wall Street fueron algunas de las películas que la colocaron en el horizonte del público con una de las carreras más prometedoras de la época. Sin embargo, 40 años más tarde casi no sabemos nada de ella tras haber sufrido el destierro profesional por culpa de los rumores y la imposición de una mirada críticamente misógina sobre cada cosa que hacía.

La verdad es que no importa cuándo hayas visto Blade Runner, si en 1982 o después de convertirse en clásico de culto, porque el impacto que produce la actriz al aparecer por primera vez en pantalla sigue siendo el mismo. Y no solo por la estética superficial que desprende su presencia en el papel de Rachael (tan imitada en el cine de ciencia ficción), sino por la vulnerabilidad que transmite en la secuencia. Y es que siempre estuve convencida de que, en la piel de otra actriz, la replicante más humana del clásico de Ridley Scott hubiera sido un personaje secundario más, pero en Sean Young se hizo legendaria cuando apenas tenía 22 años y poca experiencia ante las cámaras.

Sin embargo, cuando Denis Villeneuve dirigió la secuela 35 años después (y con Ridley Scott como productor ejecutivo), muchos nos quedamos decepcionados al ver al personaje en forma de holograma. Rachael había muerto años atrás y el villano de Jared Leto la reanimaba para hacerla aparecer durante un minuto en un intento por manipular a Deckard (Harrison Ford). Pero la terminaba ejecutando de un tiro en la cabeza: Rachael era brutalmente descartada como reflejo del destino profesional que vivió la actriz en Hollywood.

¿Qué pasó entonces para que una figura en pleno ascenso profesional desapareciera de repente del mapa? Según contó ella misma, perdió su lugar por culpa de “hombres poderosos y vengativos”, poniendo sobre la mesa los nombres de James Wood, Warren Beatty, Steven Spielberg, Harvey Weinstein y Ridley Scott.

La actriz estadounidense Sean Young como Rachael, en una escena del thriller futurista 'Blade Runner' de Ridley Scott, 1982. (Foto de Warner Bros./Archive Photos/Getty Images)
La actriz estadounidense Sean Young como Rachael, en una escena del thriller futurista 'Blade Runner' de Ridley Scott, 1982. (Foto de Warner Bros./Archive Photos/Getty Images)

Básicamente, la historia de Sean Young es una de las más injustas del #MeToo. Si recurrimos a la hemeroteca de las redes, podemos encontrar infinidad de artículos que incluían el adjetivo de “difícil” a raíz de anécdotas que elevaban la versión masculina sobre la suya. Porque, en realidad, ella nunca tuvo el beneficio de la duda. Así era Hollywood hasta hace unos pocos años y, en consecuencia, vio cómo su teléfono dejaba de sonar, las ofertas cesaban y debía ganarse la vida con películas menores, teatro local y hasta algún programa de telerrealidad penoso.

El tema más recurrente que se suele recordar es su pleito legal con James Wood. Después de trabajar juntos en La tensión (1988), y cuando se rumoreaba que habían vivido un romance en el set (que ambos negaron), el actor y su prometida de entonces, Sarah Owen, la demandaron por varios millones de dólares (algunos medios dicen 2, ella dijo 6 en una ocasión en el programa de David Letterman) acusándola de acoso, diciendo que había dejado una muñeca vudú en la puerta de su casa. Es la historia principal de su vida mediática que se terminó convirtiendo en su letra escarlata profesional.

Sin embargo, pocas veces se dijo que la demanda fue retirada y que James Wood tuvo que pagarle 227.000 dólares para cubrir sus costas legales. “No lo entendía”, explicó Sean en una entrevista concedida a Daily Beast en 2021. “Fue tan loco y estúpido, y una pérdida no solo de mi tiempo, tampoco fue bueno para él. ¿Por qué quitarle toda la atención a la película y dedicárselo a esto?”

Según explicó a EW en 2007, todo se resumió en “dos personas conspirando para tenderme una trampa y hacerme quedar como loca, parcialmente por su propia enfermedad mental y por venganza”. El medio contactó a James Wood al respecto -ya divorciado y casado con otra mujer- quien dijo: “Amo y admiro a Sean y en realidad tiene mitad de razón”.

