Los pastores de renos de la comunidad sami luchan contra los estereotipos para construir un turismo ético
Los renos se agolpan alrededor de Raisa Kitti en cuanto entra en el prado, metiendo sus grandes y aterciopeladas narices en el trineo que arrastra lleno de comida. Trotan detrás de ella cuando esparce los gránulos en espiral, pero no muestran la misma reserva cuando saca un poco de musgo verde brillante. "Este es su chocolate", dice Kitti mientras tres grandes hocicos se lo arrancan de las manos. "Les encanta".
Kitti presenta a varios animales por su nombre y su personalidad. "Este es el gran jefe", dice, señalando a un reno de piel blanca y una cornamenta pelada. "Te deja que le rasques debajo de la barbilla", añade haciendo una demostración. "Este más joven es como una guindilla, ¿sabes? Pequeño pero muy fuerte".
Kitti y su marido dirigen con cariño la granja de renos Reinina, cerca de Inari (Finlandia), donde su familia lleva más de 400 años criando renos. Esta es la tierra natal de los sami, pueblo étnico que habita en Laponia. Durante siglos han pastoreado renos y utilizado todas las partes del animal: la carne para comer, los huesos y la cornamenta para herramientas y el cuero para vestirse.
Contra la desinformación sobre la cultura sami
Hoy en día, los renos también atraen a los turistas, y Kitti lleva pequeños grupos a la granja para alimentar al rebaño y enseñar sobre la cultura sami. También da clases de cocina y talleres, y enseña a los visitantes a fabricar joyas y recuerdos con pieles de reno.
Empresas familiares como la granja de renos Reinina forman parte de una nueva ola de experiencias de impacto positivo en la Laponia finlandesa, que por fin permiten a los sami beneficiarse del auge del turismo.
Durante décadas, el turismo había estado dirigido por empresas no sami que vendían una imagen distorsionada de la vida de esta comunidad. Los iglús y los trineos tirados por huskies dominan los folletos, aunque ninguno de ellos forma parte tradicional de la cultura sami, sino que son importados de Norteamérica.
Este turismo no sólo no ha beneficiado económicamente a la comunidad sami, sino que la ha perjudicado activamente al invadir zonas de pastoreo y difundir ideas erróneas. En los últimos años, sin embargo, los sami han recuperado la narrativa de su propia historia.
Inari: el corazón cultural de los sami
A primera vista, la localidad de Inari, de 650 habitantes, parece poco más que un par de supermercados y unas docenas de casas a orillas de un gran lago. Sin embargo, se considera la capital cultural de la población sami de Finlandia, sede del Parlamento Sami y del museo étnico más completo del país.
El Museo Sami de Siida, reformado en 2022 y galardonado con el Premio al Museo Europeo del Año en 2024, es una parada imprescindible para comprender la cultura sami. A través de impresionantes fotografías, objetos domésticos, prendas de vestir y paneles interactivos, el museo guía a los visitantes a través de milenios de historia y arte sami. Les introduce en el estilo de vida y la cultura de la gente de hoy, desde el pastoreo de renos hasta la música y el arte.
Las exposiciones ponen de relieve una cultura profundamente arraigada en la tradición y que evoluciona con los tiempos. Junto a un monopatín pintado con diseños sami y una llave de coche colgada con un hueso de reno, se lee un cartel: "Los de fuera a veces critican a los sami por adoptar 'influencias extranjeras'... Pero ¿y si esto es simplemente algo que los sami quieren hacer?". El tono irreverente cuestiona directamente la idea de que las culturas originarias deban permanecer congeladas en el tiempo para entretenimiento de los visitantes.
Los sami cuentan su propia historia
"Lo que los sami quieren es un turismo que cuente la verdadera historia de lo que son. Una historia conectada con el presente, no sólo con el pasado, a diferencia de la mayoría de los estereotipos", explica Kirsi Suomi, coordinadora de proyectos en el Parlamento Sami, que ha desempeñado un papel decisivo en varias iniciativas de turismo sostenible.
