'Saw' dejó una maldición en su villano de la que nunca se pudo librar

HOLLYWOOD, CA - OCTOBER 25:  Actor Tobin Bell attends the premiere of
HOLLYWOOD, CA - OCTOBER 25: Actor Tobin Bell attends the premiere of "Jigsaw" at ArcLight Hollywood on October 25, 2017 in Hollywood, California. (Photo by Jason LaVeris/FilmMagic)

Tobin Bell tiene el privilegio de ser uno de los villanos más terroríficos e icónicos del séptimo arte. Su papel como John Kramer en Saw: El juego del miedo nos sigue infundiendo puro horror gracias a sus juegos macabros con los que traspasa todo extremo posible en cuanto a gore y sufrimiento, siendo inevitable situar su trabajo a la altura de otros míticos asesinos del género como Michael Myers, Freddie Krueger, Leatherface o Jason Voorhees. Pero grabar a fuego su nombre en el terror viene con letra pequeña, puesto que Bell también ha arrastrado un pesar en su carrera a causa de Saw.

Lo reconoció en una entrevista con Orlando Sentinel en 2010, cuando se encontraba promocionando Saw 3D. En principio, esta entrega, la séptima de la franquicia, se presentó como el capítulo que pondría el punto y final a las fechorías de Jigsaw en la gran pantalla, lo que fue una ocasión perfecta para que Tobin Bell reflexionara sobre las luces y sombras que la saga aportó a su vida y carrera.

Bell admitió que Saw: El juego del miedo fue “una gran bendición” para él, pero era consciente de que le había impedido ampliar sus horizontes como actor y abrirse a otro tipo de papeles que siempre soñó desde sus primeros pasos profesionales.

Según sus palabras, en los comienzos de su carrera, cuando en los '80 trabajó en Broadway, su intención pasaba por probar suerte en Hollywood interpretando personajes “románticos sensibles e inteligentes”. Solo hay que ver que por aquella época trabajó en películas como Manhattan de Woody Allen o Tootsie de Sydney Pollack en pequeños papeles sin acreditar, pero nadie le vio potencial para que desarrollara una carrera en esta vertiente.

Sus pasos por los escenarios de Nueva York no le aportaban la suficiente solvencia económica, por lo que una de sus mentoras del Actors Studio, la mítica asociación estadounidense de actores, directores y escritores, le advirtió de que su potencial en la interpretación no pasaba por esos personajes románticos, sentimentales y alegres a los que aspiraba, recomendándole que probara suerte con roles oscuros en thrillers, cintas de acción o cine de género.

Y es que esa mirada seria y profunda de Tobin Bell le posicionaba como un actor perfecto para dar vida a villanos. “Ella dijo: 'Puedes tomarte esto como quieras, pero deberías ir a Hollywood y empezar a interpretar a los malos. Serías bueno en eso’”, recogía la entrevista a Bell del Orlando Sentinel. Y este consejo fue el que elevó la carrera del actor hasta convertirse en uno de los asesinos más macabros del cine.

Empezó en pequeños thrillers para televisión y siguió creciendo con roles secundarios en títulos como La tapadera con Tom Cruise y Gene Hackman, Malice con Alec Baldwin y Nicole Kidman o Rápida y mortal con Sharon Stone. Sus pasos en Hollywood despertaron el interés de James Wan cuando preparaba Saw, en aquel momento una producción de bajo presupuesto para la que buscaba perfiles potentes que se adaptaran a su modesto presupuesto de 1,2 millones de dólares. Y Bell, hombre que infunde oscuridad sin tener un caché alto, fue la opción perfecta

Por el recibimiento tan cálido de Saw, que dio lugar a una de las franquicias más longevas del cine, se podría pensar que la industria tendría más ojos para Tobin Bell. Sin embargo, anclarse tanto al terror en un papel que no hizo más que reincidir en su capacidad para interpretar villanos, difícilmente iba a abrirle puertas fuera del género. Y mucho menos para esos papeles alegres y románticos a los que el actor quería aspirar.

Durante la mencionada entrevista, Bell comentó que tras terminar Saw 3D quería volver a aspirar a estos roles con los que soñó al principio de su carrera, demostrar que su capacidad como actor va más allá del terror, el thriller y los villanos y adentrarse en terrenos muy contrarios en busca de diversión. "Estoy muy preparado para interpretar al dueño de un club nocturno gay, un hombre que baila y tiene una gran alegría de vivir", señalaba con entusiasmo sobre sus horizontes tras aquel supuesto final de Saw. No obstante, sus esfuerzos fueron casi en vano, porque, tras abandonar temporalmente a John Kramer, mayormente trabajó en películas de serie B como Dark House, A tres metros y medio, Manson Family Vacation e incluso en la cinta de terror mexicana Belzebuth en 2018.

Por suerte, el sueño del actor se cumplió y pudo actuar en dos comedias románticas tituladas Rainbow Time o The Way We Weren't, sin embargo, fueron títulos pequeños y desconocidos que difícilmente harán que alguien vaya a recordar a Tobin Bell por esta vertiente o a potenciar futuros papeles en el género. Al final, tras haber grabado tan a fuego su nombre en el terror dando vida a uno de los villanos más temibles del cine, parece destinado eternamente al horror y a los antagonistas, y no parece que haya nada que vaya a cambiarlo como demuestra su regreso en Saw X.

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