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El dilema de Ellen Burstyn en 'El exorcista: Creyentes' por culpa de otra saga clásica de terror

The Exorcist Ellen Burstyn and Max Von Sydow in scene from the William Friedkin 1973 classic. (Photo by Screen Archives/Getty Images)
The Exorcist Ellen Burstyn and Max Von Sydow in scene from the William Friedkin 1973 classic. (Photo by Screen Archives/Getty Images)

Blumhouse Pictures, la productora detrás de La noche del demonio, M3gan, La noche de la expiación y otros éxitos recientes del cine de terror, encontró una nueva gallina de los huevos de oro cuando resucitó la saga Halloween recuperando la esencia original de la franquicia. Traer de vuelta a Jamie Lee Curtis como Laurie Strode, con una secuela directa de la cinta de 1978 que ignoró el resto de entregas, dio juego a usar la nostalgia en el mejor sentido posible, recordándonos todo aquello que tanto amamos de las fechorías de Michael Myers mientras se adentraba en nuevos terrenos.

La cinta, dirigida por David Gordon Green, fue uno de los mayores éxitos de taquilla de Blumhouse y dio lugar a una nueva trilogía de películas, lo que inevitablemente encendió la chispa en la productora para repetir jugada con otros clásicos de terror. Así, tras poder hacerse con los derechos de El exorcista, el clásico de terror de 1977 protagonizado por Linda Blair que aun se erige como el fenómeno de horror más grande de todos los tiempos, anunciaron que desarrollarían otras tres películas siguiendo el mismo esquema.

Obviamente, esto pasaba por recuperar miembros de su reparto original, y aunque un esperado regreso de Blair como la espeluznante niña Regan no fue anunciado, nos daría el placer de volver a ver a la mítica Ellen Burstyn reinterpretar el papel de su madre en una cinta que apuntaba a replicar la apuesta por la nostalgia de Halloween. Sin embargo, pese a que Blumhouse también volvió a poner tras las cámaras a Gordon Green, los resultados de esta película, titulada como El exorcista: Creyentes, y la forma en la que usa este sentimiento nostálgico con Burstyn han sido muy diferentes de lo que podríamos esperar.

Uno de los problemas es que el perfil comercial de Burstyn no está a la altura del de Jamie Lee Curtis para sostener una cinta de terror de estas características. Al fin y al cabo, no era la gran protagonista de El exorcista y nunca se la consideró una estrella del cine de género. Es una actriz a reivindicar con muchos trabajos potentes en su carrera, como el caso de Alicia ya no vive aquí de Martin Scorsese o Requiem por un sueño de Darren Aronofsky, pero no un aliciente para despertar un fuerte sentimiento nostálgico en el cine de terror.

Se ve claramente cuando El exorcista: Creyentes no sabe qué hacer con su personaje. Apenas se deja ver en un par de escenas, y su única importancia en la trama es contar que ya se enfrentó a una posesión en los acontecimientos de la cinta original. Se queda en algo anecdótico, no teniendo nada que ver con la adrenalina que sentimos volviendo a ver a Laurie Strode en acción en el relanzamiento de Halloween en 2018 (que se saldó con un recibimiento positivo de $259 millones en taquilla, cuando había contado con un presupuesto de $10 millones). Además, el resto de las ideas que propone esta secuela están lejos de captar el interés.

La historia trata de innovar a través de un vínculo sentimental padre-hija, en el que también se pretende usar el dolor del personaje de Burstyn por la niña Regan como punto de anclaje. Es un punto de vista interesante de cara a conectar con nuestro lado más nostálgico, pero el problema es que la película no se esfuerza en captar nuestra atención.

Ellen Burstyn y el director David Gordon Green en el set de El exorcista: Creyentes (Foto: Anne Marie Fox / Universal Pictures
Ellen Burstyn y el director David Gordon Green en el set de El exorcista: Creyentes (Foto: Anne Marie Fox / Universal Pictures

Todo su primer tramo reúne lo peor de cualquier telefilm de la sobremesa, con situaciones empalagosas y un desarrollo argumental previsible que solo conduce al aburrimiento. Una vez que entra en materia, estamos tan desconectados que es imposible sentir interés por lo que pasa en pantalla, y mucho menos si no sabe cómo huir de todos los tópicos posibles del cine de posesiones.

En su día, fue un buen trabajo de atmósfera, maquillaje y dirección lo que convirtió a El exorcista en una cinta rompedora que generó imágenes que aun resuenan en nuestras pesadillas, pero aquí no hay ni tensión ni esfuerzo por volver a romper esquemas. Ni siquiera es capaz de generar algún jumpscares en sus fallidos intentos de recurrir al susto fácil. Además, si le sumamos lo saturado que ha estado el cine de posesiones y los infinitos intentos de acercarse a este clásico de los ‘70, El exorcista: Creyentes se queda como otra película más entre muchas.

Podría decir que es una pena que este relanzamiento de El exorcista no haya salido bien, pero tras ver la película pienso que era misión imposible alcanzar su meta de repetir el éxito de Halloween. Posiblemente en taquilla lo consiga gracias al renombre de la franquicia, pero el poder de Ellen Burstyn en el terror es limitado y hace inevitable que el film pierda su mayor baza, es decir, su poder nostálgico. Y mucho más si lo comparamos con lo que logró Jamie Lee Curtis. Al final, se queda en otra cinta genérica y aburrida de exorcismos.

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