Los sami llevan décadas luchando contra la explotación cultural, explica Suomi. A mediados de los 90 y de nuevo en 2008, los activistas protestaron contra los finlandeses no sami que se vestían con trajes de imitación sami para entretener a los turistas. Esta práctica se remonta a 1950, cuando Eleanor Roosevelt visitó el Círculo Polar Ártico. Las autoridades locales se apresuraron a construir un pueblo "sami" para ella, con cabañas de madera y actores vestidos con réplicas baratas de la indumentaria sami.
Con el tiempo, esas cabañas de madera se transformaron en el pueblo de Papá Noel, hogar de Papá Noel, renos y diversas experiencias "sami". Este lugar aislado en el Círculo Polar Ártico, cerca de la ciudad de Rovaniemi, se convirtió en uno de los destinos turísticos más populares de Laponia, con más de 500.000 visitantes al año.
Sin embargo, de los cientos de negocios que atienden a los turistas, menos de media docena están dirigidos por gente de la comunidad sami. Los visitantes pagan por paseos en husky y actuaciones de tambores chamánicos, sin saber que lo que ven dista mucho de ser auténtica cultura sami.
Directrices éticas para ayudar a los turistas a elegir con conocimiento de causa
Para combatir esta tergiversación generalizada, Suomi lideró un proyecto parlamentario en 2018 para definir directrices éticas para el turismo sami.
"Tomamos un ejemplo que ya existía en Australia y lo adaptamos al paisaje finlandés", explica. Estas directrices ayudan a los visitantes a entender cómo relacionarse con la cultura sami de forma respetuosa, destacando, por ejemplo, que las personas vestidas con trajes tradicionales sami no son atracciones turísticas y no deben ser fotografiadas sin permiso.
También disuaden a los turistas de invadir tierras privadas o acampar en zonas de pastoreo de renos. "Los visitantes olvidan que las personas no son atracciones turísticas", dice Suomi. "Incluso se presentan en funerales, fotografiando a familias en duelo con trajes tradicionales".
Suomi está desarrollando ahora un programa de certificación para ayudar a los turistas a identificar los negocios éticos dirigidos por sami. El programa, financiado por NextGenerationEU, se dará a conocer en la Conferencia Europea de Turismo Indígena, que el Parlamento Sami de Inari acogerá en mayo.
Será el primer evento de este tipo y reunirá a representantes del turismo de Finlandia, Noruega, Suecia y Groenlandia. La certificación ayudará a los turistas a elegir con conocimiento de causa y dará visibilidad a empresas como la granja de renos Reinina, que operan a pequeña escala y de forma sostenible y comparten conocimientos reales de la vida sami.
Muchos turistas quieren experiencias más éticas
Kitti se ha dado cuenta de que muchos visitantes buscan este tipo de experiencias. "La gente es cada vez más consciente de que no está bien ponerse unas pieles de reno y fingir ser un chamán", afirma. "Nuestros visitantes quieren aprender y entender nuestra vida y nuestra cultura".
Mientras tanto, su negocio turístico ha supuesto una oportunidad económica para su familia. Los ingresos que genera les ayudan a cuidar de sus renos y a preservar su modo de vida. Sin embargo, Kitti y Suomi están librando una dura batalla, me doy cuenta al entrar en una gran tienda de recuerdos en mi último día en Inari.
Un autobús lleno de turistas entra en la tienda y recorre los pasillos repletos de figuras de Papá Noel, adornos navideños y muñecos de "chamán de Laponia". Las cajas de cerillas muestran fotos de personas vestidas con falsos trajes sami. Los huskies aparecen en postales, peluches, tazas, imanes e incluso atrapasueños, otra importación de las culturas indígenas norteamericanas. Los estereotipos desfasados están a la vista y a la venta para cualquiera que tenga unos euros en el bolsillo.