La cantidad de personas que te caen bien puede ser una señal de tu inteligencia

Una franca sonrisa, un comentario brillante, un acto de solidaridad, valores y creencias comunes, la belleza, el bailar con soltura, son factores que comúnmente nos predisponen hacia las personas, nos generan interés y pueden hacernos considerar si alguien nos gusta, nos agrada o no, en primera instancia. Pareciera sencillo para cualquiera romper esa membrana invisible y que tuviésemos un mundo como el descrito por John Lennon, donde nada importa, ni las posesiones, ni la religión, ni el aspecto de la gente, sino solo el amor (o la simpatía) entre unos y otros. Pero no.

Lamentablemente no es así, porque somos humanos, todos diferentes y con referencias distintas de lo que es el agrado. Pero por extraño que parezca, no son solo los factores en el otro los que influyen en que alguien nos caiga bien o no, también hay una relación con la inteligencia. ¡Sí! Mientras más inteligente eres, menos cantidad de gente te cae bien. O por lo menos así lo sugiere un estudio que arrojó que la inteligencia es importante en la explicación de la relación de agradar.

(Getty Creative)
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La investigación, liderada por Maria Flakus, de la Universidad de Silesia en Polonia y publicada en la revista científica Personality and Individual Differences, analizó a grupos de adolescentes a corto y a largo plazo. Administraron el test de inteligencia llamado Matrices Progresivas de Raven, y recopilaron información reportada por los compañeros sobre quienes les agradaban sin límite alguno. Los primeros resultados arrojaron que los individuos inteligentes gustan más, estos no correspondían de la misma manera puesto que les gustaban menos compañeros, que a los menos inteligentes.

Hay que destacar que esta evaluación se realizó en tres períodos: comenzando el curso, cuando se supone que aún no se conocen muy bien; al cabo de tres meses, cuando ya se han acercado un poco más; y al cabo de un año, cuando ya se supone que se conocen bien.

Podríamos suponer que los resultados son obvios porque, en general, se supone que a las personas inteligentes solo le gustarán otras en igual medida intelectual, quizás porque podrán tener temas en común. También podría suponerse que a alguien no le interesará agradar a otro que considera más inteligente para no sentirse menos valioso, pero lo cierto es que la relación entre la inteligencia y la simpatía no se había estudiado a profundidad hasta ahora.

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Según explica Sebastian Ocklenburg, Ph.D., en un artículo para la prestigiosa revista Psychology Today, quien analizó el estudio, “el ser inteligente influye tanto en caer bien como en caer bien a los demás. Curiosamente… los alumnos inteligentes caen mejor a sus compañeros de clase. Sin embargo, también tendían a gustar a menos personas que los alumnos menos inteligentes. En concreto, los alumnos inteligentes tendían a gustar sólo a los que eran tan inteligentes como ellos, pero no a los de menor inteligencia”.

Y es que para los alumnos inteligentes, que solo le gustasen otros compañeros tan inteligentes como ellos se mantuvo a lo largo de las tres mediciones, y fue un factor de agrado significativo. Mientras que para el resto, el factor inteligencia fue perdiendo importancia a lo largo del tiempo, porque otros factores adquieren mayor importancia, como tener gustos en común.

Esto explica la razón por la cual, en general, las personas más inteligentes pueden estar más aisladas e incluso ignoradas socialmente. “Esto puede resultar problemático si, por ejemplo, los alumnos inteligentes son percibidos como arrogantes. De esta manera, las personas inteligentes podrían ser más cuidadosas en preservar sus amistades y relaciones sociales”, asegura Ocklenburg.

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Ser más inteligente, tarea de Año Nuevo

Un mayor nivel intelectual es deseable desde cualquier punto de vista, más si ya tenemos amistades consolidadas que no se pondrían en riesgo en caso de que nos convirtamos en genios en potencia.

Estimular nuestra capacidad cognitiva y, en consecuencia, nuestra inteligencia puede aligerarnos el paso de la lógica y el raciocinio para todas las facetas de nuestra vida. Hacerlo es posible, según explica el psicólogo Bertrand Regader en el portal especializado Psicología y Mente. Algunas de sus recomendaciones son la meditación y el mindfulness, porque un estado mental de calma puede generar beneficios como mejorar nuestra capacidad de atención y concentración y proteger e incrementar la memoria, entre otros beneficios.

También el buen dormir esta en la lista pues, según explica Regader, “ayuda a aumentar las funciones cognitivas y cerebrales, así como la capacidad de concentración”; y cuidar nuestro cuerpo, pues la manera en que nos alimentamos influye de manera determinante en nuestra salud cerebral, mientras que la práctica de ejercicio físico moderado y constante estimula la circulación favoreciendo el tránsito del oxígeno y la glucosa por el organismo.

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