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'El gran cirujano del engaño': las atrocidades de un médico con complejo de Dios

La serie documental de Netflix se suma a la moda del streaming de exponer los casos criminales más terribles en torno a la profesión médica

'El gran cirujano del engaño' es la última apuesta del streaming que nos estremece como pacientes del mundo (Cortesía de Netflix)
'El gran cirujano del engaño' es la última apuesta del streaming que nos estremece como pacientes del mundo (Cortesía de Netflix)

Ir al médico, de cualquier especialidad y ante cualquier dolencia, es sobre todo un acto de confianza que nace de pura necesidad. Después de todo, cuando se trata de la prescripción de medicamentos, pruebas, tratamientos o cirugías, la confianza inmediata es un factor clave para el bienestar del paciente. Sin ir más lejos, un estudio español del año 2014 presentado en la Organización Médica Colegial (OMC) sentenció que la confianza es el aspecto más valorado por los pacientes (MedicosyPacientes). Al final, estamos poniendo nuestra salud y nuestra vida en manos de un especialista al que, quizás, no conocemos de nada. Nos toca confiar y, en ocasiones, ciegamente.

Sin embargo, el mundo del streaming parece tener sus miras puestas en casos e historias reales que erizan la piel. Que son, en otras palabras, el reflejo de nuestra peor pesadilla como pacientes del mundo. Desde Dr. Muerte a El ángel de la muerte, Dopesick, La enfermera, Cuiden a Maya y, ahora, El gran cirujano del engaño. Es decir, casos diferentes que colocan a la medicina y la burocracia que le rodea en una posición vulnerable a las críticas y el debate que, en esta ocasión, impacta profundamente a través de una serie documental estremecedora donde la falta de escrúpulos supera límites insospechados.

HUMANOS COMO EXPERIMENTOS: EL FRAUDE DEL DR. PAOLO MACCHIARINI

El gran cirujano del engaño es la nueva propuesta de Netflix, una serie documental de tres episodios que detalla las diferentes investigaciones que expusieron el fraude de Paolo Macchiarini, un cirujano italiano que llegó a ser venerado y aclamado como pionero en la medicina de células madre que trabajaba en el prestigioso Instituto Karolinska de Suecia. Uno de los hospitales más caros del mundo.

En 2011 rellenó titulares como el médico “milagroso” tras haber conseguido el primer trasplante de células madre del mundo. Sus avances suponían un primer paso hacia la creación de órganos en laboratorio, disparando la imaginación y esperanza en torno a la salud y longevidad del ser humano. A aquella primera cirugía le siguieron dos más.

Pero los tres murieron.

Macchiarini ocultó que el procedimiento no funcionaba y continuó promocionando sus ‘avances’ como éxitos. Sin embargo, sus pacientes fallecieron tras mucho sufrimiento -una de ellas llegó a pasar por 191 operaciones para mantenerla con vida-; colegas médicos lo acusaron de manipular sus estudios y una investigación periodística descubrió que nunca experimentó con animales primero, como dicta el protocolo científico, sino que se lanzó a la experimentación con humanos, colocando a sus pacientes en el rol de conejillos de indias sin estudios suficientes que aseguraran la eficacia de su ‘hallazgo’.

Paolo Macchiarini cumple una condena de dos años y seis meses en Suecia (Cortesía de Netflix)
Paolo Macchiarini cumple una condena de dos años y seis meses en Suecia (Cortesía de Netflix)

“Estas son las manos de Dios”, le habría dicho a la madre de un paciente antes de operarlo, exponiendo un complejo de Dios que evidencia la egolatría con la que ejercía su ‘experimento’. A través de entrevistas con los familiares de las víctimas, su exnovia, periodistas que investigaron el caso y colegas que expusieron el fraude, esta serie documental no solo expone la historia sino que aporta su granito de arena en la búsqueda de justicia.

Y es que además de las atrocidades médicas cometidas -y por las que cumple una condena de dos años y seis meses por haber operado “con intención criminal”- El gran cirujano del engaño incluye el testimonio de su exprometida, una periodista llamada Benita Alexander que cayó en la trampa de la manipulación del doctor con un entramado de mentiras insólitas.

Benita contó su historia varias veces en los últimos años siguiendo su afán por exponer las mentiras de Paolo Macchiarini. Lo hizo en varios podcasts (como Dr. Death, donde personalmente conocí la historia hace un par de años y recomiendo como complemento arrollador a la serie), diferentes entrevistas y, ahora, ante las cámaras de Netflix. Y su historia realmente parece salida de una película de terror.

La periodista conoció a Paolo cuando preparaba un reportaje sobre sus avances médicos para un programa de NBC. Pero enseguida se enamoraron, iniciando una relación en secreto que solo comunicarían a sus seres queridos hasta que el reportaje se emitiera. El romance creció entre vídeos amorosos y viajes de lujo, llegando a planificar una boda que iba a oficializar el mismísimo Papa Francisco. Y es que según el doctor, era tan prestigioso que formaba parte de un grupo selecto de médicos que atendían a famosos, mandatarios y personas poderosas, por lo tanto tenía “contactos” con el Vaticano.

