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El romance que jamás habría sido un clásico sin Robert Redford y su ego inflado

Cine. The Way We Were, The, The Way We Were, The, Barbra Streisand, Robert Redford En la universidad, el atractivo Hubbell Gardiner (Robert Redford), de una familia adinerada, conoce a la judía y comunista Katie Morosky (Barbra Streisand)., 1973 (Foto de FilmPublicityArchive/United Archives vía Getty Images)
Cine. The Way We Were, The, The Way We Were, The, Barbra Streisand, Robert Redford En la universidad, el atractivo Hubbell Gardiner (Robert Redford), de una familia adinerada, conoce a la judía y comunista Katie Morosky (Barbra Streisand)., 1973 (Foto de FilmPublicityArchive/United Archives vía Getty Images)

Robert Redford ya era un peso pesado en Hollywood cuando Barbra Streisand le pidió que fuera su compañero en el clásico romántico, Nuestros años felices (1973). Él venía de del éxito de Butch Cassidy y Sundance Kid o El candidato. Ella era una estrella consagrada de la música, ganadora de premios Grammy y el Oscar por Chica rara (1968) que se había empecinado con que solo Bob podía interpretar al carismático Hubbell en su historia de amor imposible. Pero Redford no quería saber nada y rechazó la idea varias veces.

Es más, parece que no le importaba que una súper estrella lo deseara con todas sus fuerzas, ni que su amigo director, Sydney Pollack, estuviera al mando del proyecto (acababan de rodar una película que ayudó en la definición inicial de su carrera: el exitoso western Las aventuras de Jeremiah Jones con un papel que casi interpretó una estrella por excelencia del género, Clint Eastwood). Y es que Redford había detectado un problema que ni su ego inflado, determinación, buen ojo cinematográfico y autoestima podían pasar por alto.

Así lo deja entrever Barbra Streisand en su reciente biografía, My name is Barbra, revelando los entresijos detrás de esta producción inolvidable. En ella, la actriz interpretaba a Katie y Redford a Hubbell, dos estudiantes que viven un romance condenado al fracaso en plena era del macartismo y las listas negras en el contexto de la Guerra Fría, donde ni el cariño o la atracción física podían superar la oposición fundamental de sus ideologías.

El actor estadounidense Robert Redford y la actriz y cantante Barbra Streisand en el set de The Way We Were, dirigida por Sydney Pollack. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis vía Getty Images)
El actor estadounidense Robert Redford y la actriz y cantante Barbra Streisand en el set de The Way We Were, dirigida por Sydney Pollack. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis vía Getty Images)

En su libro, la actriz, directora y cantante define a su compañero como “una rara combinación”, entre “un vaquero intelectual” y “una estrella carismática que también es uno de los mejores actores de su generación”, según un extracto de Vanity Fair. “Pero, al igual que mi marido, casi se disculpa por su apariencia, y eso me gustó de él", añade comparándolo con el atractivo de su esposo, James Brolin. Sin embargo, ni su convicción o elogios sirvieron de nada en aquel entonces. Redford se negaba a formar parte del proyecto.

Streisand pidió ayuda al director Sydney Pollack, porque era amigo del actor y pensó que podía convencerlo, dado que ambos estaban seguros de que “solo Redford podía hacer que la película funcionara”. El problema es que Redford tenía dudas. Según cuenta Barbra en el libro, le preocupaba que el guion estuviera tan centrado en el papel de Katie, la activista y argumentativa protagonista, y que su personaje no estuviera desarrollado del todo. Y, como admite Streisand, “tenía razón”.

A Redford le parecía que su papel era “un objeto” que “no quiere nada”. Le resultaba “vacío” y “unidimensional”. “'Una chica pin-up al revés', como dijo Sydney”. Y teniendo en cuenta que Robert Redford siempre destacó por ser un actor con buen ojo cinematográfico, que supo elegir proyectos que protegieran su imagen de actor serio y galán implacable, siendo una de las figuras más influyentes del séptimo arte (no en vano fundó el prestigioso Festival de Sundance), no debería extrañarnos que no tuviera ningún interés en ser la cara bonita que adornara una película donde, a priori, solo brillaba Barbra Streisand.

Pero la actriz enseguida se bajó de su nube protagonista y le pidió al director que le diera a Redford lo que quería. Y así contrataron a dos guionistas “excelentes” para que añadieran capas al personaje de Hubbell, que lo hicieran más profundo y lo convirtieran en un igual en la historia. Pero aun así Robert siguió diciendo que no.

La actriz y cantante estadounidense Barbra Streisand y el actor Robert Redford en el set de The Way We Were, dirigida por Sydney Pollack. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis vía Getty Images)
La actriz y cantante estadounidense Barbra Streisand y el actor Robert Redford en el set de The Way We Were, dirigida por Sydney Pollack. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis vía Getty Images)

Según cuenta en el extracto de su libro, estaban bajo presión (Ryan O’Neal era el siguiente candidato) pero decidieron darle a Redford una semana más para que lo pensara mejor. Y terminó aceptando. No obstante, Streisand no explica los motivos del segundo rechazo cuando, en teoría, habían mejorado el guion para crear un personaje más interesante que estuviera a la par de su protagonista. Tenemos que remontarnos a otro libro para encontrar la respuesta. Una que añade más detalles en torno al ego inflado de Robert Redford y su determinación como leading man.