A su vez, Daily Beast le recordaba una entrevista que concedió a Carl Reiner en 2009 donde el actor decía que la reputación de Sean Young había sido destruida por un director famoso. Al preguntarle si se refería a Warren Beatty, la actriz aseguró: “Warren fue definitivamente uno de ellos. Steven Spielberg fue otro”.

“No es solo Warren. Es todo el tablero. Desde que el negocio del cine comenzó las mujeres han sido tratadas como una mercancía. Siempre había alguien tocándote y lo ignorabas. Es decir ¿le echaron un vistazo a Harvey Weinstein? ¿Cómo mierda iba a acostarse con alguien sin tener poder? Nunca”.

LOS ÁNGELES, CA - 28 DE ENERO: La actriz Sean Young y el director Steven Spielberg hablan durante la 58.a edición anual de los Premios del Sindicato de Directores de América celebrada en el Hyatt Regency Century Plaza el 28 de enero de 2006 en Los Ángeles, California. EXCLUSIVO. (Foto de Vince Bucci/Getty Images)
LOS ÁNGELES, CA - 28 DE ENERO: La actriz Sean Young y el director Steven Spielberg hablan durante la 58.a edición anual de los Premios del Sindicato de Directores de América celebrada en el Hyatt Regency Century Plaza el 28 de enero de 2006 en Los Ángeles, California. EXCLUSIVO. (Foto de Vince Bucci/Getty Images)

En 2017 confesó al mundo que ella también sufrió el acoso del productor cuando presuntamente expuso sus genitales durante el rodaje de Crímenes de amor en 1992 (una película producida por la entonces empresa de Weinstein, Miramax). “De verdad que no sacaría esa cosa porque no es linda. Guárdatela”, dijo haberle respondido a Weinstein. Según ella, fue entonces cuando empezó a ganarse una mala reputación. Por haberle dicho que no.

En cuanto a Ridley Scott, aseguró que el director quería salir con ella durante el rodaje de Blade Runner, pero que nunca le devolvió el interés. Y, según sus palabras, estaba convencida de que la escena sexual “agresiva e incómoda” con Harrison Ford sucedió porque el director buscaba vengarse en cierto modo de ella. Y es por este motivo que cree que no la incluyeron en la secuela de forma presente.

“Estaba muy claro que sabían que el público se enfadaría de que yo no estuviera, pero no querían que contara nada públicamente. Así que me pagaron un poco de dinero, me hicieron firmar un acuerdo de no divulgación y me dieron 30 segundos”, cuenta la actriz sobre el cameo en forma de holograma de Rachael. “Sí, le dieron trabajo a mi hijo Quinn en artes visuales y les dije que estaba todo perdonado”.

Sean también recordaba el episodio que vivió con Charlie Sheen en el set de Wall Street en 1987, cuando el actor le pegó un cartel en la espalda con un insulto agresivo hacia la mujer en idioma inglés. Cuenta que el polémico intérprete consumía cocaína en el rodaje, que era “horrible”, y que terminó llamando a Oliver Stone “bastardo” tras descubrir que habían reducido su personaje en la historia.

En la película, Sean interpretaba a la esposa de Gordon Gekko (Michael Douglas) y aquel choque habría determinado su eliminación casi completa del metraje. Ella misma cree que fue una decisión motivada por haberse enfrentado al director cuando defendió a Daryl Hannah, a quien supuestamente estaban obligando a llevar un vestido que la hacía sentir incómoda. “Miré a Oliver y le dije ‘Oliver ¿por qué querrías que lleve un vestido en el que no se siente cómoda?’”, y a continuación, según la actriz, el director le dio la única línea de diálogo que tenía en la escena a Daryl y la despidió en ese instante. Un chófer la llevó hasta una estación de autobús y adiós a Wall Street.

Los actores estadounidenses Charlie Sheen y Michael Douglas en el set de Wall Street, escrita y dirigida por Oliver Stone. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis a través de Getty Images)
Los actores estadounidenses Charlie Sheen y Michael Douglas en el set de Wall Street, escrita y dirigida por Oliver Stone. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis a través de Getty Images)

También contó que ofendió a Steven Spielberg el día que le preguntó al director por qué no le había dado el papel de Marion Ravenwood en Los cazadores del arca perdida. Estaban en una fiesta de fin de año y al parecer, el director reaccionó a la defensiva asegurando que “no la había engañado”, aunque ella no entendía que la hubiera hecho volar dos veces a California y no le diera el papel.

