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Diane Kruger y el circo de rodar un éxito con Brad Pitt

Brad Pitt y Diane Kruger (Photo by Toni Anne Barson/WireImage)
Brad Pitt y Diane Kruger (Photo by Toni Anne Barson/WireImage)

El salto de Diane Kruger a la meca del cine fue intenso y fugaz. Lo reconoce ahora, a los 47 años, después de labrarse una carrera variopinta que le permitió navegar entre Hollywood y Europa bajo el mando de directores consagrados a los dos lados del charco. Sin embargo, sus recuerdos no son perfectos cuando rememora sus comienzos. Sobre todo por la película que la colocó en el mapa de las estrellas. Porque cuando piensa en Troya, la superproducción épica que protagonizó con Brad Pitt hace unos 20 años, recuerda enseguida el “circo” que le tocó vivir.

La actriz alemana acababa de iniciar su carrera cuando Hollywood tocó a su puerta. Había decidido que quería ser actriz después de alcanzar el éxito como modelo, mudándose a París con apenas 15 años y siendo fichada por la famosa agencia Élite. Su debut cinematográfico llegó después de tomar clases de actuación, a los 26 años, cuando acompañó a Christopher Lambert y Dennis Hopper en The piano player. Y apenas dos años más tarde acompañaba a Brad Pitt como la mujer más bella de la antigua Grecia, Helena, aquella que según La Ilíada de Homero provoca la discordia entre Grecia y Troya al huir con su amante, Paris (Orlando Bloom).

“Ahora, cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de lo rápido que me sucedieron las cosas. No tenía experiencia frente a la cámara. Dennis Hopper me enseñó lo básico”, dijo en el Festival de Cine de Zurich (vía Variety). Y así, sin experiencia suficiente, llegó la oportunidad de participar en Troya sin saber el terremoto que iba a vivir.

Fue emocionante, pero fue un circo”, recordó. “Los decorados eran enormes, los paparazzi volaban en helicóptero esperando a Brad Pitt. ¡Fue de locos!”. Sin embargo, si bien la expectación que provocaba el actor no nos sorprende (viene sucediendo desde mediados de los ‘90s), sí impacta lo que tuvo que vivir ella en consecuencia.

Porque siendo una actriz prácticamente novata tuvo que lidiar con el hecho de que el estudio no quisiera contratarla (el director Wolfgang Petersen peleó para que lo hicieran). Y por algo tan típico de Hollywood por entonces como señalar su aspecto como un problema. En su caso, creían que era “demasiado delgada”. Es decir, para interpretar a una mujer tan bella que desataba el ego machista de su marido hasta provocar una guerra, creían que debía tener curvas.

Tuve que volar a Hollywood para una prueba de cámara, me pusieron un disfraz y trataron de hacerme lucir ‘más redonda’”, confesó. “Fue uno de esos momentos en los que te sientas en una oficina llena de hombres mayores que te miran de arriba abajo. Sentí que me estaban presentando de una manera que no era yo en absoluto”.

Sin embargo, si bien pudo superar el mal trago, consiguiendo el personaje y viajando hasta Malta para rodar la cinta épica, el ‘circo’ no terminó tan fácil. Porque según recuerda ahora, cuando llegó el estreno, le tocó lidiar con el escrutinio mediático como si, de repente, fuera una súper estrella internacional.

“La prensa en Alemania fue muy, muy dura conmigo”, explicó. “Buscaron a mi padre, a quien no veía desde que tenía 13 años. Inventaron historias. Fue realmente duro”. Y es que Diane Kruger, que nació en Alemania en 1976, no tuvo “una vida hogareña feliz” a raíz de la separación de sus padres. “Mi mamá estaba luchando”, explicó. Sin embargo, el hecho de que una joven local protagonizara una super producción como la mujer más bella del mundo, acompañando a figuras que disfrutaban de popularidad internacional como Brad Pitt y Eric Bana, hizo que la prensa exprimiera su perfil al máximo llegando a inmiscuirse en su vida personal y en un asunto tan delicado como fue su distanciamiento familiar.

CANNES, France:  US actor Brad Pitt and his wife Jennifer Aniston (R) arrive with German actress Diane Kruger to attend the official projection of US director Wolfgang Petersen's film

Cuando finalmente Troya se presentó por primera vez en el Festival de Cannes, en lugar de sentirse feliz y extasiada, se sentía “muy insegura y muy triste”. Cuenta que llegó a temer que su vida fuera así para siempre, sintiendo que no iba a poder soportarlo. Pero entonces Brad Pitt le tendió una mano siendo la voz de la experiencia.

“Brad pudo ver que estaba decepcionada. Vino a mi habitación y dijo: 'He oído algunas cosas y quiero que sepas que ahora eres uno de nosotros. No dejes que te afecten’. Fue increíblemente amable. Realmente cambió muchas cosas para mí”, dijo. Algo que no me sorprende cuando recordamos que no fue la única que sintió la decepción de Troya.

Brad Pitt también lo vivió a su manera dado que se dio cuenta que se estaba rodando la película con una visión que no compartía, incómodo porque Petersen explotaba su atractivo físico con planos centrales. “No podía salirme del centro del plano”, dijo a The New York Times en 2019. “Me estaba volviendo loco. David Fincher me había malcriado”, añadió en referencia a su trabajo en El club de la pelea (1999). Pitt no quería criticar al director de Troya pero no se había quedado conforme con el desvío comercial que había tomado la producción final. Le molestó tanto que fue a raíz de esta producción que decidió dar un cambio de rumbo a su carrera, “invirtiendo en historias de calidad”.

Brad Pitt on the set of Wolfgang Petersen's movie
Brad Pitt on the set of Wolfgang Petersen's movie "Troy". (Photo by Murray Close/Sygma/Sygma via Getty Images)

Pero volviendo a Diane Kruger, mientras le tocó vivir un camino de espinas durante la producción y estreno de Troya, no podemos negar que la película se convirtió en un trampolín importante para darse a conocer a nivel global. La cinta recibió críticas mixtas por culpa de una narrativa carente de profundidad dramática, centrada más en la competencia por decidir quién era el más bello del reino con planos perfectos de torsos, bíceps y miradas románticas, que en lucir el corazón de la trama. Sin embargo, el público respondió (en mi opinión, motivados por la estela épica que había dejado Gladiador y la popularidad de Brad Pitt) generando una taquilla imponente de $497 millones (Fuente: Box Office Mojo).

Aquel éxito favoreció al currículo de Diane Kruger, dando paso a otra apuesta comercial exitosa como fue La leyenda del tesoro perdido (2004) con Nicolas Cage, siendo además uno de los rostros que ayudó a la repercusión de Noche de paz en 2005, la película que representó a Alemania en los premios Oscar. Desde entonces ha trabajado con Quentin Tarantino -otra vez con Brad Pitt- en Bastardos sin gloria (2009), con Fatih Akin en la aclamada En la penumbra (2017) y ha sido miembro del jurado del prestigioso Festival de Cannes, entre decenas de proyectos más.

En resumen, aquel circo y escrutinio vivido con Troya tuvo su lado positivo a pesar de todo. Porque si bien lamentablemente le tocó vivir el lado más superficial y misógino de Hollywood, señalando su cuerpo como un factor decisivo en lugar de enfocarse en su talento, además del oscuro despetar mediático de hacerse famosa, el resultado final le sirvió como escaparate comercial para una carrera que recién comenzaba. Aunque la película épica exagerara la exposición estética y superficial de sus intérpretes, sirvió para que todo el mundo descubriera su nombre.

Este artículo fue escrito en exclusiva para Yahoo en Español por Cine54.

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