Según explicó Robert Hofler en su libro, The way we were: How epic battles and bruised egos brought a classic Hollywood love story to the screen, el director fallecido en 2008 había revelado que a Redford le preocupaba la propia Barbra Streisand.

“Su reputación es de una persona muy controladora. Se va a dirigir a sí misma. Jamás funcionaría”, le habría dicho Redford a Pollack. Además, le preocupaba que Streisand impusiera su talento musical que, hasta entonces, había definido su carrera con varios largometrajes en el género (Hello, Dolly”, Chica rara o Vuelve a mi lado), discos y éxito en Broadway. “No va a cantar, ¿verdad? No quiero que cante a mitad de la película”, habría añadido el actor. Barbra no lo hizo, pero sí cantó el tema principal de la película, ganando el Oscar a mejor canción.

Es cierto que a Streisand le perseguía la imagen de mujer de carácter y le tocó pagar el precio cuando vivió su propia odisea para sacar adelante la aclamada Yentl, dirigiéndola ella misma. Aunque podríamos discutir si era controladora o, simplemente, una mujer talentosa que sabía lo que quería y no tenía más remedio que imponerse en una industria liderada por hombres en aquel entonces.

No obstante, parece que a Robert Redford le preocupaba que su personaje quedara a la sombra de un rol tan imponente como el de Katie, esa activista opinativa que arrasaba con sus visiones y discusiones políticas, mientras Hubbell solo quería vivir una vida alegre, sencilla y sin problemas. Pero también le preocupaba trabajar con Barbra Streisand debido a su reputación y tendencia musical, cuando él nunca destacó en el género (grabó algunas canciones pero nada que tuviera trascendencia (lo hizo en Las aventuras de Jeremiah Jones y en 2016 cuando grabó dos canciones para Blind, la película de Alec Baldwin y Demi Moore -Page Six-).

LOS ANGELES, CA - DICIEMBRE 09: El actor Robert Redford (L) y la homenajeada Barbra Streisand asisten al 24º desayuno anual Women in Entertainment organizado por The Hollywood Reporter en Milk Studios el 9 de diciembre de 2015 en Los Angeles, California. (Foto de Todd Williamson/Getty Images para The Hollywood Reporter)
LOS ANGELES, CA - DICIEMBRE 09: El actor Robert Redford (L) y la homenajeada Barbra Streisand asisten al 24º desayuno anual Women in Entertainment organizado por The Hollywood Reporter en Milk Studios el 9 de diciembre de 2015 en Los Angeles, California. (Foto de Todd Williamson/Getty Images para The Hollywood Reporter)

Y es que la determinación de Robert Redford, o su ego de estrella masculina, según como queramos verlo, tuvo mucho que ver en su carrera. Por ejemplo, en ese mismo libro de Robert Hofler, se revela que insistió en que se eliminara una frase que implicaba que no era bueno en la cama (vía EW). Era una frase que estaba en la novela original de Arthur Laurents y en el guion, donde Hubbell miraba a Katie a los ojos después de compartir un momento íntimo con uvas incluidas y le decía “será mejor la próxima vez”, sugiriendo que no había sido suficiente sexualmente. “Pero Redford se negó a decir la línea. Incluso se aseguró de tenerla tachada en su libreto”.

“Redford nunca fue malo en la cama, ¿cómo podía serlo Hubbell?”, escribió el autor del libro.

A su vez, hace tiempo les conté cómo el ego de Robert Redford habría tenido mucho que ver con el final bizzarro de Una propuesta indecorosa, donde su personaje determinaba el destino de la pareja protagonista, rompiendo con Demi Moore como si fuera un romántico empedernido después de haberse mostrado como un hombre sin escrúpulos al ofrecer un millón de dólares para pasar una noche con una mujer casada. Una decisión que, según la guionista, fue obra del actor y “los hombres a cargo” del proyecto porque “no se podía dejar a Robert Redford”. Era el galán por excelencia de Hollywood, héroe del western, de los thrillers políticos y amante apasionado del séptimo arte. Era el prototipo de hombre ideal que vendía el cine a quien, al parecer, ninguna mujer podía dejar. Como si una ruptura decidida por una mujer supusiera debilidad masculina. Barbaridades de otra época...

Pero volviendo a Nuestros años felices, cualquiera que haya visto la historia estará de acuerdo en que, ya sea por determinación, autoestima o ego, Robert Redford habría sido una figura clave para convertirla en clásico. Porque si el drama hubiera puesto su foco en un personaje tan desarrollado como el de Katie, que impone su fuerza y convicciones políticas a través de discusiones y argumentos arrebatadores, contraponiéndolo con un galán de cara bonita sin capa alguna, entonces jamás habría sido el clásico romántico que enamoró a generaciones.

Porque si por algo funcionaba, era precisamente por la disparidad entre ambos, por el hecho de que los dos chocaban compartiendo un peso equitativo en la historia. Y al parecer, esto habría sido gracias al ego o buen ojo de Robert Redford, que se negó a ser un adorno para forzar un trabajo de guion más exhaustivo, que le diera un personaje profundo, carismático e interesante como fue Hubbell. En consecuencia, Nuestros años felices se coronó como un éxito de taquilla instantáneo en 1973 y emblema de los amores imposibles, de los corazones rotos entre esas historias de amor frustradas por las diferencias, donde la pasión no es suficiente.

Este artículo fue escrito en exclusiva para Yahoo en Español por Cine54.

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