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Robotech: la historia secreta detrás del popular dibujo animado, su secuela fallida y el guionista que lo cambió todo

Robotech, una serie animada que acompañó a una generación
Robotech, una serie animada que acompañó a una generación - Créditos: @Captura

Hace poco menos de cuarenta años, las series para chicos atravesaban un período de esplendor. He-Man, She-Ra, Transformes o ThunderCats eran algunos de los títulos que atraían la atención de los más pequeños (y algunos adultos) de la casa. Pero de esa familia de propuestas tan recordadas, hubo una que se destacó con voz propia. Se trataba de Robotech, una ficción de temáticas más adultas y con una historia que estaba muy lejos de los episodios autoconclusivos de los tradicionales dibujos animados. Detrás de este éxito que conquistó las pantallas de los Estados Unidos, Europa y América Latina, se escondió la visionaria mirada de un guionista que encontró un inesperado negocio en el animé, pero que se ganó varias voces en contra.

La materia prima de Robotech

El de los “Mechas” es uno de los géneros más populares en el mundo de las historietas y las series japonesas. Su nombre hace referencia a esas historias centradas en robots gigantes piloteados por un humano, en la línea de Mazinger Z. Desde su nacimiento en los setenta y hasta la actualidad, esa temática evolucionó y muchas series prefirieron darle prioridad al drama de los pilotos que debían subirse a esos robots más que al espectáculo gratuito de destruir edificios. Y en ese camino de otorgarle mayor espesor a estos relatos, el 3 de octubre de 1982 llegó a los canales de Japón una propuesta animada de 36 episodios titulada Super Dimension Fortress Macross, o de modo simplificado, Macross.

La serie giraba alrededor de Hikaru, un joven piloto de una nave Valkiria, que se convierte en un testigo privilegiado en la guerra entre la humanidad y la raza alienígena de los Zentraedi. Pero más allá de la aventura, Macross hacía foco en el triángulo amoroso que se conformaba entre el protagonista, una joven militar llamada Misa Hayase y una cantante pop conocida como Lynn Minmay. Según contaba su creador, Shoji Kawamori, el conflicto bélico y la angustiante lucha de la humanidad por sobrevivir era solo el telón de fondo para una historia de amor.

A lo largo de su emisión en Japón, Macross fue un éxito mayor al esperado y con el fin de exprimir ese negocio, pronto se pusieron en marcha historietas, videojuegos, muñecos e incluso un ambicioso film animado llamado Do You Remember Love? En esos tiempos, la animación japonesa llegaba al resto del mundo de la mano de historias como Astroboy, Meteoro, Mazinger Z, Heidi, El capitán Raimar, Candy Candy y no mucho más, por eso Macross parecía ser una apuesta segura para conquistar otras latitudes. En ese momento entra en escena un guionista que con un aceitado olfato para los negocios puso en marcha el estreno de esta serie en los Estados Unidos.

La llegada de Carl Macek

Carl Macek, gran responsable de Robotech
Carl Macek, gran responsable de Robotech - Créditos: @Captura

Ubicada en los Estados Unidos, la productora Harmony Gold adquirió los derechos de Macross para su estreno en los Estados Unidos. Con el fin de adaptarla al mercado norteamericano, contrató al guionista Carl Macek, quien jamás imaginó el desafío al que se iba a enfrentar . Tras ver los 36 capítulos de la serie, Macek se fascinó por la complejidad de los personajes, las vueltas de la trama y el elegante diseño de todos los robots. Sin embargo, las reglas de televisación de series en los Estados Unidos le aguardaban una amarga sorpresa. Las normas establecidas exigían que una producción pautada para ser emitida de lunes a viernes debía contar con un mínimo de 65 episodios. Macross tenía solo 36 , o sea que si Harmony Gold planeaba lanzarla en los Estados Unidos, Macek necesitaba sacar de la galera, al menos, otros 29 capítulos más.

