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Una película de Keanu Reeves dejó a su director desempleado durante unos años

Keanu Reeves durante presentación de la película
Keanu Reeves durante presentación de la película "The Day the Earth Stood Still" ("El día que la tierra se detuvo") en México, en 2008. AFP PHOTO/Ronaldo SCHEMIDT via Getty Images

A Keanu Reeves le encanta la ciencia ficción. Le apasiona el género desde su infancia y por un motivo que acompaña la imagen retrospectiva, amable y zen que sus fans (y el mundo en general) adora. Según dijo a la BBC hace un par de años le gustan las historias de sci-fi porque “examinan el mundo en el que vivimos”. Sin embargo, el amor por este tipo de historias no siempre jugó a su favor. Ni tampoco para el director que trabajó con él mucho antes de que John Wick le regalara su renacimiento como héroe de acción.

Cualquiera que conozca su filmografía sabe que Keanu Reeves plasmó su pasión en diferentes trabajos. Por ejemplo, como viajero en el tiempo en la comedia La magnífica aventura de Bill y Ted (1989), las sugerencias diabólicas en El abogado del diablo (1997), su versión del exorcista de DC Comics en Constantine (2005), la dosis de fantasía en su historia de amor con Sandra Bullock en La casa del lago (2006) o, por supuesto, haber sido el ‘elegido’ en un exponente primario del género como fue Matrix. Pero hubo otra película más. Una producción que recibió críticas tan malas que el actor pasó seis años alejado del éxito, y el director Scott Derrickson quedó desempleado durante un par de años. Y todo por culpa de El día que la tierra se detuvo (2008).

Este remake basado en la película homónima de 1951 contaba la historia de Klaatu (Reeves), un extraterrestre que llegaba a nuestro planeta con la intención de advertir a la humanidad sobre la destrucción que estábamos provocando. Y si bien la película original expandía el temor popular de la Guerra Fría proponiendo una alegoría sobre las guerras nucleares, en esta versión modernizada se hablaba de la protección del medio ambiente. La película fue un éxito de taquilla gracias al poder de atracción que tenía Keanu Reeves para el género de ciencia ficción después del fenómeno arrastrado por Matrix. Recaudó $233 millones sobre un presupuesto decente de $80 millones. No obstante, no consiguió dejar huella y la crítica la destrozó, sobre todo señalando la incoherencia de la historia y la interpretación vacía de su protagonista.

Por ejemplo, la cinta todavía mantiene un desaprobado del 20% en el recopilador de críticas Rotten Tomatoes, mientras el público apenas le dio un 27%. Y con toda la razón del mundo. El día que la tierra se detuvo (que actualmente pueden encontrar en el catálogo de Star+) fue una película que prácticamente olvidabas al salir del cine. El mensaje de advertencia climática estaba claro pero la trama carecía de elementos atractivos que la hicieran irresistible o mínimamente recomendable. Y entre el personaje sin emoción de Keanu Reeves, los agujeros de un guion débil y efectos especiales que dejaban mucho que desear, terminó siendo de las películas más olvidables de 2008.

Scott Derrickson describió aquel rodaje como “una experiencia horrible”, revelando a Slash Film que el mal resultado lo dejó apartado de la industria del cine. “Fue una experiencia horrible y la película no salió bien. Bueno, resultó bien en algunos lugares al menos. Pero fue una de esas películas en las que no salió tan bien como debería por muchas razones, siendo la huelga de guionistas la principal. Después de esa película, no pude trabajar como director durante casi dos años” contó. Efectivamente, la película se rodó entre diciembre de 2007 y marzo de 2008, coincidiendo con la huelga de guionistas que complicó el desarrollo de muchas producciones en Hollywood.

El día que la tierra se detuvo era la primera superproducción de Scott Derrickson, quien había llamado la atención con su primera película de estudio tres años atrás, El exorcismo de Emily Rose (2005). Sin embargo, los palos de la crítica fueron tan duros que aparentemente, y según sus palabras, se quedó desempleado y desterrado durante una temporada. Tuvo que armarse de paciencia pero también ser selectivo para no volver a equivocarse y, en el tiempo que pasó, rechazó dirigir la secuela de El vengador fantasma de Nicolas Cage, hasta que finalmente dirigió su siguiente largometraje. Cuatro años después de El día que la tierra se detuvo.

Lo que hizo fue volver al cine de terror que tan bien conocía con Sinister (2012), la cual rodó con un presupuesto menor de $3 millones, convenciendo a la crítica y los amantes del género con una recaudación de $87 millones. Gracias a esta propuesta sobre un escritor de crímenes reales obsesionado con una nueva historia, logró reconducir su camino en Hollywood, dirigiendo Líbranos de mal (2014) dos años después y consiguiendo que Marvel tocara su puerta ofreciéndole Doctor Strange (2016). Más recientemente volvió al género de terror con la aclamada El teléfono negro (2022).

Por su parte, Keanu Reeves tuvo que armarse de más paciencia todavía. Porque El día que la tierra se detuvo bien podría definirse como el tropiezo más grande de su carrera. Y es que si bien obtuvo buenos resultados de taquilla, la reacción negativa de la crítica retumbó lo suficiente como para disparar las alarmas. O al menos esa es la reflexión que sacamos cuando observamos lo que vino a continuación.

El día que la tierra se detuvo había sacado a Keanu Reeves de lo que pasó a conocerse como “la cárcel de Fox”. Según contó el actor a GQ, el estudio lo había desterrado de su agenda durante 10 años después de que se negara a participar en Máxima velocidad 2. “No llegué a estar en eso. Bueno, decidí no estar en eso”, dijo en 2015 a Jimmy Kimmel (vía EW). “Me encantó trabajar con [el director] Jan de Bont y Sandra, por supuesto. Fue solo una situación de la vida en la que obtuve el guion, lo leí y pensé, 'Uf'. Se trataba de un barco y pensé: 'Un autobús, un barco... Velocidad, autobús, pero luego un barco es incluso más lento que un autobús y yo estaba como, 'Los amo chicos, pero simplemente no puedo hacerlo'”.

La verdad es que tampoco necesitó del estudio, estrenando o rodando películas prácticamente sin descanso. Sin embargo, la oportunidad terminó provocando un destierro similar al que vivió el director, comenzando una mala racha que se tradujo en largometrajes que pasaron completamente desapercibidos –como La vida privada de Pippa Lee o Henry’s crime– hasta que apostó por su retorno a la acción.

Lo hizo con dos películas que se estrenaron casi al mismo tiempo y que recurrían a su maestría en las artes marciales como espectáculo infalible: El poder del Tai Chi y La leyenda del samurái – 47 Ronin. ¿Fueron éxitos de taquilla? No, en realidad, generaron pérdidas (Fuente: The-Numbers). ¿Fueron alabadas por la crítica? No del todo. El poder del Tai Chi salió más airosa pero tampoco obtuvo el aplauso unánime. Pero aun así sirvieron como antesala al nuevo capítulo de su carrera como héroe letal de acción.

Porque estas dos películas recordaron al mundo su talento y magia visual para el género y, un año después, tocaba la gloria como el asesino a sueldo con sed de venganza de John Wick. El boca a boca se encargó de lo demás y ahora mismo, 15 años después de El día que la tierra se detuvo, podemos ser testigos de la cuarta entrega ya disponible en cartelera.

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