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Mischa Barton: otra triste historia de la fama precoz en Hollywood

Mischa Barton (Foto de Chris Weeks/WireImage via Getty Images)
Mischa Barton (Foto de Chris Weeks/WireImage via Getty Images)

Mischa Barton fue uno de los iconos televisivos de principios de los 2000. Su trabajo en The O.C.: Vidas ajenas interpretando a Marissa Cooper la puso en el ojo público y la prensa no tardó en convertirla en una de las celebrities más admiradas de aquellos años, aunque no de la forma que ella hubiera querido.

Con el paso del tiempo, reconoció que el acoso mediático en sus años de mayor fama no la hizo sentir cómoda, especialmente por la sexualización a muy temprana edad y el continuo agobio de los paparazzi irrumpiendo en su vida. Sobre ello se abrió en un ensayo publicado en 2021 en Harper’s Bazzar, donde detalló algunas de las desgarradoras experiencias de su carrera, incluyendo algunas previas a su éxito en The O.C.

Barton contaba que ya en su primer papel cinematográfico, el que interpretó en Perros de pastos en 1997, tuvo una experiencia traumática. La cinta, donde interpretó a una niña de 10 años que entabla amistad con un paisajista veinteañero interpretado por Sam Rockwell, abordaba el abuso de menores, y aunque se las ingeniaron para ocultarle la temática durante la producción, admite que durante la campaña promocional terminó hablando sobre su sexualidad sin ni siquiera ser consciente de ello.

Algo similar le ocurrió en Pups, la película que protagonizó en 1999 junto a Burt Reynolds en la que dio su primer beso en pantalla y abordó el tema de la menstruación sin ni siquiera haberlo experimentado en la vida real. Aunque lo peor de este trabajo fue ver que a la edad de apenas 13 años muchos empezaron a considerarla un icono sexual. "La película explotó en Asia y allí me convertí en un extraño símbolo sexual. Yo tenía 13 años", comentaba para Harper’s Bazar.

La situación explotó más de la cuenta cuando fichó por The O.C. y el éxito de la serie la convirtió en una de las estrellas juveniles del momento. Con solo 17 años y con la mayor parte de las personas al mando casi doblándole la edad, Barton admitió sentirse silenciada, sin la fuerza para hablar por sí misma. Cuando lo hizo la calificaron como una “pesadilla” y a su madre de “molesta” por intentar protegerla, un mal ambiente laboral que se sumó a su dificultad para abordar la temática de la serie.

“Los niños de The O.C. eran adolescentes estadounidenses ricos y privilegiados que bebían, consumían drogas y, por supuesto, tenían relaciones sexuales. Sabía que era importante sacar del camino esa cosa, mi virginidad, que se cernía sobre mí, el elefante en la habitación, por así decirlo”, confesaba la actriz en 2021, añadiendo que esta incomodidad que fue en aumento cuando su vida privada pasó a ser el foco de la prensa y los paparazzi no la dejaron respiro alguno.

“No hubo alivio, así que luché durante mucho tiempo para no ser famosa. Pero cuanto más me alejaba, más frenéticos se volvían los paparazzi”, afirmaba matizando que vivió situaciones de acoso extremo con hombres con cámaras persiguiendo su auto, trepando las paredes de su casa, poniendo rastreadores en sus objetos personales e incluso aliándose con restaurantes y vagabundos para que les avisaran si asistía a cenar a algún local o paseaba por la calle.

Los tabloides no se perdían detalle de sus salidas, fiestas o quedadas con otras celebrities, algo que podría parecer normal en la vida de cualquier estrella de Hollywood, sin embargo, cuando hablamos de una joven de corta edad y de hacerlo a un nivel que supera el acoso la perspectiva cambia. Y es que no hay que olvidar que Mischa Barton no era siquiera mayor de edad y que hechos de este calibre al ojo público, sobre todo cuando la prensa se empeñó en elevarla como un icono sexual y en abordar todo detalle de su vida privada, dejan heridas que difícilmente sanan.

Así lo ha demostrado en una nueva entrevista con The Sunday Times, donde ha vuelto a matizar que durante su ascenso al éxito en los 2000 se sintió “como en Los juegos del hambre” ante el acoso de los paparazzi. Además, no hay dudado en abrirse sobre todos los demonios que todavía arrastra, como un estrés postraumático por el que llega a sufrir ataques de pánico cada vez que escucha el sonido de un cámara.

“Puedes ir a terapia todos los días por el resto de tu vida, pero hay una cierta cantidad del trauma de todo lo que pasé, particularmente de cuando tenía poco más de veinte años, que simplemente no desaparece de la noche a la mañana”, reflexionaba Mischa Barton, que ahora intenta vivir tranquila en un nuevo hogar en Los Ángeles a espaldas de los paparazzi y trabajando en pequeños dramas y cintas de terror sin mucha repercusión.

Desde luego, otra triste historia de la fama precoz en Hollywood. No solo por cómo pudo cortar las alas a la carrera Barton, más bien porque demuestra que hay traumas que, por mucha terapia que se lleve a cabo o por mucho que se intente guardar distancia, siguen siendo difíciles de sanar. Y vivir todas experiencias a pleno ojo mediático es claramente uno de ellos.

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