Ni lerdo ni perezoso, Macek comenzó a revisar las bibliotecas de otras ficciones animadas niponas, que también estuvieran disponibles para comprar. De esta manera, el guionista encontró otros dos títulos vinculados a los robots. Ellos eran Super Dimension Cavalry Southern Cross, integrado por 23 episodios emitidos en 1984 y Genesis Climber Mospeada, con 25 entregas y lanzada en 1983. Ambas eran dos series sin relación alguna y solo tenían en común el que no habían tenido demasiado éxito en Japón, pero en ellas, él vio la posibilidad de darle una solución a la televisación de Macross.

Como el Monstruo de Frankenstein

Macek le solicitó a Harmony Gold que comprara las otras dos series animadas bajo la promesa de llevar adelante un curioso experimento. Lápiz en mano, el guionista se sentó a ver los 84 episodios que sumaban las tres ficciones y realizó un pormenorizado análisis del argumento de cada una. Su intención era la de construir un Frankenstein, una suerte de épica espacial muy extensa, que iba a superar los requeridos 65 capítulos. De este modo, él reescribió numerosas escenas de las tres historias e inventó entre ellas un puente conceptual al que denominó “protocultura”, un elemento que atravesaba los tres relatos (y que desde luego, no existía en los libretos originales) . Macek pensó entonces en la idea de tres generaciones y creó a partir de Macross, Southern Cross y Mospeada, una única ficción a la que denominó Robotech.

Macek no intercalaba las escenas de las ficciones ni alteraba el orden de sus episodios sino que su Robotech consistía en emitir primero Macross, luego Southern Cross y después Mospeada, todo bajo un mismo título y modificando algunos diálogos en los cuales los personajes de una serie hacían referencia a los héroes y villanos de las otras historias. Con ese ingenioso recurso, Macek creó un universo en común y bajo esa fórmula es que Robotech llegó a la televisión de los Estados Unidos en 1985.

Como era de esperar, Robotech fue un éxito rotundo no solo en los Estados Unidos sino en toda América Latina y especialmente en la Argentina. Estrenada en 1986 , la serie llegó a través de la pantalla de Canal 9 convirtiéndose en un boom instantáneo. Al día de hoy, se considera que Robotech fue clave en la invasión del animé a escala mundial, una tendencia que ganaría un impulso definitivo durante la siguiente década con la llegada de Dragon Ball.

Para Macek, el éxito de Robotech era motivo de orgulloso. Él se había convertido en una especie de traductor iluminado, alguien capaz de reconfigurar tres series distintas para crear una obra propia, que desde su perspectiva, respetaba la esencia de los guiones originales. En varias entrevistas, el guionista destacaba que Robotech era una ficción para niños de entre 7 y 12 años porque consideraba que la trama era compleja, que se veía madurar a los personajes y que los héroes que morían no resucitaban.

Continuaciones, polémicas, y el recuerdo de Macek

Frente al suceso de Robotech, Harmony Gold le pidió a Macek darle forma a una posible secuela. De este modo, el guionista escribió una serie original que continuaba la historia de Rick Hunter y Lisa Hayes (como fueron rebautizados Hikaru y Misa). Y se encargó la animación de esta ficción a un estudio en Japón, pero pronto surgieron conflictos financieros que detuvieron la producción. Con las escasas escenas que tenían terminadas, Macek una vez más echó mano a su ingenio y le dio forma a Robotech II: los Sentinelas, un film muy fallido que al menos sirvió para darle una porción extra de esta saga a los fans.

Con respecto a Macross, el título original que sirvió de base para la primera generación de Robotech, sí hubo innumerables continuaciones producidas en Japón. Entre ellas se destacan la película animada Macross Plus y la serie Macross Seven.

Carl Macek murió a los 58 años, en abril de 2010. Al día de hoy, su decisión de unir ficciones muy distintas, no deja de marcar una división entre los fans y hasta uno de los creadores de Macross, Shoji Kawamori, se mostró indignado : “No entiendo ni acepto que hayan modificado mi trabajo sin siquiera pedirme permiso. No comprendo cómo una versión pirata de mi obra puede llegar a existir”. Sin embargo, es indudable que Macek fue un artista que supo educar sobre el mundo de la animación japonesa a una generación entera de niños y preadolescentes. Y en este sentido, su labor fue imprescindible porque gracias a él y a Robotech, el animé es uno de los fenómenos culturales más importantes de la actualidad.