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Helena Bonham Carter rompe con la baja autoestima dando una lección que ojalá supiéramos comprender de jóvenes

LONDON, ENGLAND - JANUARY 26: Helena Bonham Carter during the BFI Preview of
LONDRES, INGLATERRA - 26 DE ENERO: Helena Bonham Carter durante la vista previa de BFI de "Nolly" en BFI Southbank el 26 de enero de 2023 en Londres, Inglaterra. (Foto de Eamonn M. McCormack/Getty Images)

Hace cuatro décadas que Helena Bonham Carter circula por el imaginario del séptimo arte, significando algo diferente para cada generación. Para quienes crecieron en este siglo es la aliada de Lord Voldemort, Bellatrix Lestrange, en las películas de Harry Potter. Para la generación previa es la musa de Tim Burton, y para los anteriores es uno de los rostros constantes del cine de época desde que saltara al reconocimiento cinematográfico con Un romance indiscreto (A room with a view, 1985). A sus 56 años conoce los entresijos de la industria de sobra pero también las vueltas de la vida que van cambiando nuestra perspectiva. Y en su caso aprendió algo que los seres humanos descubrimos con los años. Una lección que ojala supiéramos comprender cuando somos jóvenes porque cambiaría por completo nuestra experiencia de vida.

Helena Bonham Carter sigue tan activa como siempre. No solo tiene varios proyectos en desarrollo sino que está a punto de estrenar una miniserie en la televisión británica. Se trata de Nolly, la historia del auge y caída de una estrella de las telenovelas de su país llamada Noele Gordon. Sin embargo, a pesar de su estatus laboral, es consciente del edadismo imperante en su industria, sobre todo para las mujeres. “Creo que la gente siempre está siendo despedida por ser demasiado mayor” dijo recientemente a The Guardian. “No valoramos la edad lo suficiente […] Las mujeres siempre serán penalizadas por no lucir igual que cuando eran jóvenes, mientras los hombres tan solo se dejan crecer la barba”.

Y aunque exista un cambio en la industria a través del éxito de actrices como Sarah Lancashire (58, Happy Valley) o Jennifer Coolidge (61, The White Lotus), y ella sea precisamente un ejemplo de trabajo constante más allá de los prejuicios machistas contra la edad femenina, no puede evitar sentir cierta vulnerabilidad. “El otro día Anthony Hopkins dijo: ‘Me sorprende que alguien me de trabajo otra vez’. Y yo le respondí: ‘¿Tú también? ¿Eres estúpido?’ Todos somos tan estúpidamente vulnerables, tenemos cero autonomía sobre nuestras carreras a menos que comiences a producir, seas sensible o tengas un cerebro brillante. Algo que ninguno de nosotros tenemos. A excepción de Emerald Fennell, que es maravillosa” dijo sobre la directora de Hermosa venganza.

Sin embargo, a pesar de los prejuicios que siempre acecharon a las mujeres en la industria del cine y los complejos que asegura llevar en su piel, aprendió una lección con el paso del tiempo que mantiene su autoestima en un plano superior. “Tengo muchos complejos” admitió en la misma entrevista, “pero a medida que te haces mayor dices: ‘Me da igual’”.

La maldición de ser joven es que te tomas tu complejo demasiado en serio. O te tomas la opinión de ti mismo demasiado en serio. En cuanto te haces un poquito mayor, le dices a los demonios que se callen la boca porque son aburridossentenció.

Y qué razón tiene. ¿O acaso no pasamos todos por el peso de los complejos adolescentes que, en ocasiones, incluso arrastramos hasta la vida adulta? Que si tenemos la nariz muy grande, o sufrimos acné o nos avergüenza alguna parte de nuestro cuerpo por no seguir el canon de belleza de moda. Si alguien nos destroza el autoestima rompiéndonos el corazón, los comentarios hirientes, la inexperiencia en el amor, las amistades abusivas… Cada uno vive sus propias experiencias, pero como seres humanos compartimos las vivencias de pasar por situaciones que pueden moldear agujeros en nuestro autoestima que van mermando y creciendo, en ocasiones acompañándonos durante años.