El único que salía bien parado de su confesión era Jim Carrey con quien trabajó en Ace Ventura, un detective diferente (1994), su último blockbuster. Dice que “fue el único protagonista masculino” que peleó contra la productora para conseguir que la contrataran.

Sin embargo, su destierro de Hollywood está repleto de más anécdotas que, en conjunto, completaron la retórica de ser una actriz caída en desgracia.

A finales de los 80, Warren Beatty la seleccionó para el papel de Tess Trueheart en la poco acertada Dick Tracy (1990). Pero tras siete días de rodaje la reemplazaron por Glenne Headly, supuestamente porque Beatty y ella no se llevaban bien (EW, 2007). O al menos esa fue la versión oficial. En cambio, ella dijo que la despidieron por negarse a los intentos de seducción de Beatty, y él lo negó asegurando que simplemente se había equivocado al elegirla. (iMDB)

Otro de los momentos más bizarros que protagonizó en los 90s fue cuando apareció vestida de Catwoman en los estudios Warner Bros. demandando que Tim Burton le diera unos minutos. Sean Young había sido la actriz elegida para interpretar a Vicki Vale en la primera película de Batman del director, sin embargo, se rompió el hombro al caer de un caballo durante una secuencia y fue reemplazada por Kim Basinger. Al conocer que el director preparaba la secuela y que incluiría al personaje de Catwoman, se armó de valor, se hizo un disfraz casero y fue en su búsqueda. Pero no lo consiguió.

El estudio le pidió que se marchara y a continuación se presentó en el programa de Joan Rivers, otra vez como Catwoman, para hacer una especie de audición en la distancia. "Tim Burton no tenía sentido del humor", dijo en la entrevista mencionada.

Sin embargo, así como sucedió con el resto de las anécdotas, el stunt fue visto como un acto desesperado y ridículo, convirtiéndose en el hazmerreír de los tabloides y en otra letra escarlata más.

La guinda final llegó cuando en los premios del Sindicato de Directores de 2008 interrumpió el discurso de Julian Schnabel al pegar un grito en estado de ebriedad. La seguridad del evento la terminó echando y en 2012 fue arrestada cuando propinó un golpe a un guardaespaldas cuando la descubrieron en una fiesta de Vanity Fair sin entrada. Otra historia más que la tachaba de ridícula en una industria que vive de la perfección ilusoria del glamur. Sin embargo, ella misma contó tiempo después que si llegó a caer tan bajo fue porque había llegado a su límite.

Y si bien no es agrado de nadie que una persona ebria te arruine un momento de gloria como le pasó a Schnabel, podemos ejercitar la empatía y comprender la actitud de la actriz. Simplemente si tenemos en cuenta su versión de cada historia vivida, o imaginamos que al menos la mitad sea la pura verdad o su perspectiva de cada experiencia, estaríamos ante una mujer que habría sufrido el destierro tras vivir una continuación constante de situaciones inapropiadas. Cualquiera habría estado rabioso en su lugar. En la entrevista a Daily Beast contaba que la industria la percibía como una persona “ofensiva”, pero aclaraba que su actitud se debía a que “estaba enfadada”.

“Sentía que ‘esto era serio. Esta era mi carrera. No podían ponerme en la lista negra’. Fue terrible”, confesaba.

NUEVA YORK, NUEVA YORK - 11 DE MARZO: La actriz Sean Young asiste a la proyección de
NUEVA YORK, NUEVA YORK - 11 DE MARZO: La actriz Sean Young asiste a la proyección de "The Hummingbird Project" en Nueva York en Metrograph el 11 de marzo de 2019 en la ciudad de Nueva York. (Foto de Jim Spellman/WireImage)

Viendo entrevistas suyas del pasado podemos descubrir a una actriz que decía lo que pensaba sin callarse nada. Espontánea, natural y con una risa contagiosa que, estando en la cima o no, no disfrazaba su personalidad ante las cámaras. Ella misma confesó a David Letterman que era una persona que vivía con las emociones a flor de piel y que hablaba más de la cuenta.

Me recordó mucho a Jennifer Lawrence, un personaje que más allá de sus películas y talento, conectó con el público por sus meteduras de pata y honestidad sin filtros. La diferencia es que a Sean Young le habría tocado vivirlo en una industria liderada por hombres poderosos que podían dinamitar una carrera prometedora, como fue Harvey Weinstein.