Paolo Macchiarini y Benita Alexander (Cortesía de Netflix)
Paolo Macchiarini y Benita Alexander (Cortesía de Netflix)

Sin embargo, cuando Benita había renunciado a su trabajo y preparaba la mudanza a Barcelona junto a su hija para vivir con Paolo, descubrió que todo era mentira. Que ni era amigo de Bill Clinton, ni atendía a Barack Obama ni se iba a casar en un castillo de Roma bajo la bendición del Papa. Incluso descubrió que Paolo tenía otra relación, captándolo in fraganti con sus hijas. De esta manera, se dio cuenta de que la mentira y poder de manipulación debía ser mayor que su historia. Que si había sido capaz de mentir durante dos años y armar semejante entramado amoroso, entonces seguramente había hecho lo mismo con otras mujeres y su profesión. Y no se equivocaba.

Entre la investigación personal de Benita y la que realizaron otros médicos y un medio sueco, la historia terminó saliendo a la luz, exponiendo el aparente complejo de Dios de Macchiarini, los experimentos realizados y el sufrimiento de sus pacientes mientras se exponía la complacencia de la comunidad médica, donde una manipulación de estas características llegó a moverse en un hospital tan importante como el Karolinska. El mismo que otorga el premio Nobel en fisiología y medicina. El Instituto lo despidió en marzo de 2016 por violar la ética médica tras ser acusado de falsificar su currículo y tergiversar su trabajo, según Associated Press. Pero el daño ya estaba hecho.

El gran cirujano del engaño resume esta historia en menos de tres horas erigiéndose como un true crime arrollador que expone un nivel de fraude y manipulación que afectó la vida de pacientes que pusieron su confianza y sus vidas en manos de Macchiarini. Una historia de mentiras que eriza la piel al exponer la vulnerabilidad del paciente en su máxima expresión, con un doctor que jugó a ser Dios y con el respaldo que ofrecía formar parte de una institución prestigiosa.

La paciente rusa Yulia Tuulik que falleció meses después de su cirugía con una tráquea de plástico (Cortesía de Netflix)
La paciente rusa Yulia Tuulik que falleció meses después de su cirugía con una tráquea de plástico (Cortesía de Netflix)

Sin embargo, no es la única historia. En realidad, los servicios streaming llevan una temporada hilando una moda estremecedora donde el egocentrismo y el negocio de la medicina refleja la vulnerabilidad del paciente. Un denominador común que compartimos todos los seres humanos con más o menos gravedad, en diferentes momentos de la vida.

DR. MUERTE: EL CIRUJANO DE LAS PESADILLAS

Esta serie de 2021 protagonizada por Joshua Jackson (Dawson’s Creek) es uno de los true crime dramatizados más recomendables del streaming. Está disponible en Starz y Lionsgate+, y a lo largo de ocho episodios cuenta el horror provocado por Christopher Duntsch, un neurocirujano que atendía a pacientes que acudían a él con dolores crónicos pero terminaban sufriendo verdaderas carnicerías en su sala de operaciones. Una serie que, además, expone la oscuridad burocrática del sistema sanitario estadounidense retratando cómo los hospitales permitieron que siguiera operando mientras dejaba un historial de víctimas a su paso.

Nacido en Montana en 1971, Christopher Duntsch terminó la carrera de medicina en la Universidad de Tennessee además de un programa especializado en cirugía de columna vertebral. Su currículo era brillante en apariencia y con la alta demanda de neurocirujanos que existe en el mercado de la medicina, tenía su futuro asegurado. Consiguió su primer puesto como cirujano de columna en un hospital de Texas, el Baylor Regional Medical Center, con un salario anual de 600,000 dólares.

Sin embargo, varias de las operaciones que llevó a cabo resultaron en pacientes mutilados. En uno de los casos, cortó ligamentos que no debería haber tocado y colocó erróneamente la prótesis en la columna del paciente con un tornillo en la ubicación incorrecta. Otro paciente salió de la operación perdiendo parte de la función de su lado izquierdo y en silla de ruedas cuando Dunstch dejó fragmentos de hueso en el canal espinal al intentar retirar un disco dañado.

La negligencia incluso se cobró la salud de uno de sus mejores amigos, Jerry Summers. Dunstch lo operó en una cirugía aparentemente de rutina, debiendo fusionar dos vertebras del cuello, pero extrajo tal cantidad de tejido muscular que dejó a su amigo tetrapléjico. El paciente dijo más tarde que habían consumido cocaína el día antes de la cirugía aunque más tarde se retractó. El centro médico optó por delegar al cirujano a operaciones menores, pero sin destituirlo, y Summers pasó toda su vida necesitando ayuda hasta su muerte en 2021.

