El lado oscuro de Cristian Castro que se veía venir... solo faltaban las voces que lo ventilaran

Miguel Cane
·5  min de lectura

De un tiempo a esta parte, y con el auspicio de las redes sociales, que no dejan nada oculto, pareciera que hay un surgimiento de “lados oscuros” que ciertas celebridades –principalmente hombres– han tratado de mantener al margen de la imagen pública que les cultivan sus publirrelacionistas y agentes de prensa. El que “sucios secretos” o actitudes impropias salgan a la luz es una pesadilla para estas figuras: ahí está el caso del actor de Hollywood Armie Hammer, que por presuntamente tener fantasías eróticas sadomasoquistas y de antropofagia (énfasis en presuntamente y fantasías, por favor) ha sido objeto de terribles ataques y cancelaciones en redes, aún si estas ostensibles fantasías no han pasado del terreno de la especulación; sin embargo, el “lado oscuro” de Hammer, como el presunto “lado oscuro” de Johnny Depp, ya es una cuestión de opinión pública.

Lo mismo pasa aquí de este lado, de hecho, y no es sorpresa del todo, con Cristian Castro, al que le salió un lado violento que se exhibe en todo el mundo a través de Instagram, red de donde salió huyendo el cantante, famoso por sus escándalos.

Cristian Castro (Ultra Media)
Cristian Castro (Ultra Media)

Hace unos días escribíamos en este espacio acerca de cómo el cantante había prácticamente dejado de lado su carrera musical –en la que tenía bastante éxito y un módico de talento– para acabar convertido prácticamente en un meme de internet: cómo sus estrambóticas actitudes y declaraciones, que van desde revelar intimidades de Yolanda Andrade, criticar y burlarse de los homosexuales, hacerse fotos extrañas con maquillajes y atuendos varios, beber leche en mamila y decir que se arrepiente de haber sido padre y que no quiere madurar ni ser un adulto (pese a ya estar mayorcito, con 46 años) entre otras lindezas que se le ha ocurrido decir en público, ahora también regresa a perseguirlo el espectro de algo más grave: las acusaciones por acoso y maltrato a mujeres.

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La reacción instantánea del primogénito de Verónica Castro, que ha hecho una especialidad de sacarle las proverbiales canas verdes a su santa madre, que ya no tiene dónde meter la cara, seguramente, cada vez que su retoño acapara un titular no por su carrera que, como dije, ha descuidado para dedicarse full time a hacer visiones y desfiguros para beneplácito de la prensa amarilla, sino por alguna nueva salvajada cometida prácticamente en público –habría que decir aquí que a Vero le queda como consuelo su hijo menor, Michel, nacido de su relación amorosa con el empresario Enrique Niembro-, hoy un hombre hecho y derecho, que en lugar de arrastrar su nombre por el suelo, se ha convertido en un cineasta profesional que está cosechando éxitos propios y no anda de boca en boca.

A raíz del escándalo del día, que lo llevó a cancelar su propia cuenta de Instagram, la única red social en la que estaba activo –se pueden leer los detalles de la noticia en este mismo portal–, Cristian parece admitir de una manera tácita que las acusaciones con evidencia (“me paralizaste la vida, no sabes lo que quiero hacer con tu cuello. Te voy a arrancar el cuello a besos deliciosos. Mi vida, te quiero probar tanto", se escucha decir Cristian Castro en uno de los audios publicados en la cuenta de IG que lo echa de cabeza, y es innegablemente su voz… y esta es solo la punta del iceberg de todas las acusaciones que le están haciendo) son ciertas.

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Este “ataque mediático” no es cosa improvisada: es claro que se hizo con mucha investigación, con una recopilación de datos proporcionados por las mujeres que fueron ostensiblemente acosadas sexualmente por el intérprete de “Azul” y “No podrás”. Esto no es una revancha –o no del todo, aunque algo hay de ello, naturalmente–, es una exhibición cuidadosamente armada, que, como los latigazos más fuertes del movimiento #MeToo en Estados Unidos y Europa, han servido para sacar a la luz actitudes tóxicas de hombres en posición de poder sobre mujeres. Así Harvey Weinstein. Así Kevin Spacey (y las infracciones de ambos, uno con mujeres y otro con muchachos y menores de edad, eran bien sabidas en círculos internos y muchos que sabían callaron hasta que los medios los exhibieron: el caso de Gwyneth Paltrow es de esos, calló por convenirle lo que de Weinstein sabía y es por ello que a título personal yo no la respeto).

Obviamente, Cristian no ha dicho cosa alguna al respecto, y si sabe lo que le conviene, o al menos por primera vez le hace caso a un asesor que vea por sus intereses, se quedará calladito (que así se ve más bonito), mientras se disipa la tormenta que se desató cuando tuvo a bien ponerse a presumir sin pudor alguno a su presunta nueva pareja sentimental en Instagram, sin imaginar que la reacción sería feroz – de hecho, me pregunto si el tal “amor de su vida” perdurará después de este irigote que apenas va comenzando.

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El lado oscuro de Cristian no era secreto: se sabe que es manisuelto con las mujeres desde hace años; cuando comenzaba como cantante, en 1992, fue invitado a cantar en un programa llamado “Mi barrio”, que Televisa emitía en directo desde escenarios montados en colonias populares. En esa ocasión fue tal el desenfreno que su presencia causó entre las fanáticas, que tuvo que apartarlas de sí a patadas, literalmente. Y se sabe lo de sus pleitos y reyertas con sus exes Gabriela Bo y Valeria Lieberman, habiendo llegado con esta última a las manos en más de una ocasión.

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De hecho, trascendió hace algún tiempo, que ni su madre se habría librado de su mal genio y su mano rápida. Que ahora se sepa la clase de sujeto que siempre ha sido es solo lección para ponerlo ante la opinión pública. No hay, hasta ahora, denuncias penales en su contra –muchas de las jovenes a las que se muestra ha acosado, residen en Argentina–, pero en caso de que llegara a haberlas, tendría que enfrentar las consecuencias de sus actos.

La única verdad que prevalece es esta: Cristian Castro, por años, había hecho lo que había querido sin rendir cuentas a nadie, ya que sus excentricidades estrafalarias no habían realmente cruzado un limite hasta ahora. Y si tiene que afrontar lo que ha hecho, tendrá que hacerlo como el adulto responsable que siempre se ha negado a ser.

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