Fue de las pocas que se quejó públicamente en los 90s de que los hombres cobraran salarios de “seis o siete millones” y actrices como ella recibieran “menos de un millón” (YouTube, David Letterman). Y a pesar de haber sido una actriz solicitada que disputó algunos de los papeles femeninos más importantes de los 90s, a Sean le tocó sufrir las consecuencias de la misoginia de Hollywood. Le tocó alejarse y optó por instalarse en Arizona con su marido y sus hijos. Incluso tocó fondo cayendo en el alcoholismo, hasta que buscó ayuda en Alcohólicos Anónimos.

En 2007, el director Joel Schumacher dijo a EW que cuando la contrató para Un toque de infidelidad (1989) recibió “un montón de llamadas de gente diciendo que estaba loca”, sin embargo, él disfrutó trabajando con ella.

“Sean es una artista y no sabe cómo monitorearse a sí misma. Te presenta su mapa emocional del día y puede ser aterrador”, reveló sobre la entrega emocional de la actriz a sus papeles en cada día de rodaje. Por su parte, James Dearden, quien la dirigió en Un beso antes de morir de 1991, también la defendió, diciendo: “Los aspectos más extravagantes de su comportamiento destacan en un marcado alivio frente a estos oscuros rumores, y la gente se forma una impresión bastante extraña. Tiene muy buen corazón y, desafortunadamente, eso es lo que la gente que no la conoce no ve".

“Por supuesto que si hubiera sido hombre me habrían tratado mejor”, dijo Sean Young en una entrevista a The Guardian en 2015, dos años antes que el movimiento MeToo dejara en evidencia la cultura del secretismo y protección machista que manejó al negocio durante décadas. “¿Por qué los tipos que manejan Hollywood son incapaces de honrar a las mujeres?”, se preguntaba. “Quizás porque todos esos tipos no fueron la primera elección de las mujeres en su juventud. Pero pueden llegar a la cima en Tinseltown y perpetuar la ilusión desesperada de que son poderosos”.

El tiempo pasó y Sean Young se reubicó lejos de la meca del cine. En la actualidad se mantiene conectada al público a través de películas independientes y teatro local, mientras comparte su rutina diaria en Facebook con videos de sus clases de tap o salidas en familia.

Al parecer vive una vida normal, pero lejos de los focos que brillaron sobre ella hace cuatro décadas y que, de repente, dejaron de enfocarla de la noche a la mañana.

En resumen, es ahora, con la perspectiva que otorgan los trapos sucios destapados de Hollywood y el giro radical en la percepción social de dar credibilidad a las víctimas, que la historia de Sean Young puede cobrar la retórica amable que no tuvo durante décadas.

No sabemos si tiene la verdad absoluta en todas las anécdotas que marcaron su vida profesional, pero parece evidente que fue desterrada de las grandes ligas sin motivos específicamente laborales. Después de todo, su talento quedó plasmado para la eternidad ante las cámaras. Era real y su relevancia artística, también. Y es cuando observamos su versión de los hechos (hay muchos más pero serviría para escribir un libro) que nos preguntamos si fue una víctima más de ese Hollywood que imponía la visión machista por encima de cualquier actriz que vertía su opinión, voz y deseos en voz alta.

Porque si comparamos las locuras de Sean Young disfrazada de Catwoman o sus intentos desesperados por formar parte de Hollywood, con los arrestos de Robert Downey Jr. y sus problemas con el alcohol -llegó a entrar en la casa de un vecino para quedarse dormido, borracho, en la habitación del niño-, ¿por qué tuvieron un trato diferente con ella?

Sean se tuvo que marchar y mudarse a otro estado donde rehacer su vida mientras se gana la vida en el teatro local y películas sin relevancia comercial. En cambio, él tuvo la oportunidad de redención y se convirtió en uno de los actores mejor pagados de la historia.

En su última aparición en David Letterman en 2011 -al que visitó varias veces a lo largo de su carrera (merece la pena ver las entrevistas, su buen humor y espontaneidad son francamente inigualables)- hizo una petición a Hollywood. Pidió que la llamaran, que quería trabajar, que haría el papel que fuera. Una escena que resulta injusta y triste cuando eres un cinéfilo que recuerda sus trabajos con especial cariño.

Este artículo fue escrito en exclusiva para Yahoo en Español por Cine54.

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