Omar Chaparro aún debe disculpas por el sufrimiento que ha causado, aunque hizo lo correcto con Anahí

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Después que Anahí hiciera una fuerte declaración acerca de las burlas crueles que sufrió hace casi dos décadas, cuando padecía de Anorexia Nervosa, siendo objeto de bromas por numerosas figuras entre ellas, por Omar Chaparro, el famoso locutor y comediante ofreció una disculpa pública a la actriz, por haber sido insensible al sufrimiento que sus comentarios generaron en su persona en un trance tan difícil.

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La disculpa del también actor de doblaje fue a través de un tuit. Y es que Chaparro desde hace años es sumamente popular gracias a sus creaciones, que aparecieron en TV en diversos programas y que en múltiples ocasiones encontraban humor rápido y efectivo con remedos de lo que se percibía como defectos cómicos o explotando estereotipos, para arrancar las risas del público masivo al cual Chaparro (quien se hizo a sí mismo de la nada, hay que reconocerle el mérito) le debe todo el privilegio que goza hoy día.

Ahora bien, un tuit en el que se disculpa con otra celebridad con su mismo estatus no le causa ningún tipo de embargo a Chaparro como figura pública. De hecho, recibió numerosas respuestas halagüeñas reconociendo (y cito) su "valentía", su "humanidad" y su "buen corazón". Esto está muy bien, y nadie pone en tela de juicio la ostensible sinceridad de sus palabras en la disculpa ofrecida, sin embargo, Omar Chaparro - y no solo él -, se ha quedado corto.

MIAMI, FL - FEBRUARY 16:  Omar Chaparro  at Mira Quien Baila All Stars 6th week at Univision Studios on February 16, 2020 in Miami, Florida. (Photo by Manny Hernandez/Getty Images)
Omar Chaparro (Manny Hernandez/Getty Images)

¿Por qué?

Porque si fuera sincero en su intención de enmendar las ofensas o heridas que propició de manera involuntaria (o no) con sus personajes o sketches, que le generaron fama y beneficios económicos, sacándolo del anonimato para convertirlo en una figura que miles de sus seguidores consideran ejemplar, Omar Chaparro debería no solo sacar de circulación a ciertos personajes que interpretaba, sino también hacer algo más que ofrecer un tuit de disculpas a otros colectivos (no solo a Anahí), como son las personas que también han sufrido anorexia, o en un caso más evidente dado el beneficio que obtuvo por la explotación del estereotipo, a la comunidad LGBTQI+.

El personaje de "Yahairo", que pertenece a la larga tradición mexicana de explotar al estereotipo del homosexual amanerado, exagerado, flamboyant (como se dice en inglés) que es objeto del ridículo kitsch y la carcajada fácil del público que encuentra en esa representación del gay el objeto de su sorna y del alivio de no ser como ellos. Chaparro hizo toda una creación de su personaje - que en cierta forma es similar a "Carmelo", interpretado por Adrián Uribe, que es también otro estereotipo del "joto" en la cultura mexicana.

¡Cuánta risa (y dinero) le generó a Chaparro el "maric$#%&" que representaba! Y no solo era la burla a la G del colectivo: también se burlaba alegremente (y con éxito) de las lesbianas. Su célebre caricatura "La licenciada Pamela Juanjo", aún pese al agudo ingenio del intérprete y creador (que se ha visto involucrado en controversias por el presunto plagio de su personaje), también recurre al abuso de los estereotipos que el público promedio percibe (erróneamente) acerca de la lesbiana: una figura semimasculina con insatisfacción crónica y una indefinición igualmente ridícula como la de la contraparte masculina que ridiculiza.

Chaparro abrió la puerta a este reclamo que ahora escribo al ofrecer su disculpa a Anahí. Insisto, es un gesto amable, que le redituará una mejor imagen y qué bueno. Pero si de verdad hay intención honesta de enmendar los errores, las ofensas, las heridas, bullying, malos ratos, e incluso agresiones -esto no es inaudito- que sus personajes crearon en personas (como uno) cuya existencia él desconoce, entonces debería tomar un curso de acción que vaya más allá de un simple tuit.

Chaparro podría - y esto es solo una sugerencia- retirar los personajes que ya no necesita, ofrecer una disculpa pública (pero no en redes, él tiene los medios) y hacer una donación a alguna fundación que apoye las causas LGBTQI+ o que combata la discriminación. Sería entonces, sí, que uno le creería a Omar Chaparro, figura pública y ejemplo de muchos jóvenes, que su propósito es real, y que se ha sensibilizado para hacer un mundo mejor sin prejuicios que afecten a terceros, muchos de los cuales lo admiran.

Sería genial que ocurriera, y que demuestre que el recelo de quien esto escribe, puede ser infundado. Al tiempo.

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