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Jennifer Lopez pierde una oportunidad de oro con su nueva comedia romántica

Jennifer Lopez como Darcy Rivera y Josh Duhamel como Tom Fowler en Shotgun Wedding. Photo Credit: Ana Carballosa / © 2021 Lionsgate, cortesía de Prime Video
Jennifer Lopez como Darcy Rivera y Josh Duhamel como Tom Fowler en Shotgun Wedding. Photo Credit: Ana Carballosa / © 2021 Lionsgate, cortesía de Prime Video

Sandra Bullock (58), Julia Roberts (55) y ahora Jennifer Lopez (53). Las reinas de las rom-coms por excelencia de los 90s y 2000s llevan una temporada recuperando sus tronos en un género que conocen de sobra. La ciudad perdida, Pasaje al paraíso y Cásate conmigo, respectivamente, sirvieron como ejemplo del reino que todavía regentan. Las dos primeras fueron exitazos de taquilla, la tercera -la de JLo- arrasó en la plataforma de Peacock y Amazon Prime tras un paso debilucho por la cartelera internacional. Pero ahora ‘Jenny from the block’ intenta tomar la delantera con su segunda comedia romántica en un año, Bodas de plomo (Shotgun wedding), ya disponible en Prime Video de Amazon. Sin embargo, lo que debería servir para sentenciar su posición en un género que tanto conoce, se convierte en un sinsentido que desconcierta.

¿Por qué? Porque después de lo que Jennifer Lopez había conseguido poco antes de la pandemia, resulta inevitable preguntarse en qué estaba pensando durante el visionado de Bodas de plomo. Creo que somos muchos los que todavía recordamos el desprecio que le hizo la Academia a inicios de 2020 cuando pasó por alto su magnífica interpretación en Estafadoras de Wall Street. Después de pasar varios años dedicándose al mundo de la música y con apariciones esporádicas en el cine, aquella película basada en una historia real hizo que sacara todo su arsenal dramático, siendo de los primeros nombres que sonaban fuerte en la conversación de premios anual. Pero no pudo ser. La Academia le robó su gran momento artístico sin otorgarle el reconocimiento más merecedor de su carrera hasta el momento. Por eso, si relacionamos los aplausos que todavía retumban en el recuerdo cinéfilo y el interesante análisis que propuso con Cásate conmigo a través de una historia que criticaba la superficialidad de la fama y el vacío de las apariencias en la vida de artistas de éxito, con esta nueva propuesta, terminamos quedándonos perplejos. No hay quien lo entienda.

Bodas de plomo está dirigida por Jason Moore (Pitch perfect) y coprotagonizada por Josh Duhamel -en reemplazo de Armie Hammer, quien abandonó la producción a raíz del escándalo que lo señaló por presuntos abusos y fetichismo caníbal- y la actriz ‘it’ del momento (y con todo el derecho del mundo), Jennifer Coolidge. Un trío que debería ser efectivo… siempre que la historia funcionara.

La película gira en torno a una boda en una isla paradisíaca. Darcy (Lopez) y Tom (Duhamel) están a punto de contraer matrimonio casi a regañadientes, debido a los celos de él por la llegada inesperada del exnovio de ella (Lenny Kravitz) y por culpa de la apatía de la novia a la hora de celebrar una gran fiesta en contra de su voluntad. Sin embargo, en medio de la superficialidad que reflejan sus personajes privilegiados, los momentos absurdos que protagonizan y la exageración argumental, aparecen unos piratas que toman a todos los invitados de rehén a cambio de un motín de varios millones de dólares. Si se están preguntando qué tiene esto de gracioso o de romántico para ser una comedia romántica, ya les digo que nada.

Lo que vemos a continuación es un sinfín de disparates forzados y comedia sin gracia. Armas, disparos, granadas, cuchillos, sangre y momentos de violencia que ni contagian risas ni romance ninguno. Y entre un tono humorístico irregular, personajes caprichosos en medio del caos y violencia innecesaria, terminamos descubriendo una película que no es una cosa ni la otra. Hay un poco de comedia, una pizca de romance, acción y mucha violencia de aires terroristas. Pero desde un tono absurdo y ridículo que convierte a sus personajes en bufones sin gracia. Y a pesar de intentar mezclarlo todo bajo el disfraz de rom-com, sus responsables terminan olvidando algo esencial: ser lo suficientemente consistente como para ser mínimamente memorable.

Sandra Bullock supo encontrar el punto idóneo entre comedia y absurdo para hacer de La ciudad perdida un espectáculo slapstick efectivo. Pero en este intento de parodia, ver a Jennifer Lopez vestida de novia en medio de la selva, exagerando reacciones, discutiendo banalidades mientras tiene una granada a punto de explotar en la mano y los piratas disparando a su alrededor como si fuera una película bélica, genera un desconcierto que deriva en la indiferencia absoluta. Porque no tiene gracia. Ni el tono, ni el intento de comedia física, ni la previsibilidad de las frases cómicas. Ni tampoco la extrema violencia de la trama.

Podríamos pensar que Jennifer Lopez no tiene responsabilidad ninguna. Que, como le ha pasado a otros artistas, una vez rodada la película no tienen voz ni voto en el desarrollo, edición o presentación final. Pero aquí no el caso porque al igual que hizo con Estafadoras de Wall Street y Cásate conmigo, ella es productora. Es decir, en dicho rol, conoce los entresijos del proyecto, desde la concepción de la idea a cómo contarla.

Y por eso Bodas de plomo se convierte en una oportunidad perdida para Jennifer Lopez. Porque desde Estafadoras de Wall Street, parecía encaminada a plantarse frente a Hollywood con más y mejor en el mundo del cine, con un documental para Netflix personal y revelador, y una comedia romántica de aires profundos dentro de los clichés del género como fue Cásate conmigo. Pero con Bodas de plomo alza un muro que se antoja innecesario. Porque no es una película destacable, memorable o recomendable. Ni todo su encanto compensa el desequilibrio de esta producción donde nada tiene sentido suficiente. Y cuando se encuentra en lo más alto de su carrera y tiene tanta experiencia en el género, es una pena que haya desperdiciado la oportunidad de hacer otra comedia romántica que marque la diferencia, optando en cambio por una idea irregular que ni siquiera intenta sacar lo mejor de su talento.

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