Helena Bonham Carter creció en el norte de Londres y tuvo una niñez privilegiada. Hija de un banquero, asistió a algunas de las escuelas privadas más prestigiosas de la ciudad, pero no por eso tuvo una vida fácil. Cuando tenía 5 años, su madre sufrió una crisis nerviosa que la dejó muy enferma durante 3 años. Una vez recuperada estudió psicoanálisis y todavía ayuda a la actriz a comprender sus personajes. Cuando tenía 13 su padre se sometió a una cirugía para remover un tumor, pero salió tan mal que lo dejó semiparalizado. Tuvo sus relaciones, como fue el caso mediático de su noviazgo con Kenneth Branagh, que llegó a los tabloides dado que el director todavía estaba casado con Emma Thompson. O su matrimonio y divorcio de Tim Burton, el padre de sus dos hijos. “Cuando era una mujer joven no tenía confianza en mí misma. Pero ahora ya no puedo molestarme en preocuparme por lo que la gente piensa. La vida es demasiado corta. Por ningún dinero del mundo querría volver a ser joven” dijo en otra ocasión aplicando el mismo aprendizaje (Belfast Telegraph, vía Mugglenet).

“No puedes darte el lujo de poner tu autoestima en manos de extraños, que es lo que tantos adolescentes están haciendo con Instagram” dijo en una de sus frases inspiracionales más compartidas por sus fans en redes sociales (Times of India). Una frase que, en pocas palabras, resume uno de los mayores problemas individuales que acarrea la presión de las redes sociales.

Mientras que hace un par de años dijo algo similar, y dentro de la misma lección vital, en otra entrevista a Harper Bazaar: “Lo que aprendí del autoestima es que va y viene en diferentes edades, diferentes épocas, un poco como las mareas. Definitivamente tienes más a medida que te haces mayor, dependiendo de lo que hayas vivido. Así que puedes esperar a eso [...] Cuando te haces mayor pierdes muchas cosas como la función de órganos básicos, el colágeno ¡pero ganas confianza!"

El ghosting, esa ruptura que nos hizo sentir inferiores, un despido inesperado, un comentario dañino en redes… son muchas las vivencias que modelan nuestro autoestima y ponen a prueba nuestro escudo interior para no dejar que se conviertan en piedras en el camino. ¿Pero cuántas veces lo permitimos? Entre la adolescencia y los primeros años de la vida adulta todavía cargamos con el egoísmo de la infancia, ese que nos convierte en el centro de nuestro propio universo, en donde nuestros problemas son un mundo aparte. Y en donde los complejos y la baja autoestima pueden crecer hasta convertirnos en nuestro peor enemigo. Y, como dice Helena Bonham Carter, es con el paso de los años que te das cuenta del tiempo perdido en cosas insignificantes. En experiencias y pensamientos que no son para siempre, ni tampoco tienen el poder que creíamos sobre nosotros mismos. Porque, al final, todo pasa.

Llega un momento en la vida -en mi caso tras cumplir los 40- que todos esos demonios (como los define la actriz)- pasan a ser completamente secundarios. Incluso desaparecen por arte de magia. Porque has vivido lo suficiente para darte cuenta que hay cosas mucho más importantes. Ni estar a la moda, o tener un cuerpo de diez, o que las palabras del pasado te hieran con la profundidad de antes. Te das cuenta que la vida es más corta de lo que pensabas, que ni eres inmortal ni tampoco invencible, poniendo tu foco en ti mismo desde un egoísmo diferente marcado por la experiencia. “No hay ninguna duda de que soy más feliz ahora en mi sobre de 56 años que antes” concluye Helena en la entrevista con The Guardian, como ejemplo viviente de que esa lección funciona. Y es solo cuando llegamos a cierta edad que nos damos cuenta el tiempo que perdimos dándole importancia a presiones que no sirven de nada.

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