La película que estrelló a Hollywood con el dilema de la Inteligencia Artificial

Una mujer se encuentra en un planeta extraño en una escena de la película 'Final Fantasy: El espíritu en nosotros', 2001. (Foto de Columbia Pictures/Getty Images)
Una mujer se encuentra en un planeta extraño en una escena de la película 'Final Fantasy: El espíritu en nosotros', 2001. (Foto de Columbia Pictures/Getty Images)

Hollywood no es ajeno a los avances en Inteligencia Artificial. Ya hemos visto que esta tecnología ha permitido cosas que hace tiempo eran impensables, como rejuvenecer a un Harrison Ford de 80 años en Indiana Jones en el Dial del Destino. Sin embargo, por muy beneficiosas que puedan ser estas técnicas en ciertos casos, resulta innegable que abre un controvertido abanico de posibilidades que pone en juego el papel de artistas, técnicos e intérpretes.

Es una de las razones que han abocado a guionistas y actores a la huelga que ha paralizado todo Hollywood este 2023, pero no es la primera vez que la meca del cine se choca con este dilema. Muchos años atrás, cuando se lanzaron a la aventura de desarrollar la primera película de animación fotorrealista, ya sobrevoló la idea de crear actores y actrices virtuales para utilizar en producciones cinematográficas.

Ocurrió en 2001 con Final Fantasy: El espíritu en nosotros, la adaptación para la gran pantalla de la conocida saga de videojuegos japonesa para la que Squaresoft, la desarrolladora detrás de la franquicia, se asoció con Columbia Pictures en uno de los proyectos más ambiciosos y fallidos desarrollados en Hollywood.

Fue el primer intento en cine de crear humanos animados fotorrealísticamente por tecnología digital, donde trabajaron con actores como Alec Baldwin, Donald Sutherland y James Woods para crear avatares virtuales que se asemejaran lo máximo posible a la realidad. No obstante, cuando crearon a la protagonista del film desde la actriz Ming-Na Wen -una joven llamada Aki Ross que buscaba su fuerza interior para enfrentarse a la devastación de la Tierra por criaturas alienígenas- no lo hicieron con la intención de usarla solo en Final Fantasy: El espíritu en nosotros, sino buscando uno de los objetivos a los que hoy la industria se acerca peligrosamente gracias a la IA.

En una entrevista concedida a la revista oficial de Play Station en 2001, Hironobu Sakaguchi, diseñador de Squaresoft responsable del personaje, detalló que crearon a Aki con la intención de que se convirtiera en la estrella principal de sus producciones. Esto incluía usarla como personaje en videojuegos, pero también como actriz virtual en próximas películas que lanzaran al mercado.

Una mujer en una escena de la película 'Final Fantasy: El espíritu en nosotros', 2001. (Foto de Columbia Pictures/Getty Images)
Una mujer en una escena de la película 'Final Fantasy: El espíritu en nosotros', 2001. (Foto de Columbia Pictures/Getty Images)

Durante la campaña publicitaria del film, promocionaron el avatar en prensa e internet como si de una persona real se tratase. De hecho, hasta llegaron a sexualizarlo a través de publicaciones en revistas masculinas como Maxim, donde exhibieron a Aki en sujetador para vender la idea de que esta creación lucía como un humano real. “Nuestros personajes se ven y se sienten como humanos normales”, comentaba Sakaguchi en la entrevista. “Creo que fue una proeza asombrosa de la tecnología que pudiéramos lograr este nivel de realismo. Y creo que está bien mirar a Aki y estar convencido de que es humana”.

Ming-Na, en otra entrevista para IGN en 2001, contó que fue “muy extraño” ver su voz saliendo de un avatar digital que no era ella, sobre todo al sentir que “parecía real”. “Ahora que lo he visto un poco más, estoy más acostumbrada, pero al principio fue un poco desconcertante", contaba sobre su trabajo en la película de Final Fantasy. Estas preocupaciones también fueron compartidas por miembros de la industria del cine de animación, quien, además de cuestionar los dilemas filosóficos de la sustitución de actores por diseños virtuales realistas, ponían en juicio el efecto del “valle inquietante”. Es decir, la extrañeza de ver rasgos humanos reales en creaciones digitales.

El reportaje de la revista Play Station se hacía eco de declaraciones a Los Angeles Times de Jeffrey Katzenberg, director ejecutivo de Dreamworks que, tras el éxito masivo de Shrek aquel año, señalaba que la clave de la animación se encuentra en “alejarla de un personaje humano realista” y no en lo que pretendía hacer esta adaptación de Final Fantasy. De lo contrario, el público podría sentirse espantado. “El fotorrealismo tiene poco o ningún interés para mí. Para mí, la razón para animar algo es alejarlo más de un personaje humano realista. Si pudieras fotografiar a alguien, ¿por qué lo animarías?”.

Y no le faltaba razón, porque Final Fantasy: El espíritu en nosotros se convirtió en uno de los mayores fracasos de la historia de Hollywood. Pese a su fuerte apuesta tecnológica (hoy en día algo obsoleta) con la que trataron de revolucionar la industria del cine, los espectadores no se sintieron atraídos por su apuesta fotorrealista y solo recaudó 85,1 millones de dólares a nivel global, suponiendo unas pérdidas de más de 120 millones que llevaron a Squaresoft a problemas financieros.

Esto tiró por la borda toda intención de usar actores o actrices virtuales como Aki para proyectos cinematográficos y todos los dilemas que traía consigo. Sin embargo, la proliferación de la IA ha traído de vuelta la cuestión a nuestros días, donde el ver películas o series protagonizadas por una versión digital realista de un intérprete, incluso sin su permiso expreso o estando este muerto o extremadamente cambiado, está cada vez más a la orden del día. Antaño quedó en papel mojado, pero hoy, con la industria ya revolucionada por los cambios tan extremos que puede suponer, el camino puede ser muy diferente.

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