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El giro de 'Wonka': como si la película de Johnny Depp nunca hubiera existido

La precuela de 'Charlie y la fábrica de chocolate' deja de lado el humor negro de Tim Burton y apela a la nostalgia

Timothée Chalamet es Willy Wonka en la película de Warner Bros. Pictures 'Wonka' (Foto: Jaap Buittendijk/Warner Bros. Pictures)
Timothée Chalamet es Willy Wonka en la película de Warner Bros. Pictures 'Wonka' (Foto: Jaap Buittendijk/Warner Bros. Pictures)

Después de que Gene Wilder y Johnny Depp dejaran su huella en un personaje tan icónico como Willy Wonka, la idea de resucitar Charlie y la fábrica de chocolate con un nuevo actor se antojaba peligrosa. La nostalgia juega un papel importante en la mente de los espectadores y ha sido notorio desde que Warner Bros. anunciara una precuela del clásico de Roald Dahl protagonizada por Timothée Chalamet, de la que no han faltado comentarios sobre el descaro comercial del proyecto, la falta de ideas que arrastra Hollywood o las dudas sobre si la estrella de Duna o Llámame por tu nombre sería capaz de emular la iconicidad de Wilder o Depp. Por suerte, las incógnitas han quedado resueltas en el mejor sentido posible, aunque con una ligera decepción para los que amaron la película de Tim Burton de 2005.

Centrada en las aventuras del chocolatero antes de la apertura de su fábrica de dulces, Wonka se erige como un claro homenaje a la película de 1971 protagonizada por Gene Wilder. La cinta recurre a ideas de su imaginario visual, sobre todo en lo que se refiere a los diseños estéticos de entornos, vestuario y personajes, como bien ejemplifica la vuelta de los Oompa Loompa originales con su pelo verde y rostro anaranjado. Más claro queda en su apartado sonoro, recuperando melodías y canciones como la mítica Pure Imagination, cuyos acordes suenan desde el mismo inicio despertando nuestra más profunda nostalgia.

En este aspecto, creo que lo que más destaca es la interpretación de Timothée Chalamet, que consigue replicar los tics, el excentricismo y magia de Gene Wilder sin renunciar a su estilo personal, logrando un equilibrio perfecto entre la añoranza y la novedad, que es justo lo que busca esta vuelta a la gran pantalla de Willy Wonka. En este sentido, la película no se limita a despertar los sentimientos de aquellos que busquen volver a la magia del film de los '70 y tratar de trasladarla a nuevos espectadores, también busca ser una película 100% actual y capturar las nuevas y más exitosas fórmulas del cine familiar, un objetivo que cumple con creces.

Desde Warner Bros. han apostado por un director como Paul King, el responsable de las dos películas de Paddington. Como bien saben aquellos que disfrutaron de estas aventuras cinematográficas del osito británico, fueron títulos que desprendieron tal ternura, diversión y carisma a través de una puesta en escena juguetona e inteligente que modernizaba la fórmula familiar de títulos de los '90 como Stuart Little, La llave mágica o Mis pequeños inquilinos, que fue muy difícil no caer rendidos ante ellos. De hecho, en webs como Rotten Tomatoes, Paddington 2 se erigió como una de las cintas más aclamadas de todos los tiempos e hizo que internet se volviera loco.

UNA REVOLUCIÓN PARA EL CINE FAMILIAR QUE IGNORA A JOHNNY DEPP

Viendo Wonka, es innegable que este mismo espíritu la impregna, sobre todo en lo que se refiere a la ternura de sus personajes y la diversión de su mundo de fantasía. En un universo tan dulce, excéntrico y lleno de ideas visuales, todo encaja tan bien y se complementa a la perfección con el aroma nostálgico hacia la cinta de Gene Wilder que hace del título de Timothée Chalamet una auténtica revolución para el cine familiar. Al fin y al cabo, los padres que lleven a sus hijos al cine vivirán la añoranza de su infancia por el film de los '70 y las nuevas generaciones se contagiarán de ella con una propuesta actual con lo mejor que ha dado el género en los últimos años. Es decir, una fórmula idónea para reventar la taquilla.

El único problema que le encuentro es que deja de lado el humor negro que tuvo la película de Tim Burton con Johnny Depp, ese que salía a relucir en las páginas de Roald Dahl y que siempre hizo de Charlie y la fábrica chocolate un libro tan disfrutable para niños como para adultos. Aquí no se deja entrever a Willy Wonka como un villano capitalista, más bien se apuesta por endulzarlo y huir de la interpretación que Depp le dio en su día. Sí es verdad que esta precuela no deja de lado el tema del capitalismo y lo aborda con buenos puntos de humor, pero nada que ver con lo que vimos en el remake de 2005.

Además, al erigirse como precuela del Willy Wonka de Gene Wilder, prescinde de los orígenes del personaje que vimos en la versión de Depp y apuesta por reformular su historia teniendo solo en mente la película de los '70. Es decir, que Wonka hace como que la película de Tim Burton nunca existió. Es una decisión que duele, sobre todo valorando que es la versión más actual de Charlie y la fábrica de chocolate y que muchos, especialmente entre los que pertenecemos a generaciones nacidas entre los 2000 o los '90, tenemos incluso más en mente que la de Wilder. Sin embargo, viendo el resultado que han logrado con Wonka, lo entiendo perfectamente.

Se podría pensar que con la polémica que rodeó al actor de Piratas del Caribe habrían decidido romper sus vínculos con Willy Wonka y no relacionar la franquicia en su relanzamiento, pero no creo que tenga nada que ver. Pienso que para recuperar el universo de Roald Dahl había que apostar por algo novedoso, por salir de la zona de confort sin perder el espíritu que siempre lo caracterizó. En este sentido, volver a recurrir al mismo humor negro y a la misma historia de orígenes del film de Burton se hubiera sentido como lo mismo de siempre, como otra cinta rutinaria de Hollywood, que fue justo el miedo que despertó el proyecto en su anuncio.

Por ello, llevar a Willy Wonka a la fórmula de Paddington, a darle un giro para ser una entrañable comedia familiar renovada en un universo de ensueño en el que uno desea quedarse a vivir, era la mejor manera de traer de vuelta al chocolatero y ofrecernos algo diferente. Obviamente, este enfoque encaja mucho mejor con la nostalgia de la cinta original de Gene Wilder, que siempre fue más blanca y familiar, que con la de Johnny Depp. Así que, aunque podamos echar de menos el excentricismo incomparable de Depp y lo macabra que fue su propuesta, no se puede negar que la decisión de Warner Bros. ha sido la correcta.

Este artículo fue escrito en exclusiva para Yahoo en Español por Cine 54.

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