El autocuidado: la única herramienta de protección en tiempos de pandemia

Adriana Terán
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(Getty Creative)
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El autocuidado es en esencia, la práctica de cuidar de nosotros mismos, de nuestro bienestar y de nuestra calidad de vida, y no solamente en momentos de mucho estrés, sino que se ha convertido –de la noche a la mañana-, en la única herramienta de protección en tiempos de pandemia.

Tanto en Nueva York como en Madrid prepararon guías de mejores prácticas sexuales durante el confinamiento y entre las recomendaciones estaban, en primer lugar: la masturbación; en segundo lugar, la abstinencia y luego, el autocuidado.

¡Sí! Así de amplia es esta práctica, que en tiempos muy duros forma parte de un ABC de supervivencia.

Según la psicóloga Martina González Veiga, conectar contigo mismo, sentirte y acompañarte es cuidarte emocionalmente.

Una dieta sana es parte de los autocuidados necesarios. (Getty Creative)
Una dieta sana es parte de los autocuidados necesarios. (Getty Creative)

Cómo lograr autocuidarse

La fortaleza emocional es un pilar fundamental para permanecer firme ante las exigencias de la vida cotidiana, y también ante los nuevos desafíos que afronta la humanidad, ahora más que nunca descubierta como vulnerable y frágil.

Aunque la OMS definió el autocuidado, en 1998, como “todo lo que hacemos por nosotros mismos para establecer y mantener la salud, prevenir y manejar la enfermedad”, es un término que abarca no solamente la higiene personal; la nutrición equilibrada; y hábitos de estilo de vida, sino también el tiempo que dedicamos a nosotros mismos con consciencia plena y disfrute.

Como explica la psicóloga Sara Sanchis, se trata, en realidad, de una actitud de respeto hacia nosotros mismos que repercute en nuestro entorno.

De esta manera, en una lista de hábitos de autocuidado están la práctica de ejercicio físico, evitar las sustancias tóxicas, el descanso reparador, hábitos de higiene e incluso los de belleza, pues el sentirnos bien por fuera influye en estar bien por dentro; el disfrute del contacto con la naturaleza, y practicar actividades que nos hacen felices sin tapujos.

El ejercicio, pieza fundamental del autocuidado. (Getty Creative)
El ejercicio, pieza fundamental del autocuidado. (Getty Creative)

En las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, el autocuidado estaba relacionado con la preservación de la salud, la prevención de las enfermedades e incluso, con la libertad individual, y la capacidad de relacionarse socialmente.

Asimismo, ha sido relacionado con las luchas sociales y de género, y más recientemente con una forma de preservar la salud ante las competitivas exigencias laborales actuales.

El autocuidado como hábito

Así, mientras mayores son los retos profesionales, mayor es el agotamiento y menor el tiempo para nosotros mismos, convirtiendo el hecho de cuidarnos en una obligación que siempre puede esperar.

No se trata de jugar al “spa en casa” un sábado en la tarde o dedicar unas horas a los videojuegos.

Se trata de hacernos conscientes de que somos los únicos responsables de nuestro bienestar, pero más que como una tarea que está de moda, como un acto genuino en el que aceptamos no ser perfectos, ser vulnerables, equivocarnos y también reinventarnos.

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La pausa obligada por la pandemia, nos lleva al autocuidado. (Getty Creative)
La pausa obligada por la pandemia, nos lleva al autocuidado. (Getty Creative)

La pausa mundial obligada por la pandemia, no solo lanzó al traste los conceptos comerciales del autocuidado que lo vinculaban con el logro de un cuerpo esbelto y una vida saludable perfecta para compartir en redes sociales, sino que también nos puso frente a frente, por una parte, con el hecho de que cuidarnos a nosotros mismos es la mejor manera de protegernos de la enfermedad, de mantenernos genuinamente sanos como método de defensa; y por otro, con que al practicar el autocuidado -porque no tenemos otras prioridades-, podemos darnos cuenta de su verdadera importancia.

Ya no es una práctica que hay que llevar a cabo por el compromiso de estar bien. Sino que, al no tener otra alternativa que hacernos responsables de nosotros mismos integralmente, hemos encontrado su verdadero sentido.

¡Que se mantenga el hábito! pues como muchos dicen, después de todo esto, ya no seremos los mismos.

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