Los horrores continuaron cobrándose la vida de una paciente, Kelli Martin, que acudió al hospital a someterse a una cirugía menor, pero Duntsch le cortó una arteria provocándole la muerte. Al final, el médico renunció y el hospital se libró de gastos judiciales. De despedirlo, el centro debería haberlo reportado a la base de datos nacional de medicina que, en consecuencia, habría alertado a la comunidad médica y posiblemente derivado en alguna investigación.

Sin embargo, Dunstch pudo continuar sus prácticas carniceras en un centro médico de Dallas, aunque en tan solo una semana el centro le retiraba los privilegios tras la muerte de Floella Brown al cortarle una arteria y provocar un derrame, y dejar paralizada a Mary Efurd. En este caso, también cortó donde no debía y hasta dejó herramientas quirúrgicas en el tejido muscular. Aquí, el hospital tampoco lo reportó.

El médico de las pesadillas continuó tratando en otros centros, donde siguió dañando a más pacientes. A una mujer le cortó casi todas las cuerdas vocales e hizo agujeros a través de la tráquea dejándola casi sin habla. Un hospital, el Methodist Hospital en Dallas, sí comunicó a la base de datos nacional la mala praxis de Duntsch pero aun así fue contratado por el hospital general de la ciudad, donde mutiló a otro paciente, Jeff Glidewell, al confundir parte del músculo del cuello con un tumor durante una cirugía de rutina, cortando una cuerda vocal, agujerando el esófago, cortando una arteria y dejando una esponja en la garganta.

El cirujano que intentó arreglar el desastre, Randall Kirby, dijo más tarde que lo que vio era el trabajo de “un maníaco”, calificándolo de “sociópata” y logrando que por fin se tomaran cartas en el asunto. Fue la última vez que Dunstch realizó una cirugía.

Dunstch fue sentenciado a cadena perpetua tras haber lesionado a 33 pacientes en menos de dos años, dejando a dos de ellos en silla de ruedas y provocando la muerte en otros dos.

Dr. Muerte repasa todo el caso haciendo un retrato escalofriante de la frialdad y egocentrismo del cirujano pero, también, de la negligencia burocrática. Se trata de una serie que nos hace testigos de una historia atroz, sin escatimar en ruidos de huesos y secuencias en salas de operaciones para hacer más tangible y real la sensibilidad de sus negligencias. Y parte de su efectismo recae en Joshua Jackson, que brilla más que nunca retratando a Duntsch con una consistencia terrorífica, creando uno de los mejores true crime médicos disponibles en el streaming.

LA EPIDEMIA DE OPIOIDES EN LA MIRA

En este caso no solo hay una historia, sino varias que exponen el afán farmacéutico de exprimir la necesidad medicinal como negocio propio a través de la crisis de los opioides provocadas por las manipulaciones de Purdue Pharma. Dopesick (Disney+), Medicina letal (Netflix), The crime of the century (HBO), El farmacéutico (Netflix) y El negocio del dolor (Netflix) son las diferentes apuestas que repasan la historia desde diferentes ángulos en forma de documental o true crime dramatizado.

Entre todas ellas se pinta el terrible panorama detrás de la crisis del fentanilo en donde los pacientes se convirtieron en peones de un juego millonario, utilizando la urgencia de enmascarar el dolor como vía para hacer dinero con OxyContin, manipulando la adicción que provocaba mientras la compañía generaba fortunas.

Matthew Broderick en 'Medicina letal'. Cr. Keri Anderson/Netflix © 2023
Matthew Broderick en 'Medicina letal'. Cr. Keri Anderson/Netflix © 2023

Cada historia aporta un enfoque. Desde la construcción de la manipulación empresarial al negocio médico, pasando por la impotencia burocrática en la investigación a la terrible experiencia del paciente. Cada una aporta algo dentro de una historia enorme donde el complejo de superioridad de la industria farmacéutica y la vulnerabilidad del paciente queda en evidencia.

A todas ellas podemos sumar Cuiden a Maya, el estremecedor documental de Netflix sobre la niña estadounidense que separaron de su madre cuando estaba sufriendo dolor dado que el hospital acusó a su progenitora de negligencia y de inventarse la enfermedad, en lugar de atender a los diagnósticos y estudios previos. O El ángel de la muerte, la serie de Netflix sobre el enfermero que asesinó a decenas de pacientes inyectándoles sobredosis sin que los hospitales actuaran a tiempo. O La enfermera, también de Netflix, sobre un caso similar danés.

Sin embargo, si bien todas las apuestas exponen historias estremecedoras que componen un subgénero del true crime atrapante, en su conjunto componen una moda perturbadora que refleja los complejos de grandiosidad en la medicina donde nuestra vulnerabilidad como paciente queda expuesta.

Este artículo fue escrito en exclusiva para Yahoo en Español por Cine54.

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